No sólo la margen izquierda de la ría de Bilbao sufrió la fiebre de la minería del hierro de finales del siglo XIX y principios del XX, la zona de Castro-Urdiales también aprovechó la coyuntura para la extracción del preciado mineral. Con LEGADO MINERO descubriremos una parte importante de la historia de Castro-Urdiales al redescubrir cerca de 200 vestigios mineros recorriendo las 7 vías mineras (Traslaviña, Alén, Dícido, Setares, Piquillo, Chiquita y Sonabia) por las que se trasportaba el mineral desde las profundidades de la tierra a los cargaderos situados en los acantilados. Luego, desde allí, buques mercantes repartían el mineral por innumerables puertos de Europa, Cardiff, Newcastle, Liverpool, Dunkerke, Rotterdam...

En nuestro recorrido por los cachés de LEGADO MINERO nos acompañarán cuatro personajes de la "época de hierro" que nos irán dando pistas y nos ayudarán a resolver los caches. Gracias a ellos descubriremos historias de inhumano trabajo, de accidentes mortales, de la búsqueda del progreso a toda costa, historias de innovación constante, espionaje, voladuras, submarinos... ¿Estás preparado?

El ferrocarril costero del Piquillo
Cargadero, mina y depósitos
Cerca de Onton se sitúa el complejo minero del Piquillo. En él podemos encontrar tres depósitos de mineral, una pequeña mina con una bocamina espectacular y el cargadero del Piquillo. Estas instalaciones fueron construidas para dar salida al mar del mineral que se obtenía de las vecinas minas del Hoyo de Covarón, en Vizcaya.
La historia de estas minas comenzó en 1898 cuando se creó la Compañía Minera Chávarri Hermanos para explotar varias minas del coto que se sitúan entre Covarón y Ontón, en el límite con Cantabria. A lo largo de su historia cambió de dueños varias veces y antes de la Guerra de 1936, las minas las adquirió una empresa holandesa. Desde la década de 1950 pertenecieron al empresario castreño Vicente Elosúa.
Para el transporte del mineral se dispusieron de un ferrocarril de adherencia, de 0,70 m. de ancho de vía, que recorría 2,6 kms. a lo largo del acantilado, de esta longitud total, casi un kilómetro y medio discurría en el término municipal de Castro Urdiales.
Las minas de Covarón eran explotadas a cielo abierto, y de ellas se obtenía mineral de hierro de tipo rubio (hematites parda). Desde la lastras de Covarón el ferrocarril se dirige hacia Cantabria y atravesaba el Túnel de la Galerna (60 m.) para continuar por los acantilados de margas calizas de la ensenada del Rebombal. En esta zona, parte del firme de la vía se sujeta mediante muros de contención construidos en mampostería. Ya en el Piquillo, el ferrocarril llegaba a la zona de maniobras en las que se volcaban los depósitos de mineral; el más grande y reciente de ellos se conserva en relativo buen estado, y subsiste junto con otros restos mineros entre los que se distingue la plataforma en la que se apoyaba el cargadero de mineral del Piquillo.
El embarcadero del Piquillo fue diseñado por el arquitecto Alberto Palacio en el año 1894 y empezó a funcionar dos años después. Estaba formado por una viga metálica de 120 m. de longitud total y el tablero inferior se apoyaba sobre un macizo de mampostería. Disponía de 3 vías y una vertedera móvil de 25 m. de longitud y empuje manual, y hacia 1954 se modernizó con la incorporación de una cinta transportadora. Estuvo en uso hasta finales de los años sesenta, cuando fue destruido por un temporal.

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