
El Monasterio de Santa María y San Andrés, más conocido como Monasterio de San Andrés de Arroyo, es una abadía de monjas Cistercienses, de la Congregación de San Bernardo o de Castilla, la comunidad de monjas de clausura que siguen habitando el lugar en la actualidad (salvo un paréntesis de tiempo tras la exclaustración de Mendizábal del año 1836) y que viven de una artesanía culinaria de pastas de te, hojaldres y otros productos de repostería, además de un servicio de hospedería mixta y con plazas muy limitadas.

El monasterio está ubicado en la localidad de San Andrés de Arroyo, municipio de Santibáñez de Ecla, en la comarca de la Ojeda. Como monumento artístico es un exquisito ejemplo del arte cisterciense rural, a caballo entre los siglos XII y XIII, y por lo tanto en la transición del románico al gótico.
Históricamente, y mencionando una cita histórica de Cayetano Enríquez de Salamanca sobre la primera abadesa: “Era titular de privilegio de horca y cuchillo y tenía jurisdicción civil y criminal sobre un total de once villas: San Andrés de Arroyo, Nestar, Perazancas, Alar, La Vid, Villavega, San Pedro de Moarves, Amayuelas de Ojeda y Santibañez”. Como recuerdo de estas atribuciones se conserva a la entrada del recinto un rollo de justicia de una traza muy sencilla pero que es todo un símbolo.
El conjunto monacal de San Andrés de Arroyo ha gozado de dos restauraciones modernas, que junto al pronto realojo de la Comunidad tras la Desamortización, hace que goce de una pulcritud verdaderamente admirable. De este conjunto, queremos reseñar 3 lugares:

La iglesia, consagrada en 1222, se accede por su lado norte a través de un pórtico con cuatro arcos apuntados que conservan muy bien su traza exterior, aunque no así el interior, que está bastante “modificado”. En la actualidad, casi toda la nave está ocupada por un coro cerrado con tres arcos, el central bien conservado y los laterales realizados en restauraciones modernas.
El claustro románico del siglo XII, que es la joya del monasterio. Está formado por arcos tímidamente apuntados sobre esbeltas columnas pareadas y capiteles finamente trabajados con motivos vegetales en tres de las cuatro crujías, albergando a veces cogollos o bolas. La crujía oriental fue reconstruida en el siglo XVI, en estilo gótico tardío. Destacan las columnas esquineras, más gruesas y únicas (sobre todo una), con fustes profusamente decorados y capiteles en filigrana que se salen ya de los cánones más rigurosos del estilo cisterciense.
Y la sala capitular, estancia cuadrada abierta a la crujía oriental del claustro, con una espléndida bóveda de crucería. Su acceso desde el claustro posee, además de la puerta, cuatro ventanales apoyados en gráciles columnas con buenos capiteles de hojas rizadas.
El Caché.
El contenedor físico es el clásico tubo de guardar de carrete de fotos, con su logbook y un pequeño lapicero.

