
Este caché forma parte de una serie dedicada a los cuentos infantiles. Con el pretendemos hacer un homenaje al personaje de Pinocho, escrita en 1882 por el italiano Carlo Collodi y popularizada por Walt Disney en 1940. Geppeto era un excelente carpintero, y una noche, al terminar un gracioso muñeco de madera, se quedó profundamente dormido. Una gran sorpresa aguardaba. ¡Despertó y el muñeco tenía vida! Quiso cuidarlo como a un niño: "Te llamaré Pinocho e irás a la escuela", le dijo Geppeto. Suspiró, pensando que Dios le había enviado el hijo que nunca tuvo. En un descanso de la escuela, Pepito Grillo, amigo de las Hadas, se presentó ante Pinocho y le dijo: "Tengo que cuidarte, pero te castigaré si mientes o cometes travesuras". Pinocho rió confiado, pero se escapó de clases uniéndose a dos rufianes: Don Zorro y Michi, con quienes vagó hasta llegar al puerto. Iban a robar en un barco y al ser descubiertos los sujetos huyen y el pobre Pinocho fue capturado, pero el hombre se apiadó ante el llanto del inocente muñeco. Ya libre, volvió a unirse con los malos amigos, quienes lo obligaron a vender sus libros para volver a casa. Hecho el trato, Don Zorro y Michi huyeron con el dinero, dejando a Pinocho en la más penosa soledad. Entonces se le volvió a presentar el buen Pepito Grillo y esta vez lo amenazó: "Te portaste mal y mentiste, de ahora en adelante te crecerá la nariz cada vez que mientas". Lloroso, Pinocho volvió a la escuela y cuando el maestro le preguntó por su ausencia, le mintió al decirle que estaba muy enfermo. Su nariz creció un tanto y sus compañeros no paraban de burlarse. Más triste aún, escapó de nuevo y vagó por las calles, siendo avistado por un sujeto que no dudó en llevarlo con él y encerrarlo en una jaula. "Serás sensación en mi circo, pero te pagaré sólo con comida", amenazó el sujeto, sorprendiéndose al ver que las orejas también le crecían “¡Está embrujado!”, gritó y lanzó la jaula a las frías aguas del mar. Pinocho creyó morir ahogado pero una fuerza descomunal lo elevó por los aires. Al calmarse todo, quiso ver en medio de la oscuridad: ¡Sorpresa! Estaba dentro de una ballena. Mas tarde, Pinocho llamó a su Hada y pidió perdón por sus mentiras y travesuras. Volvió donde Geppeto, quien lo recibió alborozado: “¡Eres un niño, ya no eres de madera!”. El Hada había cumplido y Pinocho sería el niño más bueno de la tierra. Moraleja: Aprende a elegir a tus compañeros