En el siglo IX se creó el llamado Camino Francés. Los peregrinos salían de Roncesvalles, movidos por su fé, hacia Santiago de Compostela, con el fin de adorar al Santo. Eran tiempos muy duros y el camino resultaba extremadamente peligroso.
Aunque de vez en cuando se encontraban con albergues, refugios, hospitales, sitios donde descansar, los peregrinos llegaban a Santiago extenuados, pero alegres de haber podido cumplir su ofrenda. Su único afán, cuando empezaron el Camino, era, como dijimos, llegar a Santiago y poder adorar al Santo.
Incluye, desde que se creó, en su recorrido, una parada, digamos que obligada, en Nájera, lugar siempre ponderado por el buen acogimiento a cuantas personas nos visitan y que queda patente en las notas que los peregrinos dejan en el libro del visitante del Albergue.