Pegmatita: Gracias por su contribución
Pegmatita Revisora voluntaria de Geocaching
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Antes de leer este post, me gustaría que te pasases por las Historias Matritenses (ENLACES: http://goo.gl/2mvbO6 - http://goo.gl/Tw7T1Q - http://goo.gl/3bD5AM) y leyeras un poco de historia sobre el lugar que vas a visitar o en el cual ahora mismo te encuentras buscando el tesoro, por que yo te voy a hablar sobre parte de mi infancia junto a La Quinta de donde guardo un recuerdo muy muy especial. Corría finales de los 70 cuando apenas yo tendría más de ocho o nueve años, entonces vivíamos en el otro lado del barrio, en el Parque San Juan Bautista, frente a la piscina. Bajábamos a jugar por los jardines y parques de nuestros edificios, esos bloques construidos por Saconia que eran todo un lujo y que nos permitían no moverlos de su sombra mientras pasábamos los días de calle.
Enfilando ya nuestro retorno por el mismo camino que por el que llegamos y junto a la cuesta que nos llevaba las torres rojas había una casita pequeña, con un porche, un banco de piedra y una parra. Ahí, en su puerta sentada aguardaba una mujer de aquellas que vestían faldas oscuras y delantal. Evitando su mirada pasamos a su lado y con su dulce voz no dijo algo así como “niños, queréis un gato? Mi gatita ha parido y me marcho de aquí y no quiero dejarlos abandonados”. Nos acercamos a su casa y ahí los tenía, maullando y pequeños. Los cogimos y tras jugar con ellos tuvimos que devolverlos con pena, pues llevar un gato a casa significaría dar demasiadas explicaciones y aquello supondría un castigo infinito.
Paso el tiempo y con el las excavadoras que arrasaron con todo, demolieron aquello que quedaba en pié, incluida la casa de la mujer. Y volvimos, ya más mayores, tal vez con diez u once años. Volvimos a por los tesoros. Encontramos entre escombros la entrada abierta de la cueva, un espacio angosto y oscuro, y armados de un par de linternas, palos y terror entramos a buscar. Sólo encontramos oscuridad y trastos. El miedo nos podía más que nuestro afán de encontrar el tesoro y salimos con la excusa de volver otro día mejor equipados (menos asustados en otras palabras). Cuando quisimos retornar nuestra aventura, en el lugar habían más escombros que definitivamente ocultaban para siempre la entrada y por lo tanto nuestro tesoro.
Seguimos pasando por ahí durante años ya que era el camino que tomaba para ir andando a mi colegio más allá de la pasarela. Todos los días miraba al mismo lugar, donde se que estaba la entrada. Construyeron edificios de pisos y donde estaba la casa de la mujer un parque infantil. Era como si el destino hubiera querido guardar en el recuerdo para siempre nuestro paso. Aun, cuando bajo a ver a mis padres que aun viven en su casa del barrio de toda la vida, me paso por el lugar y sigo buscando la entrada con mis hijas. Este tesoro que os presento guarda un recuerdo muy importante de mi infancia, puede que la primera aventura que mi memoria mantenga viva de entonces y está dedicado a aquella mujer de los gatitos, su cueva, a las calles de La Quinta, sus gentes que lejos de ser malas personas eran trabajadores humildes y bondadosos a los cuales el destino y el legado de una buena mujer les hizo mejorar su vida.
Es un pequeño contendor que debe de permanecer erméticamente cerrado. NO cuenta con máquina de escribir. Recuerda que debes dejarlo tal cual lo encontraste. No acepta intercambios. CIERRALO BIEN POR FAVOR!!!! ---
Additional Hints (Decrypt)
Decryption Key
A|B|C|D|E|F|G|H|I|J|K|L|M ------------------------- N|O|P|Q|R|S|T|U|V|W|X|Y|Z
(letter above equals below, and vice versa)
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