Nos llaman “pepineros” a los de Leganes y estamos orgullosos de ello. Sabemos que es porque antaño había muchas huertas de pepinos, pero Leganés no era el único pueblo que recolectaba este producto. Entonces, ¿por qué nosotros nos quedamos con ese sobrenombre?
Como la mayoría de pueblos, Leganés vivió de la agricultura hasta bien entrado el S.XX, ya que gran parte de la producción que obtenía, era llevada al Mercado Central de Madrid, situado en la actual Plaza de la Cebada de la capital. Allí se vendía todo tipo de hortaliza, pero eran los pepinos los que realmente destacaban por su calidad y su exquisito sabor. De echo, los sirvientes de la Corte Real, iban asiduamente a la plaza expresamente a comprarlos, ya que, según el periodista Raul del Pozo, “el rey Carlos III solo quería en su ensalada los famosos pepinos de Leganés, porque eran los únicos que no le hacían daño en el estómago y tenían un sabor muy especial”.
Con ello, los hortelanos de Leganés ganaron mucha fama, tanta que, cuando llegaban al mercado madrileño, se formaba gran revuelo y la gente gritaba: “¡ya llegan los pepineros!”.
Hoy en día, el aumento de la población ha hecho que las viejas huertas dieran paso a nuevos edificios, perdiendo, así, la tradición agrícola. Solo unos pocos vecinos conservan con cariño pequeños terrenos donde, además de tomates y ajos, siguen sembrando la misma variedad de pepinos que tanta fama dieron a Leganés.