El Cristo de Monteagudo.

Sobre la cima del cabezo y dominando el valle, encontramos esta obra monumental, que goza de gran devoción. Fue iniciada en el año 1921 e inaugurada el 31 de octubre de 1926 por el escultor Anastasio Martínez Hernández, en colaboración con su hijo el escultor Nicolás Martínez Ramón.
En 1936 acabó siendo destruida durante la guerra civil y restituida en 1951, reemplazando al primero, y con varios cambios, entre otros, el tamaño del actual siendo ahora mayor, por el escultor Nicolás Martínez Ramón, por el gobierno del régimen franquista.
Estaba formada por el Cristo con los brazos abiertos, las imágenes de San Francisco de Asís y de San Francisco Javier, dos indios en actitud orante y un relieve de Santa María de Alcoque en el pedestal, siendo su peso de 20 toneladas.
La historia.

El proyecto del monumento al Corazón de Jesús de Monteagudo lo inició en 1921 una comisión presidida por Isidoro de la Cierva. El 3 de julio del citado año se acordó que el 7 de agosto, festividad de San Cayetano, Patrono de Monteagudo, se colocase la primera piedra, y, en una nueva reunión del 16 de septiembre de 1922 se aprobó que José Planes fuese el autor de la imagen. Fue el 16 de diciembre de 1923, cuando se informó que Planes había realizado el boceto en Madrid, y que sería presentado en Murcia a finales de año. Fue expuesto en el trascoro de la Catedral y, de hecho, se organizó una serie de actos, con la finalidad de rendir culto al Corazón de Jesús, y protestar contra la blasfemia, a base de manifestaciones religiosas y procesiones, a las que los vecinos de la huerta murciana concurrieron en gran número.
El pueblo respondió en los actos religiosos organizados en torno a la maqueta de monumento, y en la celebración de otras solemnidades sobre el Sagrado Corazón, como el aniversario de su entronización en el Cerro de los Ángeles. También la ciudadanía depositaba sus aportaciones voluntarias para la erección de la gigantesca escultura de Monteagudo. A mediados de agosto de 1924, estaba a punto de concluir la instalación de los rieles para la elevación de los materiales. Planes se comprometía a dejar colocada la monumental escultura en el plazo de un año. Don José Maestre donó un cable de acero con fortaleza suficiente para elevar pesos de hasta tres mil kilos. Pese a todo, y para restar gastos -ya que tampoco se recaudaba todo lo necesario- surgió la polémica en torno a la reducción de las proporciones de la imagen, su posible realización en cemento y no en piedra, de lo que propio tesorero de la Junta, Antonio Meseguer, se mostraba partidario. Junto a esto, las opiniones distintas entre miembros de dicha junta y responsables del Apostolado de la Oración -organización implicada directamente en la erección del monumento- fueron, acaso, las causas que obligaron a que Planes eludiera su compromiso. Saltó también la noticia de que se había solicitado con anterioridad a Coullot Valera la realización de una imagen del Corazón de Jesús -a lo que estaba dispuesto-, de tres metros de altura, por 30.000 pesetas, pero que sería colocada sobre la fachada de la Catedral.
Hubo que esperar hasta el 19 de octubre de 1926, para que se confirmase que la inauguración de la colosal imagen se celebraría el 31 del mes en curso.En torno al Monumento, también se alzaban imágenes, de tres metros de altura, de la Virgen María, San Francisco de Asís, San Francisco Javier y Santa Margarita María Alacoque. La bendición e inauguración de la gran obra provocó la llegada a la capital de numerosos personajes y murcianos ausentes, así como la concurrencia hasta Monteagudo de romerías desde numerosas pedanías.
Habrían de pasar varios años -hasta el 10 de enero de 1929- para encontrar de nuevo el nombre de Martínez García, unido a esta obra. Como secretario de la Junta Diocesana para la Conservación del Monumento, Martínez García publicaba una carta en la que se lamentaba de que, debido al déficit alcanzado durante la construcción, todavía no se había podido asegurar la conveniente custodia y protección de dicho monumento. Por esto se comenzó a construir un santuario, para albergar una comunidad religiosa, que atendiera la seguridad del lugar. También se proyectaba instalar un reformatorio para niños, dirigido por los mismos religiosos.
En 1936 acabó siendo destruida durante la guerra civil y restituida en 1951, reemplazando al primero, y con varios cambios, entre otros, el tamaño del actual siendo ahora mayor, por el escultor Nicolás Martínez Ramón, por el gobierno del régimen franquista.
La polémica.

El Cristo de Monteagudo –Sagrado Corazón– ha experimentado una gran polémica a partir del año 2010. La controversia surgió después de que el colectivo de juristas Asociación Preeminencia del Derecho solicitase a la Delegación del Gobierno en Murcia la retirada de la simbólica estatua. La solicitud, encabezada por el letrado José Luis Mazón, argumenta su petición en la aconfesionalidad del Estado y pide que se proceda a la eliminación de dicha estatua que, erróneamente, aludiendo a que desde 1951, pervive "como reliquia del totalitarismo católico impuesto por el régimen de Franco, sobrevive sobre el castillo musulmán de Monteagudo, cuya belleza destroza" cuando la obra es anterior. El propio alcalde de Murcia, don Miguel Ángel Cámara, ha decidido salir en defensa del Cristo, al cual ha propuesto declarar como Bien de Interés Cultural. Además, los vecinos de este pueblo murciano han realizado diversas manifestaciones con el objetivo de que no les quiten lo que representa un sentimiento religioso muy arraigado en la historia y cultura popular además de ser un símbolo característico de la pedanía.
La polémica ha sido zanjada por la Sentencia del Tribunal Supremo de 4 de marzo de 2013, que señala que dicha estatua forma parte no sólo de la simbología religiosa tradicional de la ciudad de Murcia, sino de su propia fisonomía cultural, pues así lo ha querido el consenso social. Se descarta que el Estado haya privilegiado a la religión católica en detrimento de otras creencias o confesiones, ya que la tradición cultural del símbolo que supuestamente habría determinado la falta de neutralidad del Estado prima sobre su connotación religiosa; razón por la que el símbolo debe ser respetado y preservado, al igual que cualesquiera otros símbolos, sean o no religiosos, que formen parte de la cultura tradicional y del arraigo del pueblo español.
DESCRIPCIÓN DEL CACHÉ
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SITUACIÓN DEL CACHÉ
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