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La Quinta de la Paloma Traditional Cache

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Pegmatita: Gracias por su contribución

Pegmatita
Revisora voluntaria de Geocaching

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Hidden : 12/25/2014
Difficulty:
2.5 out of 5
Terrain:
1.5 out of 5

Size: Size:   micro (micro)

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Geocache Description:


Antes de leer este post, me gustaría que te pasases por las Historias Matritenses (ENLACES: http://goo.gl/2mvbO6 - http://goo.gl/Tw7T1Q - http://goo.gl/3bD5AM) y leyeras un poco de historia sobre el lugar que vas a visitar o en el cual ahora mismo te encuentras buscando el tesoro, por que yo te voy a hablar sobre parte de mi infancia junto a La Quinta de donde guardo un recuerdo muy muy especial.

Corría finales de los 70 cuando apenas yo tendría más de ocho o nueve años, entonces vivíamos en el otro lado del barrio, en el Parque San Juan Bautista, frente a la piscina. Bajábamos a jugar por los jardines y parques de nuestros edificios, esos bloques construidos por Saconia que eran todo un lujo y que nos permitían no moverlos de su sombra mientras pasábamos los días de calle.


Se decía que en La Quinta había gitanos, de esos que se llevaban a los niños; gentes no gratas. Ir allí supondría toda una transgresión a ojos de nuestros progenitores pero como pero la infancia, esa época en la que se mezclan capricho, inocencia y curiosidad, nos llevaba a buscar nuevas aventuras en nuevos escenarios; un día decidimos cruzar la calle y seguir nuestro camino hacia… La Quinta. Aquel sería  todo acontecimiento que guardaríamos en silencio bajo un juramento jamás roto.

Con mas miedo que otra cosa encaminamos nuestros pasos por la calle Treviana junto al muro de la piscina. Nuestro límite estaba ahí, donde el muro hace un escalón y las vergas de metal cambian de altura. Es en ese lugar por donde nuestros hermanos mayores saltaban para colarse en la piscina y jugar furtivamente al tenis en sus modernas canchas. Ese era para nosotros el punto de no retorno de esta aventura más allá… lo prohibido.

En aquella época la M30 estaba en plena construcción y por lo tanto ya algunas de las casas bajas había desaparecido, quedando las calles semidesiertas en algunos tramos y llenas de cascotes ya que muchas de las familias había emigrado a otros lados esperando a que se cumpliera el deseo de la Condesa de Amboague y pro lo tanto tuvieran una casa digna a poca distancia (ver cache La Iglesia de San Juan Bautista). Pero algunas de aquellas viviendas antiguas de paredes encaladas quedaban aun en pié. Recorrimos sus calles pegados los unos a los otros, con los ojos como platos mirando a todos lados pero aquello, sinceramente, nos dio más pena que terror, pues era un paraje casi desolador. Pobreza y abandono. Nada a lo que estábamos acostumbrados en nuestra privilegiada vida de niños con recursos.

 


Pincha para ver la imagen ampliada

Enfilando ya nuestro retorno por el mismo camino que por el que llegamos y junto a la cuesta que nos llevaba las torres rojas había una casita pequeña, con un porche, un banco de piedra y una parra. Ahí, en su puerta sentada aguardaba una mujer de aquellas que vestían faldas oscuras y delantal. Evitando su mirada pasamos a su lado y con su dulce voz no dijo algo así como “niños, queréis un gato? Mi gatita ha parido y me marcho de aquí y no quiero dejarlos abandonados”. Nos acercamos a su casa y ahí los tenía, maullando y pequeños. Los cogimos y tras jugar con ellos tuvimos que devolverlos con pena, pues llevar un gato a casa significaría dar demasiadas explicaciones y aquello supondría un castigo infinito.


Pese a nuestra negativa, la mujer nos enseñó su casa. Humilde, de un interior fresco y agradable, con olor a limón ya que tenía zumo de su propio limonar que nos ofreció en aquella tarde calurosa de verano y del caul aun creo que hasta guardo su dulce sabor en mi memoria. Entre el suelo y una pared del salón había una puerta abierta y una escalera, era una cueva pequeña y oscura, encalada y con luz. Llena de trastos hasta donde vimos. Como he descrito, la infancia es ese momento en el que la indiscreción y la inocencia se mezclan dando pié a una licencia que en la madurez se convierte en impertinencia y descaro; y como infantes que éramos preguntamos “y ahí que hay?”  
Donde hoy exite un parque antes estaba la casa de la anciana.
Esperábamos escuchar algo parecido a “ratas, nada o cosas mías” pero la mujer nos respondió que ahí guardaba “sus tesoros, sus recuerdos, sus cosas de toda la vida”. Tesoros, una cueva llenan de tesoros. Aquello se nos grabó en la memoria y nos fuimos a casa chismorreando e inventado historias de brujas, oro y cofres.





Paso el tiempo y con el las excavadoras que arrasaron con todo, demolieron aquello que quedaba en pié, incluida la casa de la mujer. Y volvimos, ya más mayores, tal vez con diez u once años. Volvimos a por los tesoros. Encontramos entre escombros la entrada abierta de la cueva, un espacio angosto y oscuro, y armados de un par de linternas, palos y terror entramos a buscar. Sólo encontramos oscuridad y trastos. El miedo nos podía más que nuestro afán de encontrar el tesoro y salimos con la excusa de volver otro día mejor equipados (menos asustados en otras palabras). Cuando quisimos retornar nuestra aventura, en el lugar habían más escombros que definitivamente ocultaban para siempre la entrada y por lo tanto nuestro tesoro.

 
La verja de las canchas de tenis

Seguimos pasando por ahí durante años ya que era el camino que tomaba para ir andando a mi colegio más allá de la pasarela. Todos los días miraba al mismo lugar, donde se que estaba la entrada. Construyeron edificios de pisos y donde estaba la casa de la mujer un parque infantil. Era como si el destino hubiera querido guardar en el recuerdo para siempre nuestro paso.

Aun, cuando bajo a ver a mis padres que aun viven en su casa del barrio de toda la vida, me paso por el lugar y sigo buscando la entrada con mis hijas.

Este tesoro que os presento guarda un recuerdo muy importante de mi infancia, puede que la primera aventura que mi memoria mantenga viva de entonces y está dedicado a aquella mujer de los gatitos, su cueva, a las calles de La Quinta, sus gentes que lejos de ser malas personas eran trabajadores humildes y bondadosos a los cuales el destino y el legado de una buena mujer les hizo mejorar su vida.

 


Es un pequeño contendor que debe de permanecer erméticamente cerrado.
NO cuenta con máquina de escribir. Recuerda que debes dejarlo tal cual lo encontraste.


No acepta intercambios.


CIERRALO BIEN POR FAVOR!!!!

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POR FAVOR: NO REVELES EL ESCONDITE.

Si haces alguna aclaración, foto o comentario, no digas ni expongas donde se encuentra guardado el tesoro.

P.d.: Si queréis seguir al Capitán Click en G+ aquí os dejo el enlace a mis aventuras: http://goo.gl/fpI6ph

Additional Hints (Decrypt)

Ohfpn ry yhtne cbe qbaqr ragenonzbf n yn cvfpvan.

Decryption Key

A|B|C|D|E|F|G|H|I|J|K|L|M
-------------------------
N|O|P|Q|R|S|T|U|V|W|X|Y|Z

(letter above equals below, and vice versa)