En el año 2000 la población mundial ascendía a 6000 millones.
Hoy, 25 años después, apenas llegamos a los 150 millones de personas.
Solo tú puedes evitar la extinción de la humanidad.
Advertencia: Geocaching es un juego. Esta es una historia de ficción y cualquier dato reflejado puede estar manipulado para su disfrute.
EPISODIO 6 
La centinela
Huye donde puedas estar a salvo. No mires atrás.
Posiblemente, yo haría lo mismo.

Es curioso lo que se puede echar en falta. Una diría que lo que más desea de su anterior vida son los grandes lujos, las comidas de Navidad o, quien sabe, volver a revivir aquel crucero que hiciste hace años.
Nada más lejos de la realidad. En mi caso, ahora mismo, lo que añoro es una taza de buen café.

Hoy me ha vuelto a tocar guardia. Es un trabajo monótono y sucio, no apto para muchos. Mientras estoy aquí arriba veo deambular cuerpos sin alma que se agolpan a la entrada de nuestros edificios en busca de lo que aun se pueda saquear.
Soy Santamaría. Por aquí nos conocemos todos por el apellido. Formo parte de un grupo 22 supervivientes que trabajábamos en el hospital que atendió el último brote. Es curioso como tu vida puede dar un vuelco... hace tan solo unos meses me dedicaba a salvar gente y ahora les disparo a la cabeza.

Antes de huir pudimos hacernos con buena parte de material sanitario y con unas cuantas armas que conseguimos en uno de los motines que se dieron contra el ejército, que mantenía la orden de hacernos permanecer aislados. Por supuesto, una buena parte del suero experimental que se utilizó con éxito en algunos casos para neutralizar el virus, vino con nosotros.
Ahora vivimos en edificios atrincherados que ocupamos por la fuerza. La fórmula es básica: entramos, eliminamos formas de vida hostil (infectadas o no), agotamos sus recursos y nos movemos a otro. No me avergüenzo de ello, soy una superviviente nata.

Solemos buscar emplazamientos clave que nos permitan asegurar la zona desde sus azoteas. El mes pasado, nos ubicamos en uno desde el que podíamos vigilar tres tipos diferentes de vía. Fue lo más parecido que tuvimos a un hogar desde hacía un año: una cama cómoda, depósitos cargados de agua y una caldera con combustible suficiente para pasar un invierno.
Lástima que un fallo en nuestra seguridad permitiera entrar aquel grupo.
Pero nada similar pasará en mi turno. No lo permitiré. Y si para mantenerme despierta tengo que seguir recordando durante horas el aroma de una humeante taza de café, lo seguiré haciendo...
Aunque yo siempre tomara té.