GCE:Batalla de Brunete
II
Se conoce como Batalla de Brunete al conjunto de
operaciones desarrolladas, desde el 6
hasta el 25 de julio de 1937, en esta
población y otras aledañas del oeste de Madrid durante la
Guerra Civil Española. Esta
ofensiva lanzada por el Ejército
Popular Republicano tenía como objetivo disminuir la presión
ejercida por las fuerzas del bando nacional sobre Madrid y
al mismo tiempo aliviar la situación en el frente Norte. El
enfrentamiento principal tuvo lugar en una localidad muy próxima
llamada Quijorna.
Situación inicial
El 17 de mayo de 1937 cae el gobierno de Largo Caballero tras los Sucesos de mayo de
1937 en Barcelona, y accede Negrín a la jefatura del gobierno
republicano.
En estas fechas los nacionales están dedicados plenamente a la
reducción del frente norte, habiendo inicado su avance desde abril.
Bilbao ha caído en poder de los sublevados el 19
de junio, sin poder ser detenidos por el Cinturón de Hierro,
por lo que los esfuerzos del bando nacional se dirigen ahora, con
gran intensidad, hacia la ocupación de Cantabria y Asturias.
Por eso, el Estado Mayor republicano toma la decisión de
desencadenar una ofensiva en la zona central de España,
específicamente en los alrededores de Madrid y en dirección de
Castilla la Vieja. Este ataque obligaría a
los franquistas a detraer fuerzas del frente Norte, cuya situación
se está tornando muy delicada para las tropas leales a la
República, y simultáneamente mejorar la situación de la cercada
Madrid, amenazada por los rebeldes desde el norte y el
oeste.

Término municipal de Brunete,
localidad en la que sucedió esta batalla
Esta decisión se motivaba, además de por los objetivos de índole
estratégica citados, por el objetivo político del gobierno de
Negrín de demostrar a los consejeros soviéticos que la República
también tenía iniciativa militar para recuperar el terreno perdido
y no se limitaba a detener los ataques rebeldes (como sucedía con
los éxitos ganados en la Batalla de Guadalajara y la defensa de
Madrid en noviembre de 1936).
El gobierno de Negrín y sus aliados (socialistas contrarios a
Largo Caballero y comunistas) habían calculado que esta
demostración de fuerza, si tenía éxito, fortalecería además la
imagen del gobierno republicano ante Francia,
mostrando que la República sí tenía fuerzas suficientes para causar
una derrota decisiva a los sublevados. Se esperaba además que
contribuiría a la reapertura de la frontera de los Pirineos, lo que permitiría el traslado del material
bélico almacenado y retenido en territorio francés a causa de la
No-intervención.
La operación ofensiva de Brunete, a pesar que el mariscal
soviético Malinovsky
sostuvo en sus memorias que había sido planeada y dirigida sólo por
los soviéticos, fue diseñada íntegramente por los coroneles de
Estado Mayor Rojo y Matallana, con la
anuencia de consejeros soviéticos.
Una operación de este tipo había sido considerada ya en tiempos
del gobierno Largo Caballero, pero no hubo unanimidad respecto al
lugar donde llevarla a cabo. En un principio los mandos del
Ejército
Popular Republicano pensaron en Extremadura, aprovechando la débil defensa de los
nacionales en dicha zona, y que este plan implicaría la gran
ventaja táctica de partir en dos el terreno ocupado por los
rebeldes (el llamado "Plan P" elaborado por el coronel
Vicente Rojo), aislando decisivamente la
Andalucía nacional del resto de la zona
sublevada. No obstante, los consejeros militares soviéticos
rechazaron el "Plan P" pues éste exigía desplazar un gran
contingente de tropas a un lugar lejano de las principales ciudades
en poder de la República, dificultando el abastecimiento de esas
tropas así como su mismo transporte. Sin embargo, los asesores
soviéticos aconsejaban un ataque en la zona de Brunete,
por su proximidad a Madrid, lo que permitía ese desplazamiento de
amplias fuerzas con menos riesgos para el objetivo vital de la
defensa de la capital. Los mandos militares del Partido Comunista de España
habían ganado mayor influencia en el gobierno republicano tras la
dimisión del socialista Francisco Largo Caballero, y se
adhirieron a la posición soviética, pidiendo que el gobierno de
Negrín aprovechara la ocasión para acreditar que la República podía
también pasar a la ofensiva.
Plan
de operaciones
El plan diseñado por el estado mayor del general José Miaja consistía en lanzar un ataque desde el
sector situado al norte de la carretera que cruzaba Majadahonda, Villanueva del Pardillo, Valdemorillo, y El
Escorial para seguidamente avanzar hacia el sur hasta alcanzar
Móstoles y Navalcarnero. Esta primera parte del plan
correría a cargo de los Cuerpos de Ejército V (dirigido por el
líder comunista Juan Modesto) y el XVIII (dirigido por
Segismundo Casado). Tras la toma de
Navalcarnero, un segundo ataque se efectuaría en dirección
contraria, partiendo desde Carabanchel y Usera a
cargo de fuerzas del II Cuerpo de Ejército las cuales, de acuerdo
con el plan trazado, convergerían con las del XVIII Cuerpo de
Ejército en Alcorcón. Con esta operación las fuerzas
franquistas que sitiaban Madrid debían quedar en situación de
aislamiento, reduciendo drásticamente la presión sobre la capital
española.
Previamente a estos ataques se llevaría a cabo una acción
secundaria de diversión en la zona de la Cuesta de la Reina,
próxima a Aranjuez y muy al sur de la zona de
operaciones prevista en el plan.
Fuerzas intervinientes
Republicanas
Por parte republicana intervienen dos cuerpos de ejército bajo
el mando supremo del general Miaja:
- El V Cuerpo de Ejército, mandado por Modesto. Este cuerpo de ejército estaba formado
por las siguientes unidades:
- El XVIII Cuerpo de Ejército, mandado primero por el coronel de
artillería Enrique Jurado y más tarde por el coronel Segismundo Casado. Este cuerpo de ejército
estaba formado por:
- 15ª división al mando del coronel Janos Galicz, austrohúngaro
nacionalizado ruso, que se hacía llamar "Gal". Esta división estaba
constituida por la XIII y XV Brigadas Internacionales.
- 34ª División, mandada por José María Galán.
- 10ª División, mandada por el coronel Enciso.
Como reserva figuraban la 45ª División mandada por el húngaro
Kleber, con las divisiones 12 y 150
(internacionales) y la 39ª División, mandada por Gustavo Durán, jefe del E.M. de Kleber. Además de los grupos de artillería y de
apoyo divisionarios: Dos grupos de escuadrones de caballería, 31
baterías de cañones (120 piezas), 60 carros de combate rusos y 30
autoametralladoras blindadas.
Nacionales
En aquellos días el frente de los sublevados no se componía de
trincheras contínuas, el cruce de vecinos entre las líneas era muy
sencillo y frecuente; básicamente el frente consistía en puntos
fuertes controlados por fuerzas de dimensión reducida. Respecto a
las defensas de Villanueva de la Cañada, Villanueva del Pardillo y
Quijorna, había en cada pueblo un batallón de infantería. Enfrente
de Quijorna en el Vértice Llanos, existía una
Mía (Compañía) de Tiradores de Ifni-Sahara, Regulares y una
falange (Compañía) de la Falange de Burgos, situada en último
momento, cuando se avecinaba el ataque. En Quijorna, se situaba
también parte de un Tabor (batallón) de regulares de
Ifni-Sahara Español, y dos
falanges con voluntarios falangistas de Burgos y
Salamanca. En el Castillo de Villafranca había una
compañía de infantería y en Villafranca del Castillo otra compañía
de infantería junto a una falange de voluntarios de Sevilla. La
Jefatura del sector residía en Brunete,
en donde se ubicaban los servicios diversos y un hospital, por lo
que la guarnición propiamente dicha no era numerosa, en torno al
centenar de hombres. Estas fuerzas dependían de la 71°
División.
Intervienen las siguientes fuerzas:
Inicialmente:
- 71ª División, al mando de Iruretagoyena, muy menguada de
efectivos, constituida por falangistas y marroquíes. Esta división
era la que guarnecía el sector cuando comienzan las
operaciones.
A posteriori, una vez iniciada la ofensiva, se envió desde el
frente Norte a las fuerzas siguientes:
- 13 División la "Mano Negra", mandada por el
general Fernando
Barrón.
- 12ª División, denominada "División provisional", creada
específicamente para esta acción y mandada por Asensio
Cabanillas.
- 150ª División, mandada por el general Sáenz de Buruaga.
También fueron enviadas dos Brigadas Navarras, que pese a su
nombre tenían entidad de División cada una.
Desarrollo de los combates

Mapa de la zona donde se desarrolló la Batalla de Brunete. Se
indica la línea de máxima penetración de las fuerzas republicanas y
la situación final, correspondiente al día 27 de julio, cuando
queda estabilizado el frente.
Partiendo, según el plan establecido, de posiciones cercanas a
Valdemorillo, durante la noche del 5 al 6 de julio se realiza una
infiltración en territorio franquista y al amanecer del día 6, tras
una preparación artillera y aérea, se inicia el ataque a las
posiciones enemigas, cuyas exiguas fuerzas, pertenecientes a la 71ª
División franquista son cogidas por sorpresa, lo que permite a las
tropas de Líster tomar Brunete
sin mayor demora, a pesar de la fuerte resistencia ofrecida por sus
defensores.
El día 7 los republicanos ocupan también Villanueva de la Cañada, aunque
Quijorna, Villanueva del Pardillo y Villafranca del Castillo continúan
resistiendo los ataques de la XV Brigada Internacional, formada por
británicos. El 8 se ocupa Quijorna y el día 10 Villafranca del Castillo es
rodeada, tomándose el punto estratégico conocido como vértice en
Mocha. Continúan las operaciones y el 11 son ocupadas finalmente
Villanueva del Pardillo y Villafranca del Castillo por tropas del
XVIII Cuerpo de Ejército.
No obstante, a pesar de este avance fulgurante la ofensiva
republicana comienza a perder fuerza, los nacionales han
reaccionado con bastante rapidez trasladando al sector las
Divisiones 12ª, 13ª y 150ª y unos días después las Brigadas IV y
V de Navarra, retiradas a toda prisa del frente Norte. También
reciben los rebeldes el importante refuerzo aéreo de la Legión Cóndor con sus cazas Messerschmitt Bf 109 y sus bombarderos
Heinkel He 111, lo que hace que la situación
comience a equilibrarse y vaya cambiando el signo de la
batalla.
La posición de los nacionales fue muy crítica en los primeros
días, cuando las avanzadillas republicanas estaban a punto de
alcanzar el propio puesto de mando del general José Enrique Varela (jefe de las fuerzas
sublevadas que cercaban Madrid), situado en la localidad de
Boadilla del Monte. A partir del día 10
los nacionales comienza a reforzar sus defensas y repelen el
ataque, de tal forma que, el día 12 las fuerzas republicanas tienen
que pasar a la defensiva (primer ataque de los nacionales en el
flanco Este, línea Villanueva del Pardillo-Romanillos-Boadilla),
produciéndose durante los días siguientes combates durísimos, en
los que se alternan ataques y contraataques bajo un sol abrasador
con más de 38 grados a la sombra en pleno verano castellano.

El 15 de junio, cuando la situación ya se ha estancado
definitivamente y se han dado órdenes de cavar trincheras, las
tropas republicanas habían conseguido avanzar unos 12 kilómetros
hacia el sur de Brunete en dirección a Navalcarnero.
La superioridad aérea de la Legión Cóndor frente a la aviación
republicana hace que la lucha se torne más dura, en tanto que la
descoordinación en las comunicaciones provoca que se produzcan
ataques de la artillería sobre las líneas avanzadas de uno y
otro ejército. Los mandos franquistas logran pese a ello mantener
una disciplina férrea en sus tropas animando a sus hombres con el
resultado de la contraofensiva; no obstante los jefes republicanos
deben luchar también contra casos de insubordinación en algunas
unidades, ante un contraataque de los sublevados que no se esperaba
con tanta rapidez. Tal situación llevaría incluso a ejecuciones
sumarias de amotinados y desertores en el propio campo de batalla,
y a la sublevación de la XIII Brigada Internacional, que
tiene que ser detenida en la Carretera de La
Coruña por la Guardia de Asalto, cuando regresaba a
Madrid con armamento tras abandonar el campo de batalla sin permiso
del Estado mayor.
No obstante, las fuerzas del Ejército Popular Republicano
consiguen mantener, a costa de terribles pérdidas, el terreno
conquistado. Aún así el material de que disponen es limitado y el
número de hombres también, y no se puede traer más tropas de Madrid
sobre todo por la oposición del general José Miaja a desguarnecer la defensa madrileña
sólo para recuperar terreno vacío; a esas alturas era evidente que
los nacionales habían acumulado gran cantidad de hombres y material
traídos del frente del norte, donde estaban destinados a la toma de
Santander (que se posterga para atender la urgencia
de defensores en Brunete).
Los nacionales comienzan su contraofensiva el día 16 y poco a
poco van recuperando terreno. Durante la semana del 19 al 26 de
julio se comienza a producir la retirada republicana, mayormente en
forma ordenada, todo ello bajo el ametrallamiento de los aviones
alemanes que en superioridad numérica difíclmente son detenidos por
la aviación republicana. En esta retirada perdió la vida, el día
26, Gerda Taro, compañera del famoso fotógrafo Robert Capa, cuando un tanque republicano la
arrolló accidentalmente mientras se retiraba hacia Madrid. Sin
embargo, la lucha prosigue pero el avance nacional es lento aunque
los republicanos tampoco logran detenerlo, así el 24
de julio los sublevados recuperan Brunete,
excepto el cementerio. El mismo día 24 es recuperada por los
nacionales la margen izquierda del río Guadarrama y la carretera Brunete-Boadilla del Monte, mientras el 25 termina
la lucha en Brunete con la toma del cementerio, donde resistían los
hombres de la División 25° mandada por Enrique Líster, que habían sido los primeros
en entrar a la localidad veinte días antes. El día 27
de julio ha terminado todo, quedando el frente de nuevo
estabilizado aunque los nacionales no recuperan las localidades
tomadas por los republicanos en los primeros días de la batalla
(Quijorna, Villanueva del Pardillo, Villanueva de la Cañada, y
Villafranca del Castillo).
Resultados de la batalla
En resumen, toda la operación se saldó con alrededor de 20.000
bajas de soldados republicanos y de 17.000 bajas franquistas, la
pérdida de unos 60-100 aviones republicanos y alrededor de 25
franquistas, así como la destrucción o pérdida de gran cantidad de
material bélico, aunque estas cifras varían bastante según la
adscripción política de los distintos autores.
Se produjo asimismo, un mínimo avance de la línea del frente
(unos 2 kilómetros) a favor de la República, avance, por otra
parte, totalmente inútil al ser un terreno de escaso valor
táctico.
En cuanto al cumplimiento de los objetivos estratégicos
señalados por los mandos del Ejército
Popular Republicano, ninguno fue conseguido, pues el cerco de
Madrid permaneció en la misma situación y la ofensiva sobre Cantabria por parte de
los nacionales tan sólo se retrasó un mes.
Sin embargo, los costes humanos, para uno y otro bando, fueron
enormes, estando considerada esta batalla como una de las más
sangrientas de la Guerra Civil. Resultan especialmente interesantes
los informes de los jefes militares republicanos como Casado,
Matallana y Lister, por lo ilustrativos que resultan en cuanto a la
precipitación e improvisación en la formación del recién creado
"Ejército de Maniobra", que pretendía superar la fase de las
milicias iniciadas en 1936 con la formación de una
masa de combatientes y material bélico bien organizada, destinada a
ejecutar operaciones de gran amplitud, al punto de ser denominado
como la "joya de la República". Sin embargo, los buenos deseos y la
predominante inspiración política no fueron suficientes.
Para ello se puede apreciar el Informe del Teniente Coronel
Manuel
Matallana, Jefe de Estado Mayor del Ejército de Maniobra de
la República. Para Matallana, uno de los principales muñidores de
la Batalla de Brunete, las conclusiones más importantes fueron que
el Ejército de Maniobra falló en la explotación del éxito de la
primera fase de la batalla, éxito alcanzado a su juicio por la
"gran masa empleada, su coordinación, el secreto de su
progresión y su audacia". El fracaso en la explotación fue
debido a la “escasa capacidad ofensiva de nuestra
infantería”, a la “falta de capacidad técnica de
muchos de nuestros mandos superiores”, al
“empleo de materiales de artillería poco aptos para las misiones
confiadas”, al “escaso rendimiento de la
aviación”, y al “deficiente
aprovechamiento de los carros”. En cuanto a la segunda
fase de la batalla -“desgaste”- Matallana cree
que se llegó a la misma, además de por la propia idiosincrasia del
Ejército Popular, más acostumbrado a la defensa y a la lucha de
barricada, también por “la acumulación de
hombres y material que hizo el enemigo”. Más adelante
abunda: “El volumen de fuego de nuestra infantería es bastante escaso…"
“Su instrucción para el combate ofensivo deja aún bastante
que desear… La capacidad de los mandos subalternos es
todavía inferior a la normal… Falta audacia, empuje y
decisión…”
El informe, mucho más extenso, puede ser consultado en el
Archivo de la Guerra Civil, además de los informes Fornell, Rojo y
Lister, todos ellos coincidiendo en lo fundamental de lo más arriba
expresado. (Fragmento del "informe Matallana" extractado en
“Brunete”, Rafael Casas, Uriarte, Madrid 1967.)


EL CACHE
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CRITERIO DEL DUEÑO DEL CACHE.(QUE SOY
YO)
Se trata de un small asi que tendreis que llevar un boli para
firmar.El cache se encuentra cerca de tres bunkers de la guerra
civil bantate bien conservados.No pongo fotos pues la gracias es
descubrirlos.
Y ya sabes si no te gusta no vengas a buscarlo.

