RUTA DE LOS SITIOS DE ZARAGOZA
CONVENTO DE SAN AGUSTÍN
En la Plaza de San Agustín se yergue la fachada de la Iglesia del mismo nombre. El convento de San Agustín se ha convertido en el Centro de Historia de Zaragoza. Restaurado tras Los Sitios, mientras sirvió como Cuartel de Intendencia todo el conjunto estuvo atendido. Tras unos pocos años de desamparo y abandono el deterioro pudo con tan nobles muros, de los que poco ha quedado en el nuevo edificio.

Según Faustino Casamayor, el convento fue escenario de algunos de los sucesos más dramáticos de los Sitios. Ya en el primero, el 4 de agosto de 1808, los franceses atacaron por todas partes y entraron en la ciudad llagando a la plaza de la Magdalena, enfrentándose los paisanos por la calle de Palomar, haciéndoles retroceder hasta San Agustín. En ese momento, un agustino arengó a los combatientes en la defensa de las calles cercanas al convento, muriendo en esa lucha. Es el religioso lego Fr. Ignacio Santorromana, hijo de la parroquia de San Pablo.
En el segundo Sitio, los franceses rodearon la ciudad y centraron el asalto por el Barrio de San Agustín, y el convento y el barrio se convirtieron en un lugar de fuerte enfrentamiento. El 16 de enero de 1809 se procedió a preparar la defensa de la zona y para ello se colocaron algunos cañones en la Iglesia de San Agustín, detrás del altar mayor, y en las Mónicas, y desde allí se hizo un fuego muy vivo al enemigo. El acoso francés a los conventos agustinos se produjo el 30 de enero, en el que no cesó el toque de generala desde muy de mañana, por el ataque francés especialmente por las Mónicas y San Agustín, hasta que habiendo abierto brecha en la pared de atrás del altar mayor se introdujeron en la iglesia, donde se luchó cuerpo a cuerpo.

Las acciones contra la iglesia de San Agustín, culminaron el día 1 de febrero con la toma de ésta por los franceses, tras abrir en uno de sus muros laterales (merced a una carga de 90 kilos de pólvora) un enorme boquete por el que penetró en tromba, una riada de bayonetas. Dos días antes y por idéntico procedimiento, había caído Santa Mónica.

Es muy conocida la defensa del púlpito, por el famoso cuadro de Alvarez Dumont que puede admirarse en el Museo Provincial. Recordemos que otro lienzo del mismo autor, y con un motivo relacionado también con esta iglesia (la defensa de la torre campanario) se halla colgado en una de las escaleras de la Facultad de Filosofía y Letras. De gran fuerza expresiva, representa la resistencia que desde las partes altas ofrecían expertos francotiradores zaragozanos.

El propio Lejeune pondera la extraordinaria puntería de la que hacían gala los defensores. Tan ventajosa posición, sin embargo, en cuanto los invasores ocupaban las partes bajas, no tenía más salida que la muerte.
Observad bien la torre y veréis los impactos de los disparos franceses y tened cuidado cuando cojáis el caché pues cuando faltaban las municiones se lanzaban ladrillos desde arriba.
Para saber más: www.asociacionlossitios.com