
El acceso es algo complicado pero merece la pena acercarse sobre todo por el encanto que le proporciona. En ella se pueden ver los restos de una antigua ermita cosntruida en el siglo XIII y dedicada a San Clemente. Otra particularidad es que podemos con marea baja acceder a ella solo mojando los pies.
Es probable que la existencia de algún resto histórico en el pasado provocara la construcción de la capilla con motivo de sacralizar este lugar. En su fachada se abre una sencilla puerta adintelada que nada tiene que ver con las dos ventanas abocinadas de los muros laterales.
En el interior destaca el suelo que está cubierto con losas y sobre todo la hornacina del altar que forma un arco de medio punto. Por las características constructivas podríamos datar la ermita en los primera mitad del siglo XVIII aunque bien podría se algo más antigua como demuestra la existencia de este arco. Como dato curioso decir que la portada se orienta hacia el Este, al contrario de la mayoría de las construcciones cristianas.