Los árboles que contemplamos son hermosos, seguramente porque sus pies chapotean en la pequeña rambla que los atraviesa. Quizá por eso, parece que se han remangado los pantalones; seeguramente por lo que estos dos ejemplares han crecido tanto. Y yacen medio tumbados, como remoloneando en este microespacio que han creado bajo ellos, dando sombra y abrazo a quien quiera acercarse; cediendo sus ramas para dejarse escalar; ofreciendo sus raíces como cobijo y amparo para otras especies.
Atamaría se llena de pinos. Aquí conviven el Pino Carrasco, el Pino Silvestre y el Pino Piñonero, junto con otra especie muy cercana, el Sabina Mora (el ciprés cartagenero, característico y único de esta zona, que comparte ubicación sólo con el norte de África).

Es un árbol de hoja perenne, en forma de agujas punzantes, dispuestas por pares. Su tronco es de corteza agrietada, con ramas ascendentes en forma casi de pirámide, lo que le da ese aspecto tan característico cuando son jóvenes. Al crecer, suele alcanzar los 25 m de altura aunque, en buenas condiciones, puede llegar hasta los 40 m. Entonces, el tronco suele perder las ramas de abajo, quedando las ramas más altas, cambiando su aspecto a esa forma de óvalo, o incluso más desgarbada, dependiendo de los efectos medioambientales que pueden afectarle, como el viento, las aguas y los terrenos inclinados, que tienden a modificar su configuración.
Su fruto es otra de sus características: la piña, casi un cono puntiagudo, leñoso, que tardan unos dos años en madurar. Pueden crecer solitarias o por parejas o tríos. A veces, salen tan juntas que forman una especie de racimos, y la rama sucumbe a su peso.
Los pinos son árboles generosos, siempre dispuestos a dar: sombra, frescor, madera, piñones, resina, leña, brea, mantillo, árboles de navidad, aceites y esencias... Por eso hoy, de este humilde modo, queremos hacer nuestro homenaje al pino, que nos tiene tan bien acostumbrados.
EL CACHÉ
Se trata de un caché pequeño/mediano, con cosas para intercambiar. Lleva MUCHO CUIDADO con las ramas bajas, que son puntiagudas y pueden causarte un buen coscorrón, sobre todo, al levantarte. Será fácil de encontrar. Es nuestro modo de hacer nuestra particular reverencia a esta especie tan singular.
La zona puede llegar a ser muy transitada, tanto por senderistas como por ciclistas, en determinadas épocas del año, especialmente en verano y fines de semana, ya que se encuentra en un punto de aparcamiento para acceder a Atamaría, Batería de Cenizas, Camino del Llano del Beal, Calzada Romana... Por ese motivo, es primordial prestar atención a que quede completamente tapado y bien anclado, cuando lo dejes en su sitio. Y presta atención también a que quede perfectamente cerrado, para evitar que entre el agua.