Cruce de caminos
El presente geocaché se sitúa en el antiguo esquileo de Santillana en un lugar privilegiado por el que a lo largo de la historia han pasado entre otros; romanos, tropas napoleónicas y cortejos reales. Esta importante encrucijada de caminos aún sigue viendo pasar desde los peregrinos que van a Santiago por el camino Madrileño (si eres uno no te desanimes, te quedan 586 kilómetros desde este lugar), paseantes que desde Segovia recorren el cordel de Santillana-Calzada Romana que enlaza con el puerto de la Fuenfría, y deportistas que transitan por la Cañada Real Soriana Occidental. Muy cercano a este esquileo también pasa la cacera del Acueducto Segoviano, zona extraurbana desconocida de esta maravilla centenaria.

Varada a la orilla de la llanura segoviana, la hacienda de Santillana se desmenuza irremediable; este antiguo esquileo vive su derrumbe sin que las voces que desde hace décadas piden su restauración encuentren el menor eco.
El lugar es de propiedad pública y nada te impedirá el acceso, pero bajo tu responsabilidad recorrerás sus estancias pues se encuentra en estado de ruina no consolidada. No existen techumbres ni zonas cubiertas que se puedan hundir, pero sus gruesos muros que nada sostienen pueden ser frágiles y sucumbir al abandono que soportan.
Esquileo de Santillana
Modelo de los ranchos de esquileo, fue mandado construir por Ignacio de Arizcun, marqués de Iturbieta, en 1745, bajo el mandato de Felipe V. Tomó su nombre de una cercana venta.
Las diferentes construcciones se articulan en torno a un gran patio central. La estancia más amplia, conocida como rancho, era donde se esquilaba a las ovejas. Antes se las arrejuntaba para que sudasen y con el calor, la lana se ablandase siendo así más fácil cortarla. El vellocino se almacenaba en las lonjas hasta que se pasaba a los lavaderos. Esquiladas las ovejas, eran marcadas con un hierro en la peguera.

Enclavado en el pie de sierra castellano, esta hacienda ovejera fue parada obligada para los millones de merinas que durante siglos marcaron con sus trashumancias la vieja geografía ibérica. En sus viajes climáticos entre los agostaderos en las montañas norteñas y las invernadas en los valles extremeños y manchegos, los rebaños tenían en esto que hoy son meras ruinas su peculiar barbería.
Con una efervescencia que contrasta con la calma absoluta de estos tiempos, a lo largo del medievo decenas, en ocasiones cientos, de trasquiladores libraban a las reses del vellocino que fue sustento del imperio más grande jamás visto. Lo relata el historiador Menéndez Pidal, quien asegura que entre los siglos XV y XVI dos tercios de España se dedicaban a la ganadería ovejera, siendo la lana la principal actividad económica. Miles de personas, puede decirse que el país entero, en gran medida vivía de la lana.

Nada queda salvo agujeros en los muros, cochambre y silencio. En estos tiempos donde España cría ovejas merinas solo por su carne, despreciando el mejor vellocino del mundo, en el rancho de Santillana no hay más que agujeros y pintadas en los muros, cochambre y silencio. El silencio sin corderos. A pesar de ello, merece la pena visitar el lugar para entender la magnitud de aquella actividad gobernada por el Honrado Concejo de la Mesta, institución creada en 1273 y que fue ejemplo de rigor comercial y económico.
En torno al mes de mayo era cuando aquí se vivía la mayor actividad, llegando a trabajar en Santillana más de 300 personas. Esto obligó a la construcción de diferentes estancias como dormitorios, comedor, cocina y panadería. La actividad ovejera del rancho desapareció a mediados del siglo XX. Subastado en la Segunda República, pasó a propiedad particular y luego volvió a titularidad pública. Abandonado y utilizado como cantera se convirtió en la ruina que hoy es.
Cañada Real Soriana Occidental
Aspirantes al Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, las cañadas reales fueron declaradas por Alfonso X en el lejano 1273. Tuteladas por el Honrado Concejo de la Mesta de Pastores, estas vías pecuarias para ser reales debían tener más de 500 kilómetros. La Cañada Real Soriana Occidental es una de las más largas y apenas ha cambiado desde entonces, a pesar de que hace mucho que dejaron de pasar las merinas por sus parajes. Conserva su anchura de 90 varas, exactamente 72,22 metros, sin apenas ocupaciones en la práctica totalidad de sus 700 kilómetros diagonales.

Arranca en la provincia de Soria y recorre parte de las provincias de Segovia, avila, Salamanca y Cácres para terminar en la de Badajoz. También es denominada Cañada Real de la Vera de la Sierra.
La Calzada romana
La red de calzadas fue un importante pilar de cohesión del Imperio Romano, facilitando los desplazamientos y avance de las tropas entre las provincias, permitiendo la ocupación, el control administrativo y económico del territorio y romanizando los territorios conquistados. La calzada romana que pasa por el Puerto de la Fuenfría, fue construida en el siglo I a. C. para comunicar Segovia con las poblaciones del Sur de la Sierra de Guadarrama. Forma parte de La Vía no XXIV del ITINERARIO DE ANTONINO que unía las ciudades de Mérida y Caesar Augusta (Zaragoza).
Muy utilizada hasta la construcción de los nuevos puertos de Navacerrada y Guadarrama en el siglo XVII. Fue paso obligado de los cortejos reales hacia los palacios de Valsaín, La Granja y Riofrío, lo que motivó obras de mantenimiento.
La calzada romana parte de Baterías, al sur de la ciudad de Segovia, siguiendo la cañada del Cordel de Santillana atraviesa el piedemonte de la Sierra (pasando por el canal subterráneo del Acueducto de Segovia). Remonta la Sierra por el camino más favorable posible hasta el Puerto de La Fuenfría (1.796 m) y desciende por la vertiente Sur hasta el pueblo madrileño de Cercedilla.