Capítulo séptimo: Epílogo.
Aquel año había marcado para siempre su vida y la de los habitantes del pueblo. La conmoción de la resolución del caso de los chicos desaparecidos fue grande, durante semanas la gente especuló, pero las pruebas ya estaban claras. El cadáver de la pobre chica con la cabeza rota, los grandes huesos ya enterrados en el fondo de un pozo que Diego reconoció enseguida, y el testimonio de José, que por fin tuvo el valor de contar lo sucedido, aunque ya servían de poco alivio a Aurora.
Por su parte la anciana lloró durante días certeza de la muerte de su hija, aunque la alivió poder enterrarla en campo santo por fin. Le quedó un resquicio de paz al saber lo de Miguel, por lo menos él había tenido una vida plena, se había casado y había tenido hijos. Por lo que le había contado Diego, Miguel había sido feliz durante muchos años, aunque siempre guardó un profundo dolor por su madre y su hermana, pero por lo menos él pudo llegar a saborear la felicidad junto a su pequeña familia. Esto hacía que la anciana se hubiera sentido mucho mejor durante los años que le quedaron de vida. Hizo las paces con José, al que ya no guardaba ningún rencor. Diego se había mudado a vivir con ella, la había ayudado y le había hecho feliz durante el tiempo que le quedaba, también el chico se sintió en su hogar viviendo allí y cuidando de su abuela.
Pasaron los años, Diego “el serranillo” pasó a llamarse Diego “el del herrero”, como se había conocido a los de su familia durante generaciones, conoció a una preciosa joven y formó con ella una familia, dos niños y una niña alborotaron durante mucho tiempo su casa, y por las noches les contaba cuentos, donde las cabras bailaban, ejércitos conquistaban tierras lejanas y animales del bosque se tornaban en personas durante la noche. Le gustaba contarles una historia en especial en la que un gran tesoro escondido esperaba ser descubierto por unos jóvenes valientes y tan hábiles como para poder desentrañar las pistas que llevaban hasta él.
Diego había vivido una vida larga y feliz, trabajó mucho, pero obtuvo buen fruto, conoció a más familiares, cosechó grandes amigos y se hizo viejo en buena compañía. El tesoro que su padre había reservado para él fue ese, le regaló un lugar al que llamar hogar, le regaló familia y compañía, consiguió darle mucho más de lo que se imaginó cuando le contaba la historia del tesoro, pero nunca encontró ningún tesoro de verdad, habían pasado muchos años, y se le había olvidado del todo buscarlo, hasta aquella noche.
Era finales de otoño, la noche caía cada vez antes, y se acostó junto a su mujer como siempre desde hacía décadas, pero esa noche fue especial. Se vio a si mismo forjando una pieza de metal hueca, mas tarde talló en hueso y caminó por una espiral blanca, tiró del tronco seco de un árbol, construyó una casa con un solo ladrillo y maldijo una roca que le entorpecía el camino, todo muy inconexo, hasta que vio la inconfundible cara de su padre. Tenía una mueca burlona y sonreía sincero, con ojos pícaros, y le dijo: “Aun te falta la última pieza, hijo, no creerás que te había dejado sin tu tesoro real” entonces su imagen fue cambiando, se transformó en arbusto, y abrazada mostró una caja bajo sus ramas “Cuidado no te pinches, pues espinas custodian mi tesoro” vio entonces un rincón que conocía. Allí había conocido a su mujer mientras cosechaba romero, y allí había dejado su padre el tesoro para él.
Cuando despertó, ya muy cansado por los muchos años vividos, dio un cariñoso beso a su mujer, fue dando un paseo por el monte, el sol de otoño acompañaba sus pasos, y llegó al punto exacto de su sueño, cuando levantó las ramas, cubierto por una manta para no lastimarse, encontró no sin cierta sorpresa un cofre circular, mellado por el paso del tiempo. Cuando lo abrió pudo ver en su interior una colección de objetos viejos cubiertos por la herrumbre, una herradura, una llave, un muñeco hecho con cuerdas y palos, una piedra llamativa…Eran los tesoros acumulados por un niño pequeño y guardados en una capsula del tiempo, un regalo hecho a las generaciones venideras sin más riqueza que la ilusión por ser descubierto por alguien muchos años despues, y lo había conseguido. Diego, con los ojos llenos de lágrimas, cogió la extraña piedra de colores que allí había, y dejó dentro del cofre unas monedas que llevaba en el bolsillo. Contó su historia a sus hijos, y estos a sus nietos, y por lo menos una vez en la vida visitaban su tesoro dejando algún objeto querido y cogiendo otro como testigo del tiempo pasado. Aquel día Diego pudo descansar en paz, y con la imagen de sus padres, de su abuela, de José, acompañado por su mujer y sus hijos, dio por finalizada su aventura, había sido capaz de desentrañar las pistas y encontrar al fin su tesoro.
El Caché:
Este es el último de una serie de seis caches normales y un mistery final. Para acceder a las coordenadas finales tendreis que apuntar el número y la letra que hay escritos en cada uno de los log books que completan la serie. La formula será
N 39º 00.UNA
W 002º 44.DOS
Os aconsejo que hagais la serie en orden, y leyendo cada capitulo antes de su busqueda, ya que hay pistas en el texto que os ayudarán.
Ha costado bastante trabajo la fabricación de los contenedores, ya que son todos miméticos con camuflajes hechos a mano. Espero que los disfrutéis y los mantengáis todo lo posible, tratarlos con cuidado y dejadlos exactamente como los encontrasteis, por favor.
Se trata de un contenedor bastante grande con varios objetos de intercambio en su interior. Si vas a hacer intercambio, que es opcional, se justo con él. También hay un diploma para el FTF y algunos trackables para que empiecen a viajar.
En esta serie agradecería que se logearan pronto los DNF o No Encontrados, para poder reponerlos en cuanto me sea posible y que no quede interrumpido el multi.
Buena caza.