
La cumbre del monte Zalama es singular por ser el punto donde convergen las fronteras de tres provincias: Vizcaya, Burgos y Cantabria. Pero también es singular por albergar un pequeño, raro y valioso ecosistema: una turbera de tipo cobertor.
Esta turbera es un depósito higroturboso, de unas 4,2 hectáreas de extensión, cuyo carácter excepcional viene determinado por su formación (proceso de paludificación: conversión de un terreno originariamente seco en un terreno cenagoso a causa de unas condiciones climáticas específicas –abundantes lluvias y humedad a lo largo de todo el año– que favorecen esta transformación), procedencia del agua que lo alimenta (atmosférica y no freática o edáfica) y topografía de su emplazamiento (se adapta y refleja fielmente la topografía del terreno donde se halla emplazada).
Presenta un espesor que oscila entre el medio metro y los dos metros de profundidad. El tapiz vegetal que cubre la superficie del depósito turboso, está integrado por diferentes especies de brezo, juncos, hierbas algodoneras y musgos.
De todas las turberas existentes en el mundo, sólo un 3% es de tipo cobertor, hecho que refuerza el interés científico y valor natural de este recurso.