
Bien es sabido por todos que numerosas e indiscutibles son las virtudes culinarias de la comarca de Calatayud. Los geocachers más tradicionales se decantarán por sus escabechados, truchas con jamón o sus garbanzos con congrio y huevos escalfados, sin olvidar a sus artesanos fardeles, longanizas, chorizos, güeñas y morcillas.

Otros destacarán sus sabrosas cerezas, manzanas reinetas o uvas garnachas. Y es seguro que los más lamineros sucumbirán ante sus bizcochos de suela, guirlaches o al amargo y delicado chocolate que puede bañar las tan conocidas frutas de Aragón, acompañados de sus nobles y afamados vinos, o de las múltiples propiedades curativas de sus aguas minerales.

Y es que son muchas las delicadas viandas que puede ofrecernos esta tierra, pero hoy queremos centrarnos en sus ternascos. Esas paletillas sazonadas con laurel, tomillo y ajo, asadas lentamente con pataticas a lo pobre no tendrían cabida de no ser por la crianza de buenos corderos.
Los cordericos de esta zona son tiernos, leales y todo corazón. No hay mas que verles la carica, pastorear un poco con ellos y entrar en sus corrales para entender lo delicado y sabroso de sus carnes.
Criadas con un mimo y dedicación dignos sólo de este pueblo, se consiguen unas ovejas llenas de buenos sentimientos, capaces de trasmitir a través de su carne, bocado a bocado, semejantes valores y crianza .
Quizá sean las aguas termales, quizá las margaritas que los rodean, o los azules cielos que cobijan tan rojizas tierras... pero de lo que no cabe duda, es que hacen de éste nuestro plato favorito.

