IGLESIA DE
EL SALVADOR
La
persona de Jesucristo, como Salvador de la humanidad, tiene fuerza
en el calendario oriental. El culto a la persona de Jesús gira en
torno a dos polos. La Natividad y la Pascua de Resurrección. La
fiesta del Salvador, día de la Transfiguración (6 de agosto), es
una de las solemnidades del Señor más antiguas en el calendario
romano e hispano mozárabe. A veces aparece sustituida o
simultaneada por los santos Justo y Pastor.
Minuciosamente descrita por Pascual Madoz, la
iglesia de el Salvador construida en ladrillo y tapial, dispone de
tres naves separadas entre sí por pilares cilíndricos de orden
toscano. La nave central se cubre con bóveda de aristas y las
laterales mediante cañón con lunetos, disponiéndose sobre el tramo
central del crucero una cúpula vaída sobre pechinas. Dos portadas
se sitúan respectivamente en la nave del Evangelio y en la de la
Epístola.
La
torre que se levanta a los pies del templo y se remata por chapitel
fue trazada por Sebastián de Agüero en 1680 y las obras fueron
supervisadas por el arquitecto Felipe Berrojo como veedor del
Obispado de Palencia.
NAVE DEL EVANGELIO
Cancela barroca del siglo XVIII con herrajes de la
época. El primer retablo se encuentra fechado en 1684 decorándose
con pinturas de la época y de escasa calidad representando: la
Visitación y Anunciación,
en el banco, mientras que en el cuerpo principal figuran lienzos de
San Juan de Dios y la Estigmatización de San Francisco, colocándose
en el ático pintura de la Sagrada Familia. En la hornacina central
figura una escultura de la Virgen del Carmen del siglo XVIII. Junto
al retablo figura un Crucifijo del siglo XVI (0,94 m.). A
continuación hallamos otro retablo barroco, de hacia 1760, con
pinturas del mismo momento, representando la liberación de San
Pedro y la Conversión de San Pablo, y en el ático, San Pedro y San
Sebastián; en la hornacina central del mismo, destaca una
interesante escultura de San Miguel abatiendo al diablo, del siglo
XVIII.
El
púlpito tiene tornavoz del siglo XVIII.
El
retablo colateral es de estilo neoclásico y tiene en su banco un
relieve de la Magdalena penitente, conservándose en su hornacina
central un Crucifijo y una Piedad (0,84 m.), ambas del siglo XVI,
con policromía, esta última, del siglo XVIII. En el ático, una
pintura del Descendimiento del siglo XVIII.
PRESBITERIO
El
retablo mayor, de traza monumental, sería realizado hacia 1720
corriendo a cargo del escultor riosecano Tomás de Sierra la labor
escultórica.
En
1756 se debió de policromar el tabernáculo ya que esa fecha figura
en el mismo. El dorado del retablo se efectuó en 1768 encargándose
del mismo Tomás García Díez y las tallas de los Doce Apóstoles, la
Asunción y el Salvador (que, en actitud de Resucitado, se conserva
en el retablo) se policromaron por los maestros palentinos
Francisco y Benito Rodríguez.
En
el banco del mismo se disponen relieves de la Adoración de los
pastores, la de los Magos, la Circuncisión y el Descanso en la
Huida a Egipto; en el cuerpo del retablo, albergadas en hornacinas,
figuras de San Andrés, San Pedro, San Pablo y San Bartolomé, todas
con nerviosa gesticulación.
La
figura de la Asunción levita en el hueco central mientras que sobre
los entablamentos y en atrevida disposición descansan los cuatro
Doctores de la Iglesia y los Evangelistas. En el cascarón, que se
desborda sobre la embocadura de la capilla, los relieves de la
Transfiguración y el Padre Eterno. El tabernáculo alberga una buena
escultura del Padre Eterno, entronizado, que puede fecharse en las
primeras décadas del siglo XVI.
NAVE DE LA EPÍSTOLA
Retablo colateral, barroco, del siglo XVIII con
pintura de San Francisco Javier envuelto en guirnalda floral del
mismo momento. En otro retablo igualmente barroco se colocan dos
esculturas; la de San Roque (1,10 m) es obra del siglo XVI y buena
calidad y la de San Francisco en actitud de recibir los estigmas
corresponde al siglo XVIII. En su parte superior una mala pintura
del Juicio Final del siglo XVIII.
Retablo de comienzos del siglo XVIII con
interesantes pinturas de San Antonio de Padua, Santa Teresa y San
Hermenegildo, este último en el ático. Las tres tal vez sean de
escuela Sevillana, de seguidor de Murillo y realizadas en la
segunda mitad del siglo XVII.
En la misma nave se conservan una pintura de Santa
Lucía, del siglo XVII y un Crucifijo del siglo XVI de escaso
interés.
Este crucifijo realizado en madera policromada,
pertenece a un grupo de crucifijos de poca calidad, que mantienen
un tipo de anatomía suave, disposición del pelo en largos
tirabuzones y llevan habitualmente corona en forma de cordón con
espinas entrelazadas. Con corona tallada en forma de cuerda con
agudas espinas, sobre el cabello que cae sobre el pecho en forma de
dos mechones retorcidos. Tiene los ojos entreabiertos y la boca
cerrada y una barba corta y de forma redondeada. La anatomía es
esquemática, de formas muy suaves, pero todavía se señalan las
costillas en número de seis. Los brazos están oblicuos con respecto
al cuerpo y se doblan ligeramente por el codo, tiene las manos
abiertas. El paño llega hasta las rodillas y se anuda sobre la
cadera izquierda formando pliegues en "V" en el lado opuesto. La
pierna inferior se mantiene en la vertical mientras que la de
encima gira en rotación externa. Los dos pies se fijan al madero
con un solo clavo.
SOTOCORRO
En su interior se han instalado una serie de
esculturas y Pinturas que pueden destacarse por su especial
importancia: un grupo escultórico de la Piedad (0,79 m.) de
mediados del siglo XVI, Crucifijo gótico (1,57 m.) de finales del
siglo XIV, Virgen con el Niño (0,95 m.) del siglo XVI con
policromía barroca y de estilo juniano. Dos pinturas sobre lienzo
representando a Lázaro y el rico Epulón y Muerte de Lázaro (1,59 X
1,98 m.), ambas de escuela madrileña del primer tercio del siglo
XVII, firmada la primera en su ángulo inferior derecho, por Pedro
Perete (P. Peret) hasta el momento las únicas pinturas conocidas de
este importante grabador, hijo del famoso grabador flamenco Pedro
Perret.
Dos pinturas de las Vírgenes de la Paloma y del
Sagrario, obras madrileñas del siglo XVII.
Dos esculturas góticas, de comienzos del siglo XVI
de San Juan Evangelista (0,88 m.) y de San Blas (1 m.). Esta última
elaborada en madera policromada, la figura está de pie, en actitud
de bendecir, y sostiene con la mano izquierda un libro en el que
pone "Blasus Episcopus et martir".
CORO
La sillería, del siglo XVII, se compone de catorce
sitiales. Su órgano data del siglo XVIII y es de estilo barroco.
Retrato sobre lienzo con la siguiente inscripción: "Ilmo. Sr. Don
Fray Domingo Collantes, natural de esta villa de Herrín, rector y
cancelario del Colegio de Sto. Tomás y Universidad de Manila y
obispo de la Nueva Cáceres. Año 1788" (2,16 X 1,27 m.).
Tres esculturas: un Niño Jesús (0,38 metros), del
siglo XVII, San Bernardino (0,71 m.) del siglo XVIII y el Salvador
(0,82 m.) titular del retablo. En precario estado de conservación
existen otros dos lienzos de la historia de Lázaro, originales
también de Pedro Perete, representando La muerte de Epulón y el
demonio llevando su alma al infierno y Epulón en el infierno
pidiendo a Lázaro una gota de agua.
SACRISTÍA
Restos de un retablo con pinturas de San Marcos y
San Mateo del siglo XVI. Entre los objetos de plata que la iglesia
atesora puede destacarse la cruz parroquial procedente de la
desaparecida parroquia de Santa María, obra barroca de la primera
mitad del siglo XVII (0,50 X 0,46 m.) y dos interesantes custodias,
una de ellas de la modalidad cáliz-ostensorio, obra del último
tercio del siglo XVI (0,64 m.) y la otra (0,60 m.), es de estilo
rococó, de mediados del siglo XVIII, salmantina, obra del platero
Manuel García Crespo.
EL ÓRGANO
Desde la
terminación del órgano de San Pedro, de Fuentes de Nava el 5 de
mayo de 1787, y hasta el comienzo del de Santa María de Pozo Bueno,
también en Fuentes, Tadeo Ortega se encontraría construyendo el
órgano de Herrín de Campos, para el que había realizado condiciones
que no sabemos con exactitud, pero sí la de la escritura de
contrato de la obra, el 18 de marzo de 1788.
DERRIBO DE LA TORRE
A raíz de la denuncia de algunos vecinos del
pueblo, se alertó que el remate superior de la torre de la iglesia
corría grave peligro de derrumbarse.
Aunque la gran mayoría de los ellos estaban en
contra del derribo, la postura a favor del párroco y de las
personas denunciantes lograron echar abajo el remate o chapitel
sobre el cual estaba fijada una veleta, y que contenía la torre en
su parte superior.
Cuentan los vecinos del pueblo, que cuando los
técnicos se presentaron para realizar la tarea del derribo,
pensaban que iba a ser una empresa fácil. Se llevaron una gran
sorpresa, ya que tuvieron que poner mucho empeño para poder
realizar su trabajo y derribar este elemento, parece ser que
tuvieron que cortar fuertes vigas de madera para poder efectuar el
derribo.
El arduo trabajo que tuvieron que realizar los
técnicos, demostró que la mayoría del pueblo tenía razón, y que no
había ningún peligro de derrumbe. En la fotografía se puede
apreciar el estado actual de la torre y el anterior al
derribo.
Por favor tener cuidado
con los geomules pues aunque no los vemos, siempre
aparecen.
Es un micro, solamente tiene el LogBook, llevar maquina
de escribir y dejar como esta. Gracias por la
visita
