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El mystery de la abadía

A cache by Irigoyen Send Message to Owner Message this owner
Hidden : 03/11/2014
Difficulty:
3 out of 5
Terrain:
2 out of 5

Size: Size: micro (micro)

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Geocache Description:

El caché solo contiene el log y un pequeño lapiz para emergencias. Por favor dejadlo en la misma posición.


El mystery de la abadía

El hermano Guillermo divisó a lo lejos la humilde abadía, ubicada en un recóndito paraje del norte peninsular, al remontar una pequeña loma. Eran las calendas de un agradable casi final de verano. Pudo incluso, gracias al aire despejado de la mañana, vislumbrar parte de los arcos del claustro, tantos como el número bíblico de la Perfección.

Desmontó del asno, cerca de un arroyo, para que este bebiera y buscase algo de pasto, mientras qué él se sentaba en una roca, con una forma que parecía hecha adrede para sus posaderas, a meditar sobre el extraño llamado del abad, amigo desde que estudiaron juntos en el seminario. Faltaban pocas jornadas para La Natividad de la Virgen, y deseaba estar de regreso a su monasterio para  las celebraciones de tan señalada fecha.

Al llegar a la abadía le recibió el hermano portero, que asió al asno por las riendas para llevarlo a los establos, a la vez que le indicaba el camino del refectorio donde, según le dijo, le esperaba el abad. Al entrar en el habitáculo pudo suponer el número de hermanos, que ocupaban la abadía, por las copas de vino dispuestas para el desayuno sobre la larga mesa y que equivalían a un par de “cuartillos”. “Esta abadía”, pensó, “no está pasando por su mejor momento”.  Tras unos cordiales saludos, e intercambiar los pormenores acaecidos desde su último encuentro, se dirigieron a la capilla, pues ya era la hora tercia, para la misa.

Después de los oficios religiosos el abad le invitó a sentarse a su lado en un apartado banco junto al muro oeste, y pasó a explicarle el motivo de su requerimiento: “Hemos descubierto”, le dijo, “que se están realizando por la noche reuniones secretas de cátaros en una casa de la aldea, y queremos infiltrar a un legado del obispado, a punto de llegar para tal fin. El problema es que para entrar hay que responder con una contraseña al hombre que se haya en la puerta. Ocultándonos hemos podido escuchar estas contraseñas, pero no logramos entenderlas, ¿podréis ayudadnos?”. “¿Y cuáles son estas?”, preguntó Guillermo. “Veréis”, le respondió el abad, “llegó un hombre, el guardián le dijo: cinco, el hombre respondió: cinco. Aparece otro y el guardián dice: dos, el hombre responde: tres. Llega otro cátaro y el guardián dice: cuatro, a lo que el otro responde: seis. ¿Vos entendéis algo?”. “No lo sé”, contestó el hermano Guillermo, “dejadme pensar hasta mañana”.

Cuando acabó las labores matutinas, y tras rezar sus oraciones, Guillermo se dirigió al despacho del abad. Se detuvo a unos metros de la puerta al escuchar, en un tono algo alto, la voz de su amigo: “la humildad consiste en que el monje se abrace calladamente con la paciencia en su interior en el ejercicio de la obediencia, en las dificultades y en las mayores contrariedades, e incluso ante cualquier clase de injurias que se le infieran,  y lo soporte todo sin cansarse ni echarse para atrás, pues ya lo dice la Escritura: Quien resiste hasta el final se salvará”. El hermano Guillermo recordó que estas palabras eran de uno de los grados de humildad de la Regla de San Benito, por la que se regían los monasterios. Salió del despacho un novicio, que pasó junto a él, con el rostro encendido y la cabeza baja, “vaya reprimenda se ha llevado este joven”, pensó, “y tan solo es la hora prima, buen empiece del día”. Entró en el despacho y el abad, al darse cuenta de que tenía que haberlo oído todo, le dijo a modo de explicación: “que el monje en nada se salga de la regla común del monasterio, ni se aparte del ejemplo de los mayores”, a lo que Guillermo respondió con una afirmación de cabeza a esta otra cita de los grados de humildad de San Benito. “Creo que os traigo la solución a vuestro problema”, dijo, y pasó a relatarle sus conclusiones al abad, el cual las escuchó muy complacido, y que disiparon su enfado con el novicio.

 

En la reunión clandestina de esa noche, cuando el cátaro de la puerta le dijo al legado del obispo: ocho, este pudo contestarle con el número correcto.

 

Salía el sol, a la mañana siguiente, y Guillermo y su asno iban ya camino de su tranquilo monasterio mientras recitaba del Libro de los Salmos aquel que era uno de sus favoritos: “¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche!”.

 

N 40 ??.???  W 003 ??.???

 

Nota: Ninguno de los números que aparecen escritos en el texto forman parte de los dígitos  a averiguar para las coordenadas finales.

                      

GeoCheck.org

                         

 

Additional Hints (Decrypt)

¿Senl trbpnpure ra nchebf? Raiín ha JunfNcc ny 606859777.
Pbagrfgneé ra phnagb chrqn.

Decryption Key

A|B|C|D|E|F|G|H|I|J|K|L|M
-------------------------
N|O|P|Q|R|S|T|U|V|W|X|Y|Z

(letter above equals below, and vice versa)



 

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