En este hueco en el bosque, estuvo el abuelo Pepe jugando diariamente durante 20 años al tenis (desde los 65 hasta los 85 años) con sus amigos e hijos, en una pista que él mismo montaba cada vez. La red estaba enterrada y solo había que tensarla, y cuando terminaba, lo dejaba todo inmaculado de nuevo, tanto que si no sabias el sitio exacto, difícilmente encontrabas el lugar.