El arado es uno de los símbolos de progreso en la historia de la humanidad; un avance fundamental en el trabajo agrícola, con la ayuda de animales de tiro.
El proceso de elaboración comienza cortando el árbol en otoño, sumergiéndolo en agua si está la madera seca, y serrándolo longitudinalmente, casi en su totalidad. Después se ajusta una manilla o abrazadera en el extremo del tronco no serrado, se introduce en el agujero de una pared, haciendo palanca, y se calienta en una pequeña hoguera para abrir los brazos en forma de Y.
El tronco se coloca en el molde por la parte no serrada y se empuja cada vara, con ayuda de una roldana o polea, para ajustarla a la forma del potro. Aquí la madera permanece entre 6 y 25 días aprisionada por una sencilla prensa, por pinas y palancas de madera.
Finalmente, cuando las varas o cangas ya están domadas sólo resta clavar una cuña de madera en la base, unir el extremo de los brazos y pasar el cepillo de carpintero.
El precio de estos aperos osciló entre los 0.30 y 25 euros.