Capítulo tercero: En días de verano
Los profundos ojos azules del anciano no dejaban entrever ninguna emoción, observaban despacio mientras su mirada paseaba entre las piedras, bajo la tierra. No pareció extrañarle demasiado la visión de los blancos huesos esparcidos, se limitó a rascarse la cara, produciendo un suave sonido al levantar con las uñas la descuidada barba blanca que le cubría desde los pómulos. Simplemente parecía meditar.- ¿y dices que se te apareció una chica en sueños para traerte hasta aquí, muchacho?- dijo despacio, como queriendo creer lo que Diego le había contado,- ¿no será que ya los habías visto antes sin detenerte a pensar en lo que eran y que su recuerdo te vino en sueños?, no podrás negar que es una historia extraña…- esta última frase la dijo con una media sonrisa, dejando ver los pocos dientes que aún conservaba. Dio un largo trago al pellejo de vino. -En estos tiempo no resulta demasiado inusual que la gente desaparezca, de hecho, por la pinta que tienen, yo diría que llevan aquí muchos años. Puede tratarse de algún viajero extraviado que muriera de frío o de alguna enfermedad en su trayecto, o la pobre víctima de algún bandolero, sería imposible adivinarlo. Hasta donde me alcanza la memoria, no recuerdo que se echara de menos en el pueblo a nadie así, de la noche a la mañana. No te preocupes, si quieres yo hablaré con las autoridades para que den cuenta de tu hallazgo. Te aconsejo que no cuentes esto a la gente, no querrás que, siendo un recién llegado, se te empiece a conocer en el pueblo como el chico al que llaman los muertos. Aquí la gente es muy supersticiosa-.
Diego no podía separar la mirada del trozo de cráneo, aún podía escuchar los sollozos de la muchacha. No, no recordaba haber pasado por aquí nunca, no podría haber visto los huesos antes ni por casualidad ¿Qué estaba pasándole? Había oído historias de gente que oye voces, que ven cosas frente a sus ojos que ni siquiera existen, de ellos dicen que están dominados por el demonio, son sometidos a exorcismos y encerrados para que no puedan dañar a nadie en su locura, él no quería eso para sí. Después de un largo rato de silencio abrió la boca – De acuerdo José, encárgate tú, no quiero tener nada que ver con todo esto- aunque en su fuero interno se sentía totalmente responsable de ese montón de restos, humillados, rotos y blanqueados por el tiempo, no podía olvidar que pertenecían a una muchacha que le imploraba ayuda.
Desechó la idea de ir a hablar con el cura o la guardia, pero se sentía terriblemente vacío, día y noche pensaba en la chica, imaginaba el terrible destino que podría haberla llevado bajo esas piedras, dentro de un saco.
Pasaron las semanas, el verano se abrió camino a pasos agigantados entre los campos, ya las bandadas de vencejos sobrevolaban los tejados del pueblo chillando y persiguiéndose entre ellos, la gente se escondía en sus casas durante las horas de más calor para salir cuando ya caía el sol. Los pequeños grupos de ancianos se apostaban en las puertas de las casas, bajo los porches o a la sombra de los árboles para compartir la caída del día. El olor de la madera quemada en los hogares había dejado paso a nubes de polvo que en ocasiones arrancaba el viento, y Diego poco a poco fue recuperando cierta tranquilidad en su estado de ánimo, hasta una tarde se descubrió a si mismo sonriendo mientras miraba a un grupo de niños que chillaba en la plaza mientras se arrojaban agua sucia. Le empezaban a agradar los paseos por el pueblo al caer un poco el sol, las callejas tomaban cierto ambiente festivo, ya la cosecha del cereal había terminado, mientras pastoreaba a su ganado, Diego había visto todo el proceso desde la siega.
Le sorprendió la legión de segadores que venían desde la sierra, viajaban en grandes grupos a pié o en burro cosechando grandes campos hacia el norte. De vez en cuando hablaba con ellos y podía verles trabajar desde el amanecer, segar con sus hoces gavillas de trigo, cebada, centeno… cuando la oscuridad impedía ya el trabajo se echaban a descansar, dormían en el corte para continuar en cuanto asomara el sol. La cosecha era transportada con mulos y carros, y se esparcía en las grandes eras que podía permitirse el pueblo al estar situado en terreno tan llano. Le gustaba mucho observar la trilla, enganchado a una bestia, el trillo, que era una tabla de madera con muchas piedras cortantes en su parte inferior, pasaba sobre la mies para romper las espigas, separando el grano. Los niños disfrutaban mucho dejándose arrastrar sobre el trillo cuando sus padres se lo permitían. Una vez trillada, se separaba la paja del grano aventándola con grandes horcas en días de viento, ¡como picaba el polvo y el tamo en los ojos si, por despiste, entrabas en el arrastre del viento!. Todo este trabajo por fin daba como fruto grandes sacos de cereal que se llevaban a la molienda, o se almacenaban para los meses más fríos.
Poco a poco, Diego iba sintiéndose uno más del pueblo, la gente ya lo iba nombrando como el “muchacho de la sierra”, no en mucho acabarían conociéndole como Diego “el Serranillo”. Compraba su pan en el horno que había junto a la plaza, los días de mercado paseaba por los puestos en busca de alguna fruta, o quizás algo de pescado en salazón. A última hora, disfrutaba sentándose en una pequeña arboleda que había junto al puente del arroyo Alarconcillo, allí había una fuente que daba agua fresca para quitarse el sabor a polvo de la boca. Volvía a disfrutar observando los intrincados dibujos de la corteza de los arboles, del musgo y la resina. Paseaba su mirada sobre las piedras húmedas y por las espirales blancas de los caracoles, volvía a respirar.
Los tristísimos ojos de la anciana observaban al muchacho ocultos tras las cortinas raídas, una lágrima surcó la arrugada mejilla.
El Caché:
Este es el tercero de una serie de seis caches normales y un mistery final. Para acceder a las coordenadas finales del séptimo trendreis que apuntar el número y la letra que hay escritos en cada uno de los log books que completan la serie.
Os aconsejo que hagais la serie en orden, y leyendo cada capitulo antes de su busqueda, ya que hay pistas en el texto que os ayudarán.
Ha costado bastante trabajo la fabricación de los contenedores, ya que son todos miméticos con camiuflajes hechos a mano. Espero que los disfruteis y los mantengais todo lo posible, tratarlos con cuidado y dejadlos exactamente como los encontrasteis, por favor.
En esta serie agradecería que se logearan pronto los DNF o No Encontrados, para poder reponerlos en cuanto me sea posible y que no quede interrumpido el mistery.
Buena caza.