La ermita de San Román de Moroso es una muestra bella y genuina del arte mozárabe o de repoblación en la región cántabra.
En una hondonada recóndita de los montes de Bostronizo y en un paraje encantador plagado de robles por donde discurre un arroyo silente, se erige esta pequeña ermita -apenas

alcanza los doce metros de longitud y los seis de anchura- cuya datación posiblemente es del siglo X, aunque se desconoce documentación alguna que lo confirme. En cambio, el primer documento que avala la existencia del monasterio de Moroso data de 1119, año en que la reina doña Urraca dona la propiedad al monasterio de Santo Domingo de Silos. Quizás esta pequeña fábrica formara parte del antiguo cenobio, emblema religioso del valle de Iguña durante el Medievo. La tradición recuerda que la reina, en su retiro, vivió en el monasterio y que a su muerte fue enterrada en el mismo. D. Ramón Morais, alcalde de Arenas de Iruña, nos informa de que parece ser que Doña Urraca fue desterrada por su padre y vino a Anievas con su séquito y los habitantes del pueblo no la soportaban, la molestaban tocando las campanas de la iglesia de dicho pueblo noche y día y es por ello que se fue a vivir con los monjes; entonces los mozos de Anievas subieron otro piso en la espadaña de su iglesia para que los sonidos le llegaran a Moroso. También nos comenta que Juan de Herrera, el arquitecto del Escorial, decía que San Román de Moroso era uno de los lugares mágicos de España.
Es una construcción sólida de proporciones regulares y de perfecta adecuación de sus volúmenes. El edificio, a dos aguas, es de

piedra de
sillería con piezas bien escuadradas en las esquinas y
jambas de los vanos unidas en su mayoría sin argamasa. En el resto de los sólidos muros las hiladas de sillarejos están dispuestas "a soga y tizón", es decir, alternando las piezas de piedra en sentido transversal y longitudinal.
La cabecera está orientada hacia el este y una puerta de
arco de herradura, en el muro norte, da acceso al interior del templo. Esta orientación es poco habitual, acaso determinada por la morfología desigual del terreno. El
ábside es cuadrangular rematando el
hastial una
espadaña de construcción posterior. El alero del tejado se sostiene con
modillones de lóbulos, adornados con cruces esvásticas, discos solares y flores de cuatro y seis pétalos. Tanto los motivos vegetales como los geométricos son, en su origen, representaciones profanas, aunque cristianizadas más tarde por los visigodos y, finalmente, recogidas por los mozárabes.
El interior lo conforma una sola nave rectangular y notablemente alta con armadura de madera. La iluminación natural es escasa ya que sólo proviene de dos saeteras abiertas en el muro sur. Un arco triunfal de herradura, con
cimacios escalonados, da

paso a un exiguo ábside casi cuadrangular cubierto con bóveda de cañón. Lampérez cree que el ábside tenía planta de herradura. En el muro frontal del mismo se abre una ventana de "ojo de cerradura" enmarcada en cruz patada.
El arco triunfal ha sido reconstruido por lo que carece de cancel e iconostasio que, en el rito mozárabe, separaba con cortinas el presbiterio de la nave para que los fieles no pudieran ver al oficiante en el momento de la consagración. Los cimacios son los originales, sin embargo han desaparecido tanto los
capiteles como las columnas que los sustentaban. En las excavaciones llevadas a cabo en 1980 se localizaron en su entorno una necrópolis altomedieval y un capitel que podría ser del arco triunfal.
Aunque está considerada como una iglesia mozárabe del siglo X y se la relaciona con
Santa María de Lebeña, situada también en Cantabria pero muy al oeste de Bostronizo, lo cierto es que, excepto en la similitud de los modillones que soportan el tejado en ambas, existen grandes diferencias estilísticas entre ellas. En efecto, mientras toda la estructura de Lebeña, formada por nueve compartimentos abovedados, separados por columnas y capiteles que soportan arcos de herradura, en un diseño complejo que recuerda

a las iglesias cruciformes visigodas y a
Santa María de Wamba, San Román de Moroso está formada únicamente por una nave y un ábside rectangulares y la nave está cubierta en madera. Sin embargo su calidad de construcción es comparable a la de los mejores edificios visigodos y mozárabes.
Por otro lado, mientras la decoración de Lebeña entronca con toda la escultura de la escuela mozárabe astur-leonesa que encontramos en monumentos tan significativos como
San Miguel de Escalada o
Santiago de Peñalba, la poca decoración que se conserva de nuestra ermita, excepto los modillones, es muy diferente. Otro tema a tener en cuenta al analizar esta iglesia es el hecho de que tiene la puerta en el costado norte, lo que sólo encontramos en otra construcción mozárabe muy especial -San
Baudelio de Berlanga-, estando situada en todas las demás en el costado sur. Ni siquiera es posible conocer la estructura original de sus dos arcos de herradura, que se han restaurado con una gran prolongación, como en el mozárabe leonés, pero que podrían haber sido más abiertos
El resultado final es que nos encontramos ante un edifico muy diferente al mozárabe creado en la zona occidental de la reconquista y con una estructura muy semejante a gran parte del arte de repoblación de la oriental, como la ermitas de
Santas Céntola y Elena y de la
Virgen del Cerro o
San Vicente del Valle, todas ellas en la provincia de Burgos. Sin embargo los modillones son claramente de la misma familia que los del mozárabe leonés. Todo ello nos lleva a considerar la posibilidad de una reconstrucción en el siglo X de un edificio anterior, como planteamos para las iglesias burgalesas mencionadas, o al menos una construcción en dos fases, comenzada en el sencillo estilo de repoblación y utilizando ya modillones del más puro mozárabe en la cubierta.