Orbelinda bajaba, casi a diario, a la Fuente Flores con su cántaro de barro cocido a recoger agua fresca para su casa. Daba igual que arreciase el frío viento del Norte o que el sol elevase la temperatura hasta los treinta y nueve grados. Cuando se terminaba el agua en casa, ella bajaba animosa y feliz hacia la fuente. Tanto le importaba que tuviese que hacer dos viajes, que nueve. Sus padres extrañaban tanta predisposición por parte de la muchacha, llegando a pensar que tendría alguna locura y punto. No andaban muy desencaminados los ancianos, pues Orbelinda ardía presa de una locura, de la locura del amor. Juan vivía con su familia en una pequeña masía, a menos de cuarenta pasos de la fuente. Era fuerte, de tez torneada al sol y brazos esculpidos en las huertas. Por las mañanas pasaba más de cinco horas trabajando los campos familiares, la viña era su vida y el trabajo le parecía durar minutos.
Aquella tarde Orbelinda bajó a la Fuente Flores con la incógnita de si podría cruzar su mirada con los azulados ojos de Juan. El sol ya empezaba a esconderse por el Oeste, por lo que el joven ya no estaría en el campo. Le entristecía pensar en la posibilidad de que, en uno de sus viajes, no se cruzara con su amado. Para su regocijo, el muchacho estaba en la puerta lateral de la casa, pinchaba la uva tratando de determinar el grado del vino que iba a elaborar. Su familia llevaba siete generaciones en el mundo de la viticultura y Juan ya tenía todo a punto para finalizar otra campaña más. Trabajaba a la sombra de una hermosa higuera de cinco varas de altura que podía divisarse desde los cuatro vértices de la casa. Cuando vio a Orbelinda se levantó y se quedó mirándola sonrientemente. El tiempo se detuvo y el breve cruce de sus ojos pareció durar más de siete minutos. Cuando reaccionó, el muchacho le dijo a la joven.
Esta higuera que ves en mi puerta,
no es más que el fruto de la constancia,
regada a diario como mi amor hacia ti,
nada le impide crecer y ser libre.
Tal es esa libertad que siente,
que si alguien le negase sus frutos,
produciría bellas y hermosas nueces,
rompiendo el yugo que le atase.
Como la higuera que produce nueces,
así de imposible sentía tu amor por mí.
Si me dices, Orbelinda, que no me quieres,
de tristeza y pena aquí me moriré.
Pero si das un paso y me abrazas,
nada imposible en nuestro amor quedará,
y arrancaré yo mismo una nuez de su rama,
que como muestra de compromiso perdurará.
Sobre el caché:
El caché no se encuentra en las coordenadas listadas, sin embargo no será muy complicado dar con las coordenadas verdaderas. Se trata de un contenedor de tamaño nano mimetizado en la historia. Debes llevar herramienta para estampar tu firma, sólo se dispone de logbook.
Debido a la basura que circunda la fuente, a pesar de sus frescas aguas y entorno natural, causado por la indecencia de la sociedad en la que vivimos que no respeta ni fuentes, ni senderos, he decidido esconder en un lugar un poco más alejado del vertedero en el que hemos convertido un lugar tan agradable, paso de una PR, junto al camino de Santiago (valenciano).
Puedes validar la solución a tu puzzle con
certitude.