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El embalse de Jánovas, una obra mastodóntica proyecta en los años de 1950, que supuso la expropiación y expulsión forzosa de 150 familias de los pueblos de Jánovas, Lavelilla y Lacort, a orillas del río Ara, en Huesca, aunque también se vieron afectados Albella, Ligüerre de Ara, Javierre de Ara, Santa Olaria y Burgasé
Iba a ser un enorme pantano para producir electricidad, pero el Estado obligó a la empresa concesionaria Iberduero (hoy Iberdrola) a destinar parte del agua a los regadíos de la comarca de Monegros. Esta decisión no gustó a la eléctrica porque reducía sus expectativas de beneficios. Sin embargo, finalmente fue aceptada como única manera de contar con los fondos públicos para la construcción de la presa.
A principios de la década de 1960 se iniciaron las expropiaciones y unos años después, ante la negativa de algunos de ellos a marcharse, la empresa empezó a dinamitar las casas vacías sin tomar ninguna medida de seguridad para proteger la integridad de las personas que aún residían en los pueblos, niños entre ellos.
Debido a la prohibición de la inspección provincial de Huesca de clausurar la escuela de Jánovas mientras hubiera niños, la empresa decidió cerrarla por su cuenta y el 4 de febrero de 1966 un operario de Iberduero derribó la puerta, sacó a la maestra de los pelos y a patadas a los niños, que corrieron a refugiarse en sus casas.
La voladura de las viviendas y el cierre de la escuela hicieron imposible seguir viviendo en estos pueblos, pero aún así Iberduero aró los campos, taló los frutales y olivos, destruyó las acequias y finalmente cortó el agua y la luz.
Todos los habitantes tuvieron que marcharse, aunque Emilio Garcés y Francisca Castillo,junto con parte de la familia Buisán decidieron quedarse y resistir en los años siguientes el duro acoso al que fueron sometidos. En 1984 fueron desahuciados y tuvieron que marcharse, aunque para entonces ni la empresa concesionaria ni el Estado mostraban el menor interés en iniciar las obras. Iberduero seguía sin tener claro si el proyecto le resultaría rentable y el Estado no estaba dispuesto a iniciar las obras por su cuenta
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