Capítulo cuarto: Enloquecida
Las viejas patas de la mecedora crujían con cada balanceo, la imagen de la cara de aquel chico no la dejaba descansar desde que lo vio. Intentaba convencerse a sí misma de que no era posible, de que el tiempo y su cabeza empezaban a jugarle malas pasadas, pero allí estaba aquel muchacho… Durante incontables años había intentado sin éxito enterrar todo lo referente a su dolor más profundo, tantos como los que llevaba sola frente a la ventana viendo envejecer a la gente que la había rodeado en su juventud. Ella tejía durante todo el día mantas, calzas, capas que se amontonaban en grandes baúles sin haber sido usados jamás por nadie, tan solo salía de casa para comprar los alimentos que necesitaba, o para pedirlos por caridad a alguno de sus vecinos. La tachaban de loca, la miraban con pena y desdén cuando pasaba por las callejas, pero no estaba loca, todo lo que habitaba en su cabeza era pena y nostalgia.
Aquel día Diego salió a pasear después de trabajar, tenía pensado pasar por el mercado para comprar una olla nueva, porque la suya estaba muy estropeada y los caldos se filtraban por un agujerito del fondo, así que se encaminó por la calle Canalejas hacia la plaza. Las golondrinas seguían jugando por las callejas, apostadas en los aleros de los tejados o realizando piruetas en rápidas persecuciones, las observaba divertido, tan absorto que no se dio cuenta de que unos pasos iban tras él. Cuando llegó a la altura del cruce con la carretera de Villahermosa una mano apresó su codo izquierdo con velocidad, pero sin apenas fuerza -¡Miguel, ¿eres tú?!- Del sobresalto Diego dio un respingo, se zafó del agarre y se giró dispuesto a defenderse de cualquier ataque, pero lo único que vio fue a una anciana envuelta en ropa negra, mantón, falda, hasta el calzado, todo negro. Su cara era como el cuero curtido, atravesada por profundas arrugas en el entrecejo, las mejillas, alargaban la comisura de su boca en una eterna mueca de disgusto, aunque los ojos estaban vivos, muy abiertos, y rebosantes de lágrimas -¡Eres tú, hijo mío!- sollozó.
Diego no sabía cómo responder, el susto había sido mayúsculo, pero la fragilidad de la anciana no le inspiraba más que ternura y lástima. –No señora, usted se confunde- comenzó a decir el muchacho mientras veía que el brillo de los ojos de ella se iba apagando –Yo no soy de aquí, nací en la sierra, y mi nombre es Diego Herrero, igual que mi padre que en paz descanse-.
La cara de la anciana volvió a encenderse -¿Diego, dices? ¿Diego Herrero?- una risa desencajada brotó del pequeño cuerpo gastado, fue un sonido extraño, hacía décadas que no reía. -¡Diego Herrero, Diego Herrero!- repetía entre sonoras risotadas, la gente que pasaba junto a ellos camino del mercado la miraba extrañada. El chico comenzó a retirarse andando hacia atrás, no había duda de que estaba completamente loca. –No te vayas por favor- imploró la vieja –no sin haberme escuchado antes- pero ya era tarde, el chico había reemprendido su camino hacia el mercado, a un paso tan rápido que la dejó atrás en un momento, ella no podía seguirlo, andaba demasiado deprisa, se arrodilló en el suelo y alargó la mano llorando….Miguel, mi pequeño…
El resto del día pasó deprisa, una vez hubo comprado una olla nueva, más cara de lo que le habría gustado, Diego regresó a su casita blanca. No había querido volver a pensar en la vieja loca, le daba tanta pena que no quería sentirse responsable de su locura, por la tarde José fue a visitarle y le contó lo sucedido. –Pobre loca- respondió el viejo entre dos tragos de vino –es conocida en el pueblo, dicen que una desgracia la dejó sola en el mundo, sin marido ni hijos, rechazó a sus amigas de juventud y hasta al cura, nunca habla con nadie a no ser que sea para pedir algo de limosna, nunca dinero, pero si alimentos- la mirada de José iba bajando poco a poco – me acuerdo de ella cuando era joven, era hermosa y alegre, pero todo eso cambió cuando perdió la cabeza, dicen que ella misma envenenó a su familia y después se abandonó totalmente a su locura. No te acerques demasiado a ella, puede que acabes creyendo sus fantasías de demonios que acechan tras las esquinas-.
Pasó la noche y alumbró la mañana, Diego salió como siempre con las ovejas y sus perros, anduvo caminos y bancales, manchas de monte, hasta que de repente se sintió muy cansado y la cabeza comenzó a darle vueltas, tropezó con el tocón de un árbol talado, le temblaban las rodillas, se sentó en el suelo y se cubrió la cara con las manos. Escuchó un crujido frente a él, y un sudor frío le recorrió la espalda cuando alzó la vista, vio el cuerpo de una mujer totalmente vestida de negro, pero en lugar de cabeza había un cráneo desnudo, roto, blanqueado. Le señalaba a él, condenándole, gritaba con una boca sin lengua, sin labios, el muchacho se tiró al suelo aterrorizado, cayó sobre él un manto negro –búscame, búscame- gritaba el viento. Y entonces despertó tirado en el monte. Llorando echó a correr por el camino de vuelta a casa, el sol estaba bien alto y no entendía nada. Estaré enfermo, veo visiones por la fiebre o acaso estoy terminando de volverme completamente loco. Sin saber porqué encaminó sus pasos hacia el pueblo, fue a casa de José, le dijo que estaba muy enfermo y que debía descansar, pero el ganado había quedado en el monte así que le pidió que fuera a por las ovejas y las guardara en el corral mientras regresaba a acostarse. José, muy extrañado, se vistió tan rápido como pudo y fue a por su joven amigo para llevarlo a su casa, pero cuando salió de su puerta Diego ya no estaba allí.
El Caché:
Este es el cuarto de una serie de seis caches normales y un mistery final. Para acceder a las coordenadas finales del séptimo trendreis que apuntar el número y la letra que hay escritos en cada uno de los log books que completan la serie.
Os aconsejo que hagais la serie en orden, y leyendo cada capitulo antes de su busqueda, ya que hay pistas en el texto que os ayudarán.
Ha costado bastante trabajo la fabricación de los contenedores, ya que son todos miméticos con camuflajes hechos a mano. Espero que los disfruteis y los mantengais todo lo posible, tratarlos con cuidado y dejadlos exactamente como los encontrasteis, por favor.
En esta serie agradecería que se logearan pronto los DNF o No Encontrados, para poder reponerlos en cuanto me sea posible y que no quede interrumpido el mistery.