El 26 de diciembre de 1726, Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Águila, inició los trabajos de construcción en esta alberca del Pueblo de La Cañada, para almacenar el agua de los manantiales que emanaban dentro de su extensión y transportarla hacia la capital de Queretaro. Para esto fue construido el Acueducto de Querétaro, edificación que atendió la inquietud de cinco monjas capuchinas que llegaron a Querétaro, en el año de 1721, para instaurar su convento y devoción. La inquietud era contar con agua cristalina y limpia para el consumo personal, ya que los manantiales y pozos en los alrededores resultaban mal sanos y se les atribuían riesgos antihigiénicos.
Siendo Don Juan Antonio protector y bienhechor de esta orden religiosa desde hace mucho tiempo, inmediatamente procedió a satisfacer la petición buscando el abastecimiento acuífero digno de la ciudad, por lo que encontró y utilizó finalmente en La Cañada el llamado “Ojo de Agua del Capulín”, llamado así debido a un árbol de esa fruta que crecía en su orilla.
Por las obras de excavación de esta alberca, la corriente llegó hasta cuatro mil “pajas”, siendo más o menos treinta litros por segundo. La alberca forma un polígono irregular de ocho lados. El muro que la circunda mide 167.20 mts de circunferencia y 2.50 mts de altura.
El 15 de octubre de 1735, la alberca de “El Capulín” se concluyó, llevando su torrente a la caja de agua en el Barrio de la Cruz, que se encuentra hasta la fecha en la ciudad capital de nuestro Estado.
En la alberca se encuentra un nicho donde esta la estatua del Sr. Marqués, que sirvió de modelo al escultor don Diego Almaraz y Guillén para realizar la escultura en cantera que se encuentra en la actual Plaza de Armas.
Actualmente en los alrededores de “La Alberca” hay áreas verdes donde se puede disfrutar de un día de campo o esparcimiento para la familia y junto a esta se encuentra la unidad deportiva de La Cañada