Nos encontramos en las cercanías de una ciudad íbera que tuvo que ser muy importante, el poblado ibérico Castellar de Meca. En la actualidad únicamente podemos contemplar su "huella" en la roca, pero aún no ha sido excavada. Una futura excavación pudiera poner de manifiesto que nos encontramos ante una de las más importantes ciudades íberas, pues, la obra de ingeniería prerromana del conocido como Camino Hondo de Castellar de Meca, constituye un ejemplo sin igual en toda la península Ibérica.
Muy cerca de este antiguo poblamiento, en plena sierra del Mugrón, se encuentra uno de los parajes más singulares que podemos contemplar en la Comunidad Valenciana es el Rincón de San Pascual.
Situado en el término municipal de Ayora, muy cerca de los lindes con las poblaciones albaceteñas de Almansa y Alpera. La curiosísima formación geológica que preside el Arco de San Pascual te produce un verdadero impacto. Lo contemplas desde diferentes perspectivas y comprendes perfectamente el calificativo de “mágico” que otorgó Rafael Cebrián a este conjunto de rocas.
Es muy posible que fuera en tiempos remotos una especie de santuario, ya que se encuentra a una distancia relativamente escasa de la ciudad ibérica del Castellar de Meca y de las pinturas rupestres de la Cueva de la Vieja (en Alpera). Cuando accedes a esta espectacular escultura rocosa, entra en juego la imaginación, ya que unos la comparan con la figura de una tortuga, mientras que otros piensan en un dinosaurio u otro gran animal de la prehistoria. También corre la fantasía cuando contemplas extrañas marcas grabadas en la roca (Petroglifos), que podrían haber sido hechas por pastores, por brujas o por sacerdotes de antiguas religiones.

A este Arco también se le conoce como el Sillón del Gigante y no es más que un capricho de la naturaleza modelado por la erosión del viento, las aguas y los agentes químicos. Se trata de un enorme peñasco que la fantasía de cada uno identifica con una figura diferente. Tiene unos doce metros de altura y bajo él se abre un gran boquete que lo atraviesa de parte a parte. Es lo que podríamos llamar el umbral del arco. Entre las patas del fantástico ser, grabados en la roca viva del basamento natural, pueden verse unos petroglifos antropomorfos masculinos y femeninos, pocetas y canalillos en torno a una poza mayor. Las cazoletas subsidiarias y los canales están dispuestos de tal manera que cualquier líquido derramado en ellas vertía a la poza mayor común.
Una muestra de vandalismo es una pintada en la parte posterior de la fenomenal roca. Falta de civismo no es tolerable en ningún sitio, pero menos en un lugar tan increíble.
Frente al Arco de San Pascual se halla la cueva que lleva el nombre del mismo santo, y a la que se accede a través de una redonda oquedad subiendo en la última parte por unos peldaños labrados en la roca.
¿Dónde está?
El Rincón de San Pascual está situado a 980 metros de altitud, al pie de la que fuera importante ciudad ibérica del Castellar de Meca, habitada en el siglo IV a.d.C., cuyos vestigios son perfectamente visibles e identificables. Está cerrado por varios cordales rocosos que se desprenden de la gran espina dorsal pétrea del Mugrón.
En los cerros que lo rodean se abren en sus grises murallones las bocas de varias cuevas y covachas que parecen llamar a su exploración a los intrusos que allí acuden.
Para llegar hasta él tomaremos un sendero que sigue una pequeña rambla desde el minúsculo caserío conocido como las Casas del Heredero. Estas las encontraremos siguiendo una polvorienta pista que arranca de la carretera de las Casas de Madrona a Alpera, ya en la provincia de Albacete.
Y en el centro de aquel pequeño vallecillo se alza el fantástico mogote rocoso conocido como el Arco de San Pascual, fabuloso dolmen natural kárstico con figura de quimérico animal antediluviano –dinosaurio o galápago- que se hubiese quedado allí petrificado, no ahogado o congelado por algún brusco cambio climatológico, sino por el encantamiento de alguno de los brujos que adornaban con dibujos las cuevas y abrigos del contorno (Tortosilla, el Sordo y la Vieja, en Alpera, visible esta última desde el mismo Arco). Ante él la imaginación del visitante, que llega incluso a sentirse intruso en aquel recoleto recinto, puede recrear mil escenas rituales mágicas de los antiguos habitantes de la cercana Meca y aún mucho más modernas.
Fuente: Diario Las Provincias, texto de José Soler Carnicer, blog la Iberia Mágica y Cuaderno de Montaña A Cel Obert.