
El mystery del Olimpo
Los mitos –relatos de dioses, héroes y grandes acontecimientos cósmicos- se hallan presentes en todas las culturas, y tratan acerca de los temas más profundos y fundamentales: la creación del universo y de la raza humana, la naturaleza de dioses y espíritus varios, lo que sucede tras la muerte y cómo acabará el mundo. Analizan el amor y los celos, la paz y la guerra, el bien y el mal. Y exploran estos temas cruciales a través de argumentos llenos de intriga, personajes carismáticos, escenas memorables y conceptos que tocan nuestras emociones más íntimas. Por eso su fascinación es eterna.
En este mystery vamos a conocer algunas de estas historias de la antigua Grecia, que, además, nos muestran la desbordante imaginación que tenían sus pobladores, y en las que descubriremos que los dioses tenían más emociones humanas que divinas. Cuidadito a la hora de resolverlo, para no confundirlos con sus homólogos romanos.
Nuestra primera historia trata sobre la envidia y de cómo no soportamos la crítica. La he titulado:
“Esto va a ser coser y cantar”: Uno de los papeles de (G) era el de diosa de los tejedores y bordadores. Por ello, cuando alguien dominaba el arte de tejer, se decía que su don procedía de (G). Pero (H), una joven mortal y excelente tejedora, insistió en que su talento era propio. Ello enojó a (G), que la desafió a un concurso de tejer y bordar. Durante el concurso, la diosa vio que la labor de su adversaria era tan buena como la suya, que representaba la victoria de los dioses sobre los mortales, pero le ofendió el tema que había elegido (H), cuyo tapiz retrataba las infidelidades de su padre (y es que el papá tenía tela). Y así, llevada por la rabia y los celos, (G) destrozó el trabajo de (H). Esta, humillada, decidió ahorcarse (aunque, yo creo, que no era para tanto). Pero (G) consideró aquel castigo demasiado duro y la transformó en araña para que pudiera seguir tejiendo.
Si esta venganza, y abuso de poder, os ha parecido cruel, atentos al próximo relato:
“Casquería para aves”: Como castigo por robar el fuego a los dioses, (J) encadenó a (I) a una roca situada en la frontera entre la Tierra y el Caos. Allí fue condenado a sufrir que un águila le devorara el hígado, que volvía a crecerle eternamente para que su tortura no tuviera fin (mente retorcida donde las haya). (J) ordenó que permaneciera allí hasta que otra criatura (con muy pocas luces, supongo) se ofreciera a encadenarse en la roca en su lugar. Tras miles de años (y no me extraña), un centauro herido llamado (L) se ofreció para ocupar su puesto. Cuando llegó a la roca, (J) convirtió a (L) en una constelación de estrellas y el héroe griego (K) mató al águila. Y así finalizó la eterna agonía de (I).
¡Vaya un castigo más rebuscado!, y no creo que a un dios le costase mucho encender otra “chasca”. La leyenda que va a continuación no es tan macabra, pero también tiene su “miga”, y es:
“Canto de sirenas”: Los griegos habitaban en islas y poblaciones costeras (hoy en día también, pero en peores condiciones), de ahí que fueran hábiles marineros. Sabían muy bien que los viajes marinos, incluso en el sereno Mediterráneo, encerraban peligros, y que los marineros debían guardarse de los vientos desfavorables, los traicioneros remolinos y corrientes, y las rocas dentadas. (M) se enfrentó a las tempestades de (N), a terribles corrientes y otras amenazas de carácter más fabuloso. Algunas de estas, como el seductor canto de las sirenas, eran engañosas. (O) advirtió a (M) de que se resistiera a aquel canto. Los hombres de (M) se taparon los oídos y lo ataron a un mástil para que no huyera con las sirenas al oír su canto (y a uno, que era sordo, lo que le tuvieron que tapar fueron los ojos pues, como todo el mundo sabe, las sirenas van con los pechos al aire).
Desde luego que, con todas estas circunstancias, el pescado en Atenas debía de estar “por las nubes”. Pasemos a la siguiente historia, otro ataque de rabia femenina, se titula:
“El tebano mirón”: A (P), que era una diosa casta, no le gustaba que la vieran mientras se bañaba en la fuente sagrada de (Q). Pero (R), ciudadano de Tebas, estaba tan fascinado con su belleza que siguió a la diosa y a sus ninfas, y vio como (P) se desnudaba y se metía en el agua. Cuando esta se dio cuenta de que la estaban mirando, salió del agua y, henchida de furia (seguro que esto puso a tope al tebano), golpeó a (R) en los ojos y lo dejó ciego. Una de las ninfas se compadeció de (R) y rogó a (P) que le diera algo que compensara su ceguera. (P) le concedió entonces el don de la profecía (así, por lo menos, sabría si se aproximaba algún carro antes de cruzar la calle).
Pues ya veis como se las gastaban estas divas. Ahora comprobaremos que los familiares gorrones y chismosos han existido siempre, para ello conozcamos a:
“El Rey de la comedia”: El rey de Sípilo, (S), era hijo de (T), y, como pariente suyo, podía comer con los dioses. No obstante abusó de tal privilegio. Ciertos mitos cuentan que chismorreaba sobre los secretos divinos, otros que robaba comida a los dioses y la ofrecía a los mortales. Según una cruda versión, puso a prueba a los dioses sirviéndoles la carne de su hijo (¡vaya, para una vez que invita no se gasta un dracma!). El castigo que recibió por tales ofensas fue sufrir de eterna sed y hambre. Fue obligado a permanecer en un estanque bajo un árbol cargado de fruta. El estanque se vaciaba cada vez que (S) trataba de beber su agua, y las ramas del árbol se alejaban de sus manos cuando intentaba alcanzarlas (yo, como castigo, habría hecho lo contrario: obligarlo a comer ciruelas y beber agua estancada. Diarrea eterna).
Finalizamos con esta leyenda que, al igual que en las anteriores, cuenta con un castigo ejemplar, sólo a la altura de los dioses, y que tiene como título:
“Cabreo titánico”: Nuestro último protagonista, (W), era hijo del titán (U) y la ninfa (V), y gobernaba un gran, y mítico, reino. Tenía muchos súbditos, pero acabaron por degenerar, y los dioses decidieron castigarlos (como si ellos, por lo que hemos visto, no fuesen unos depravados redomados) aniquilando su raza. A tal fin, enviaron un diluvio que los mató a todos y hundió la isla en el mar. Resentido con los dioses por la pérdida de su reino, (W) llevó a los titanes a una guerra cósmica (“que la fuerza os acompañe”, les dijo). Pero los dioses vencieron y lo castigaron. Lo condenaron a cargar con el peso del cielo sobre sus hombros por toda la eternidad.
Bueno niños, deseo que hayáis disfrutado con estas bonitas e instructivas historias, y que ello os anime a conocer otras leyendas mitológicas igual de interesantes. Tal vez a esta le siga una segunda parte, ya veremos. Para resolver el mystery ya sabéis lo que hay que hacer: averiguad los nombres de los protagonistas de cada relato, sumad las letras de sus nombres y realizad unas sencillas operaciones. Suerte.
N 40 18.ABC W 03 46.DEF
(G–H=A) (I–J+K–L=B) (M+N–O=C) (P+Q–R=D) (S–T=E) (U+V-W=F)

