La Plaza del Pelícano se esconde entre el laberinto de calles del casco antiguo. Este caché nos lleva a los corralones de los artesanos, una zona muy genuina y original, donde se puede encontrar a los trabajadores ocupados en curiosas y variadas labores. Atravesar la puerta de acceso nos hace entrar en otra época, donde se mezcla el trabajo, el arte, las relaciones vecinales y el ambiente nocturno.
