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ORIGEN Y USOS:
La actividad de los neveros artificiales es
conocida desde tiempos de los romanos (2000 a. C.); su
gran desarrollo tuvo lugar entre los siglos XVI y XIX, y ha sido
utilizada hasta mediados del siglo XX, cuando, con
la aparición de los primeros frigoríficos,
caen en desuso. Hasta ese momento la conservación de
alimentos se realizaba gracias a la salmuera, los adobos, las
conservas o el aprovechamiento de la nieve. Este último
sistema fue la base para un trabajo y una profesión que
pervivió hasta aproximadamente 1931.
En la antigüedad clásica los
médicos ya prescribían la utilización del
frío con fines medicinales. Este uso se recuperó con
fuerza en el Renacimiento. La primera obra monográfica
europea sobre este tema, al parecer, es del médico
valenciano Francisco Franco, originario de Játiva y se
titula Tratado de la nieve y del uso della (Sevilla,
1569).
Además de las aplicaciones
médicas y de conservación, existe la vertiente
lúdica de consumo de alimentos fríos o helados, tanto
sólidos como bebidas. Dos años más tarde el
médico hispalense Nicolás Monardes publicó el
Libro que trata de la Nieve y sus propiedades; y del modo que se ha
de tener en el bever enfriado con ella; y de los otros modos que ay
de enfriar, en Sevilla 1571. Hasta mediados del siglo XVII aparecen
tratados como el de Juan de Carvajal, Utilidades de la nieve,
deducidas de la buena medicina (Sevilla, 1611), Methodo
curativo y uso de la nieve (Córdoba, 1640) del doctor Alonso
de Burgos.
El Reino de Valencia fue uno de los
principales consumidores de hielo de España. A finales del
siglo XVIII el libro Llibre de conte y rao del arrendament de la
neu y nayps permite evaluar la cantidad de nieve que llegaba a la
ciudad de Valencia en unos 2 millones de kg., aunque durante el
transporte se perdía una cantidad no declarada. Desde el
puerto de Alicante se exportaba nieve a Ibiza y el norte de
África. Entonces se daban una serie de factores que
favorecían este consumo: una red de ciudades litorales con
formas de vida refinadas, veranos calurosos, albuferas con
enfermedades en cuya terapia intervenía la
utilización del frío. Algunos autores han relacionado
el consumo de frío con cierto nivel de desarrollo
económico y cultural.
Los usos terapéuticos más
comunes del hielo han sido: rebajar la temperatura en los procesos
febriles, los producidos por la epidemia del cólera, como
calmante en casos de congestiones cerebrales y particularmente en
la meningitis, detener hemorragias y como anti-inflamatorio o en
los traumatismos, esguinces o fracturas.
La progresiva implantación de
fábricas de hielo a partir de 1890 en diversas ciudades fue
dejando de lado la red de neveros artificiales y la
producción de hielo aprovechando el clima. Hasta entonces se
aprovechaba un recurso natural (renovado anualmente) de manera
sostenible, aunque dependiente del clima, lo que daba épocas
de escasez de hielo frente a otras de grandes nevadas que llenaban
las montañas de nieve y jornaleros.
Un ejemplo de esto último fue
documentado por Ferré y Cebrián: "los días 5 y
6 de marzo de 1762, unas 1.000 personas y 700 caballos se
esforzaban en el Carrascar de la Font Roja y el Menejador".
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