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Conífera fósil encontrada en el municipio de Igea. Este tronco fósil data del Secundario (Cretácico Inferior) con 120 millones de años. Fue encontrado en Abril de 1986 por un pastor Félix Sáez Arnedo y después de varios años de deterioro, fue el propio Ayuntamiento de Igea quien decidió acometer las obras para protegerlo de las inclemencias y de los expoliadores.
Se localiza saliendo de Igea en dirección a Cornago en el km. 6,5 a mano derecha se toma una pista. En lo alto se ve una pequeña estructura que protege al tronco.
Los continentes y los mares no han estado siempre en el lugar que ocupan hoy. Grandes fuerzas como la producida por la rotación de la Tierra, el hundimiento de los fondos marinos, etc., han modificado, a través de las Eras geológicas, nuestro planeta. Una parte de Europa estuvo cubierta durante el periodo Jurásico y Cretácico Inferior por el mar de Tethys. Este penetraba en lo que hoy es el Valle del Ebro y cubría casi toda La Rioja. Hablamos de hace 150 millones de años. La parte alta del valle de Cidacos y Linares así como las tierras de Enciso eran un extenso delta formado por un río que descendía de la meseta. En este delta, muy llano y sometido a grandes cambios de nivel por las mareas, vivían los dinosaurios. El Paisaje estaría formado por Pteridofitas, Gimnospermas y aunque más raras las Angiospermas. En este paisaje arbóreo y pantanoso algún tronco que fue abatido por cualquier razón, pudo ser cubierto por la tierra y de ese modo dar comienzo el lento proceso de fosilización. Este consiste en la sustitución de elementos químicos orgánicos que constituyen el vegetal por elementos minerales, generalmente sílice. El resultado es esto tronco de 11m de longitud, después de la erosión necesaria para dejarlo a la luz, fechado en el Cretácico Inferior y al que se le ha denominado “Dadoxylon riojense”.
En 1997, un vecino, Pachi Sáez-Benito, descubrió en un monte igeano una segunda pieza del mismo tipo. Al principio los expertos se plantearon dos posibilidades, una consistía en dejarlo en el lugar donde fue descubierto y protegerlo mediante la construcción de un recinto. Pero se optó por trasladarlo con el objetivo de que pueda formar parte de la exposición del Museo de Fósiles y Minerales de Igea tras la rehabilitación tanto de la pieza como del Museo.
Proceso de Extracción:
En el proceso de extracción del tronco intervino Javier Murelaga, de la Universidad de Bilbao, especialista en excavaciones de huesos de gran tamaño.
Primero se cavaron unas zanjas laterales para realizar una especie de cuña que se rellenó de poliuretano (actúa a modo de masa envolvente y protege al tronco). Después se picó por debajo para terminar de envolver el tronco (antes se colocó papel de aluminio para evitar que el poliuretano se pegase a la pieza).
El transporte supuso una de las mayores dificultades del proceso, ya que el tronco se encontraba en un lugar alejado de caminos y carreteras al que no se podía acceder en vehículos, por lo que tuvo que ser trasladado a mano por el monte unos cuatrocientos metros hasta una furgoneta (su peso ronda los 500 kilos).
Este segundo tronco de árbol fósil tiene una longitud de tres metros y una anchura de unos treinta centímetros. Se trata de una pieza silicificada (el silópalo es el material que la forma) y se encuentra rodeado de arcilla, según informó el Director de la Fundación Patrimonio Paleontológico, Félix Pérez Lorente.
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