Las voces populares de los vecinos de villamayor cuentan que hubo una vez un joven, que decía oír suspiros y gemidos que sonaban acompasados y rítmicos a través de la pared de esta casita; eran como un canto contenido a duras penas, que sorteaba con limpieza la barrera de ladrillos y cemento con la que se construyen los tabiques. deseó que aquel sonido, que ganaba poco a poco en intensidad cuanto mas tiempo allí pasaba, no se detuviera nunca. Al principio, regresaba todos los días al anochecer y se sentaba junto a la casita para oír esa hermosa melodía. Poco a poco empezó a pasar mas y mas tiempo en este lugar hasta que enloqueció; solo tarareaba su preciada melodía que silenciaba cuando alguien se acercaba cual tesoro enfermizo y a así transcurrió el tiempo hasta que un buen día dejo de oír esa siniestra melodía. Poco después se quito la vida. Porque como el dijo: “Sin ella, mi vida ya no tiene sentido” . Y empezó a tararear una ultima vez su preciada melodía. Cuentan que si permaneces en este lugar en una noche de silencio absoluto puedes oír esa maravillosa melodía pero ya sabéis a el lo llevo a la locura y posteriormente a la muerte, ahora vosotros decidís que hacer.
Texto adaptado por HanfryBogart y Kirby de un microcuento anónimo llamado “sonidos”.