En un principio los cruceiros tenían un claro sentido religioso, y tenían las mismas funciones que cumplía la cruz durante los primeros siglos del cristianismo. Más tarde fueron sacralizando las encrucijadas y los caminos amparando y guiando a los viajeros, santificando los castros y otros lugares de antiguos ritos paganos. Señalaban la dirección a las iglesias y capillas a la vez que servía de prolongación del ámbito religioso en atrios y cementerios, protegían las cosechas y el ganado de los campos de la feria, valen de guía en los itinerarios de las peregrinaciones y de las romerías o también en las rutas de comerciantes y arrieros. También marcan los límites de municipios y otras jurisdicciones, presidiendo y adornando las plazas de las villas y señalando la entrada de pazos y casas señoriales.

Muchas veces los cruceiros se levantaron para dar gracias divinas, agradeciendo ayudas recibidas o satisfaciendo penitencias, solicitando oraciones por el beneficio personal o de las ánimas, recogiendo la devoción de los vecinos, acordándose de leyendas o hechos históricos o rememorando visitas de personajes civiles o religiosos. También se levantaron en los lugares donde hubo mala muerte, un hecho luctuoso o una supuesta aparición de la Santa Compaña.“Onde hai un cruceiro, houbo un pecado”

Leyendas
Persisten alrededor de algunos cruceiros, viejas costumbres que en tiempos antiguos estuvieron generalizadas en muchos ejemplares. En los cruceiros situados cerca de los puentes, por ejemplo, se hacían bautismos prenatales; alrededor de otros se hacían ritos de curación de meigallo (hechizos), de tangaraño (raquitismo) y de otras dolencias. También han estado presentes en los entierros de los pequeños muertos sin bautizar, de las reparticiones de las herencias familiares, del rezo de responsos de camino al cementerio o de ofrendas de los primeros frutos del campo. Algunos de ellos fueron testigos de penitencias de todo tipo.
En 2015 aún no hay un censo o inventario completo y riguroso de los cruceiros de Galicia. Se cree que existen entre 10.000 y 15.000 ejemplares. Es posible que el de Queizán sea uno no muy conocido.
Junto al cementerio, hay un "sartego" o tumba altomedieval escavada en la piedra.
