Skip to content

El Cuento de Diego Herrero 6 Traditional Cache

Hidden : 4/21/2014
Difficulty:
4 out of 5
Terrain:
2.5 out of 5

Size: Size:   small (small)

Join now to view geocache location details. It's free!

Watch

How Geocaching Works

Please note Use of geocaching.com services is subject to the terms and conditions in our disclaimer.

Geocache Description:


Capítulo sexto: Redención.

El sudor recorría la cara de Diego cuando despertó, pero no se sentía alterado, sino más bien motivado a terminar con toda esta historia. Se vistió y se calzó, pero en esta ocasión no abrió a los perros ni las portadas del corral cuando salió al exterior, encaminó sus pasos firmes hacia el pueblo, sabía exactamente a donde iba. Llamó a la puerta de madera vieja con fuerza, las profundas vetas que el tiempo había dejado marcadas en la superficie arañaron un poco sus nudillos, pero ni se inmutó, simplemente esperó frente a la puerta, nadie respondió así que golpeó con más fuerza, esta vez con el pié. Este último golpe surtió el efecto deseado, y se escuchó el grito alterado de José dentro de la casa -¡Ya va!- cuando abrió la puerta el anciano estaba a medio vestir, con el poco pelo que le quedaba alborotado, y los ojos muy abiertos, cuando vio que se trataba de Diego pareció calmarse un poco -¿pero qué demonios te pasa, chico? ¿Donde es el fuego? ¿Por qué me despiertas a patadas en la puerta?- apoyó las manos en los marcos de la entrada -¿Dónde fuiste ayer? ¿Qué está pasando?-

Diego entró en la casa del anciano sin siquiera pedir permiso y se sentó frente a la mesa. José miró muy sorprendido pero el joven no parecía inmutarse, hasta que por fin dijo sin siquiera mirarle -¿Avisaste a la guardia de lo del esqueleto?- hubo un silencio demasiado largo -Claro que si, chico- dijo el viejo mientras se sentaba –me dijeron que lo investigarían, pero que sería difícil saber algo tras tanto tiempo-. La cara de Diego hizo que la mentira de José quedara cortada en su boca –me estás mintiendo- dijo el chico.

La mirada de José fue directamente al suelo, su cara parecía buscar una excusa para contarle, pero su boca no dijo nada –¿quién es Julián?, ¿te cambiaste el nombre o engañaste a la chica? Los ojos del anciano se abrieron de repente–¿p…pero cómo?- balbuceó el viejo, no podía creer lo que oía -¿de dónde has sacado ese nombre, muchacho? ¿Te lo susurró un hueso durante un sueño?, ¿acaso vino a visitarte un fantasma mientras cenabas borracho? estas igual de loco que ella…-

La mirada del chico se llenó de ira, y con ambos puños golpeó la mesa haciendo un ruido ensordecedor – ¡Basta ya de mentiras! –gritó– ¡dime ya la verdad!

-Ni siquiera yo se la verdad, chico- dijo el viejo con un pequeño tinte de miedo en la voz.

-¿Quién es Julián?- volvió a preguntar el joven

Ante la pregunta directa el anciano no pudo más que rendirse, los años de silencio habían conseguido mantener en el olvido historias que todo un pueblo quería relegar, pero su cabeza seguía reviviendo en ocasiones las horas que cambiaron su mundo. –Julián era mi hermano pequeño- la voz de José sonaba distante, casi monótona, mientras abría las puertas de los recuerdos que tantos años había mantenido cerradas. –Era un buen chico, ayudaba a mis padres, aunque era testarudo como un mulo. No era un chico normal, nació siendo mis padres ya muy mayores y siempre tuvo problemas para convivir con la gente, desde muy pequeño golpeaba con fuerza a otros niños en juegos o competiciones, en una ocasión le rompió el brazo a un chico más pequeño porque le ganó a algún estúpido juego infantil. A partir de ese día mis padres quisieron tenerlo encerrado para que no dañara a nadie, pero esa solución resultó ser la peor que pudieron haber tomado. Julián vivía constantemente vigilado por mis padres dentro de la casa, no salía nunca al exterior. Se pasaba las horas mirando por las ventanas, implorando a mi madre que lo dejara salir a jugar con otros niños, que nunca más les haría daño, pero mi madre jamás accedió. Los años fueron pasando, dieron a Julián una ocupación cosiendo algunas piezas de guarnicionería en un pequeño taller que mi padre montó dentro de la casa. Mi hermano fue creciendo en tamaño, se hizo un joven muy fuerte, pero su mente se quedó encerrada en su cárcel. Hablaba poco, y lo que decía muchas veces estaba fuera de lo normal, a mi me daba mucha pena, vivía en la amargura hasta que un día vio pasar frente a su ventana a una joven, se llamaba Elisa, y si, era la hija de Aurora. A partir de ese día mi hermano cambió, al principio para bien, se le veía ilusionado con su trabajo, se quedaba absorto durante horas esperando ver pasar a Elisa, entre las piezas que cosía encontrábamos a veces retratos del rostro de la chica hechos con el mismo cuero, estaba enamorado.

Diego seguía expectante a la historia que contaba José, empezaba a comprender poco a poco lo duro que estaba resultando para el anciano destapar todos los acontecimientos que había mantenido en silencio durante años. Hay ciertas comunidades de gente que no soportan escándalos de ese tipo, y Julián nunca habría sido aceptado en esa comunidad, pero aún así el joven se encontraba perdido, le faltaban partes de la historia para que le encajase. José bebió muchos tragos de vino mientras hablaba, su mirada se iba volviendo vidriosa, y su lengua cada vez más dispuesta a la verdad, ya derrotada después de tantos años de silencio.

La curiosidad que en un principio sintió Julián por Elisa se fue transformando en algo mas, interés, deseo, y finalmente, obsesión. Pidió a mis padres salir a conocerla un día, pero no se lo permitieron, en cambio hicieron un encargo de un par de capas de lana a la madre de la chica para que, con la excusa de que la niña las trajera a su casa, pudiera conocerla. La intención final era que Julián dejara de obsesionarse por su falta de libertad, pero aquí también se equivocaron, cometieron el segundo mayor error de sus vidas.

Julián vio a la chica cuando trajo las capas, no se atrevió ni siquiera a salir de la habitación, espió por la rendija de la puerta a la muchacha. Mi madre le forzó a que saliera a saludarla y así lo hizo, apareció arrastrando su extraña figura al salón donde se encontraba Elisa. Al principio se asustó un momento, pero poco a poco sonrió y lo saludó inclinando la cabeza con timidez. –Este es mi hijo Julián- dijo la madre –trabaja aquí cosiendo con su padre- Entonces la chica le sonrió y le dijo –hola Julián- el sonido de su voz fue como si miles de insectos recorrieran el interior de mi hermano, comenzó a temblar, pero la chica continuó hablándole -solíamos jugar juntos hace años cuando éramos niños, pero luego empezaste a trabajar aquí y ya no te volví a ver, espero que vivas bien aquí con tus padres…-la chica no fue consciente, pero escuchar esta frase hizo que los miles de insectos del interior de Julián se convirtieran en avispas que picaban sin parar. El muchacho se giró violentamente y volvió a su taller, llorando, muy enfadado.

Mis padres se disculparon por el comportamiento de mi hermano y mandaron a Elisa de vuelta a casa con el dinero debido por las capas. La tarde pasó más o menos tranquila, yo vigilaba la puerta de la habitación por si aparecía mi hermano alterado, pero no fue así, yo lo vi trabajando sin parar hasta ya bien entrada la noche. Lo que yo no sabía es que por la mañana había conseguido hurtarle a mi padre un pellejo de vino que mantenía escondido en la cámara donde se curaban los embutidos, y pasó la tarde solo, dando tragos disimulados y cosiendo piezas sin ningún orden ni sentido. Lo vi acostarse y yo hice lo mismo, me fui a mi cama y descansé toda la noche pero mi hermano no. A hurtadillas se levantó de la cama cuando ya llevábamos un rato dormidos, y en silencio entró en la habitación donde mis padres dormían. Con fuertes golpes los dejó a los dos bastante mal parados, se llevó la llave, abrió la puerta principal y a mí me dejó encerrado dentro de la casa.

Dos grandes lágrimas se deslizaron mejillas abajo del rostro del viejo, aún podía ver el rostro de sus padres, oír los gemidos ahogados y el terror que sintió cuando comprobó que su hermano ya no estaba allí. –A partir de aquí ya no sé nada seguro, solo las suposiciones que pude ir haciendo- dijo con voz lastimera el antiguo pastor. Sé que mi hermano mató a la chica, yo fui quien encontró su pobre cuerpo cuando logré salir de casa y seguí los pasos de mi hermano, pero no vi rastro de él. Que el cielo me perdone, pero sentí miedo, al ver el pequeño cuerpo de la chica supuse que ese sería el fin de mi familia en esta comarca, así que me deshice de él de la única forma que se me ocurrió, lo enterré allí donde tú lo encontraste, había salido bien, hasta que llegaste tú. Supongo que en su ataque de ira también mató al hermano de la chica, Miguel, y después huyó muy lejos, porque ya nunca se supo de ninguno de los dos.

El viejo se ahogaba en sollozos, la antigua herida jamás había dejado de dolerle, pero contar la historia entera después de décadas ocultándola había derrumbado su templanza. No obstante, aquel día José pudo descansar por primera vez desde que ocurriera todo, como si contarlo hubiera abierto una ventana por la que entrara aire fresco a su tristeza.

 photo mapa2.jpg

Diego salió de la casa conmocionado, paseó por las callejas hacia el campo, intentando recordar cada acontecimiento para poder desentrañar el final, aunque no creía que pudiera él solo. Se sentó en un a piedra, solo, y empezó a llorar ¿por qué le afectaba tanto esta historia? Y entonces lo volvió a sentir. Era una sensación que ya conocía, como el anuncio de una revelación, y así fue. No supo si se durmió o las imágenes habían llegado a su cabeza estando despierto, pero sí que estaba seguro de que lo estaba viendo todo.

Julián salía de su casa y se encaminó hacia la de la chica, se coló por una de las ventanas. Entró en la habitación de Elisa y, tapándole la boca la sacó de allí a cuestas como un enorme animal con su presa. Cuando llegó al borde del monte la dejó en el suelo para que dejase de llorar, pero Elisa de un salto se escapó. Ella corrió todo lo que pudo, saltando piedras y arbustos en su desenfrenada carrera mientras escuchaba a su perseguidor llamándola enloquecido, cayó al suelo y la alcanzó –vas a dormir ahora y vendrás conmigo, seremos felices juntos- le dijo cuando estaba a su lado, después sintió el golpe en la cabeza y el silencio. El chico la miró sin comprender por qué no se movía, pero en ese momento vio a alguien que subía a la carrera entre los árboles –¡Elisa!- gritaba –¡Dime donde estas!- El hermano de la chica subía desesperado, se había despertado cuando aquel animal ya se había llevado a su hermana, había ido siguiendo algunas huellas por el barro, y podía oír algún grito de la chica que le guiaba en la oscuridad, pero no había llegado a tiempo. Cuando los alcanzó vio a aquel muchacho enloquecido con un ladrillo en la mano, su hermana estaba tumbada en el suelo, y perdió el control. Se lanzó a por Julián como una bestia herida, pero éste sacó de entre los ropajes unas grandes tijeras que había cogido del taller. Las cuchilladas sonaban en el aire, Julián iracundo lanzaba estocadas sin parar, estaba frenético, tanto que Miguel solo podía esquivarlas intentando no caer al suelo, el brazo libre de Julián atrapó uno de los brazos de Miguel, y forcejearon hasta que por una extraña justicia poética, el furioso atacante despistó sus piernas, tropezó en una piedra y cayó con todo su enorme peso hacia delante, Miguel concentró todas sus fuerzas en girar las manos, y las enormes tijeras se clavaron como un estoque.

Miguel quedó tumbado bajo el enorme cadáver, luchando por respirar y quitarse aquel peso de encima. Cuando lo hizo sintió alivio un segundo, una pena desgarradora al siguiente por su hermana, y finalmente terror. Cayó en la cuenta de que se había convertido en un asesino, lo ahorcarían en el rollo de la plaza sin dudarlo por vengar la muerte de su hermana, o eso es lo que parecía, así que solo le quedaba una salida. Corrió a por su caballo, tiró el cuerpo de Julián al fondo de un pozo abandonado que conocía y huyó. Querría haber retirado el cuerpo de su hermana, habérselo llevado él mismo a su madre para que la hubieran enterrado como era debido, pero no podía, así que decidió dejarla allí para que la encontrasen al día siguiente y pudieran rendirle el homenaje que ella se merecía. Ya nunca más sería Miguel, eligió el nombre de su abuelo y marchó a la sierra, tuvo hijos, pero jamás dejó de pensar en su hermana ni en su madre.

 

El Caché:

Este es el sexto de una serie de seis caches normales y un mistery final. Para acceder a las coordenadas finales del séptimo trendreis que apuntar el número y la letra que hay escritos en cada uno de los log books que completan la serie. 

Os aconsejo que hagais la serie en orden, y leyendo cada capitulo antes de su busqueda, ya que hay pistas en el texto que os ayudarán.

Ha costado bastante trabajo la fabricación de los contenedores, ya que son todos miméticos con camiuflajes hechos a mano. Espero que los disfruteis y los mantengais todo lo posible, tratarlos con cuidado y dejadlos exactamente como los encontrasteis, por favor. 

En esta serie agradecería que se logearan pronto los DNF o No Encontrados, para poder reponerlos en cuanto me sea posible y que no quede interrumpido el mistery.

Buena caza.

Additional Hints (Decrypt)

Rkgenñn ebpn onwb ry ebzreb

Decryption Key

A|B|C|D|E|F|G|H|I|J|K|L|M
-------------------------
N|O|P|Q|R|S|T|U|V|W|X|Y|Z

(letter above equals below, and vice versa)