El paciente trabajo de las aguas del río Escuriza sobre la piedra caliza logró tallar esta pequeña garganta con sus pozas o baciones en forma de caldero, de ahí el nombre de Las Calderas, sus saltos de agua, antaño aprovechados por el hombre para sus industrias y hoy apreciados como concurrido paraje por su encanto natural y la frescura que ofrece al paseante.
El Molino harinero de Las Calderas estaba situado aguas abajo de Gargallo, tenía derecho al uso de agua durante toda la noche. Se desconoce la fecha de construcción.