Próximo a la ermita de San Antonio se encuentran
los restos de lo que fue una calera.
Obtención de la cal: La
cal viva se obtiene al someter la piedra caliza a temperaturas
cercanas a los 1000 ºC, utilizando como combustible madera y
matorral del entorno. Se trata de un producto muy cáustico, que
tiene gran afinidad con el agua, transformándose en hidróxido
cuando entra en contacto con ella. De esta cal viva, mezclada con
agua, se obtiene la cal apagada.
El horno de cal. El
horno tradicional utilizado en Cardenete se construye excavando un
pozo circular que, en parte, aprovecha el desnivel del terreno.
Tiene tres o cuatro metros de profundidad y una capacidad de tres o
cuatro metros cúbicos. En el interior del pozo se forma un poyete
que se utilizará como base para apoyar la piedra que se va a cocer.
Una vez extraída la piedra, se procede a su clasificación y
colocación en hileras. A continuación el calero y su ayudante
“arman” el horno, que consiste en llenarlo de piedra,
una tarea que requiere sabiduría y destreza. Una vez lleno, la
parte externa de la piedra se recubre con una capa de barro. Hay
que mantener el fuego encendido durante tres días y tres noches,
procurando que siempre mantenga la misma fuerza que la piedra
requiere. Pasado este tiempo, la piedra ya está quemada y hay que
dejar que se enfríe durante un par de días más.
Usos de la cal:
Elaboración de mortero o argamasa para la construcción; pinturas
murales con la técnica del fresco; lechada de cal para blanquear
edificios; para desinfectar árboles; como desinfectante en
enfermedades contagiosas; para secar el aire en espacios cerrados;
para prevenir la putrefacción en aguas estancadas; para curar
diarreas y vómitos; en numerosos procesos industriales.