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#71 Steampunk Wherigo Cache

Hidden : 8/27/2017
Difficulty:
1.5 out of 5
Terrain:
1.5 out of 5

Size: Size:   micro (micro)

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Geocache Description:

Glifo para los que les gusta disfrutar de los Power Trail. Está formado por 118 cachés. La ruta discurre por una pista forestal alrededor de Las Majadas. Toda la ruta se puede hacer en coche. En los cachés situados después del mirador (tramo Sur Este) es necesario llevar un vehiculo todo camino.



No, si estuviéramos demasiado alejados y con el barco entre dos aguas. -¿Y en ese caso? -En ese caso, trataría de apoderarme de la canoa. Sé cómo hay que maniobrar para ello. Nos introduciríamos en el interior, y una vez quitados los tornillos, remontaríamos a la superficie sin que tan siquiera el timonel, situado a proa, se diera cuenta de nuestra huida. -Bien, Ned. Pues aceche esa ocasión, pero no olvide que un fracaso sería nuestra perdición. -No lo olvidaré, créame. -Y ahora, Ned, ¿quiere conocer mi opinión sobre su proyecto? -Naturalmente, señor Aronnax. -Pues bien, pienso (no digo espero) que esa ocasión favorable no va a presentarse. -¿Por qué? -Porque el capitán Nemo no puede ignorar que no hemos renunciado a la esperanza de recuperar nuestra libertad, y por tanto se mantendrá en guardia, sobre todo en las proximidades de las costas europeas. -Estoy de acuerdo con el señor -dijo Conseil. -Ya veremos -respondió Ned Land, que movía la cabeza en un gesto de determinación. -Y ahora, Ned, dejemos esto. Ni una palabra más sobre ello. El día que esté usted dispuesto, nos lo dirá y nosotros le seguiremos. Lo dejo en sus manos. Así terminó esta conversación, que habría de tener más tarde tan graves consecuencias. Debo decir que los hechos parecieron confirmar mis previsiones, para desesperación del canadiense. ¿Desconfiaba de nosotros el capitán Nemo en esos mares tan frecuentados, o queria simplemente no ofrecerse a la vista de los numerosos barcos de todas las nacionalidades que surcan el Mediterráneo? Lo ignoro, pero lo cierto es que se mantuvo la mayor parte del tiempo en inmersión y a gran distancia de la costa. Cuando emergía, lo hacía tan sólo mínimamente, asomando la cabina del timonel, pero con más frecuencia se sumergía a grandes profundidades, pues entre el archipiélago griego y el Asia Menor no hallábamos fondo a dos mil metros. Así, sólo supe de la proximidad de la isla de Cárpatos, una de las Espórades, por el verso de Virgilio que me recitó el capitán Nemo al tiempo que posaba su dedo en un punto del planisferio: Est in Carpathio Neptuni gurgite vates Caeruleus Proteus... Era, en efecto, la antigua residencia de Proteo, el viejo pastor de los rebaños de Neptuno, y la actual isla de Escarpanto, situada entre Rodas y Creta. Tan sólo pude ver su basamento granítico a través de los cristales del salón. Al día siguiente, 14 de febrero, decidí emplear algunas horas en estudiar los peces del archipiélago, pero por un motivo desconocido las portillas permanecieron herméticamente cerradas. Por la dirección del Nautilus observé que marchaba hacia Candía, la antigua isla de Creta. En el momento en que embarqué abordo del Abraham Lincoln, la población de la isla acababa de sublevarse contra el despotismo turco. Ignoraba absolutamente lo que hubiera acontecido con esa insurrección, y no era el capitán Nemo, privado de toda comunicación con tierra firme, quien hubiera podido informarme. No hice, pues, ninguna alusión a tal acontecimiento cuando, por la tarde, me hallé a solas con él en el salón. Por otra parte, me pareció taciturno y preocupado. Luego, contrariamente a sus costumbres, ordenó abrir las dos portillas del salón y yendo de una a otra observó atentamente el mar. ¿Con qué fin? Era algo que no podía yo adivinar, y por mi parte me puse a observar los peces que pasaban ante mis ojos. Entre otros muchos vi esos gobios citados por Aristóteles y vulgarmente conocidos con el nombre de lochas de mar, que se encuentran particularmente en las aguas saladas próximas al delta del Nilo. Cerca de ellos evolucionaban pagros semifosforescentes, especie de esparos a los que los egipcios colocaban entre los animales sagrados, y cuya llegada a las aguas del río, anunciadora de su fecundo desbordamiento, era celebrada con ceremonias religiosas. Vi también unos déntalos de tres decímetros de longitud, peces óseos de escamas transparentes, de un color lívido mezclado con manchas rojas; son grandes devoradores de vegetales marinos, lo que les da ese gusto exquisito tan apreciado por los gastrónomos de la antigua Roma, que los pagaban a alto precio. Sus entrañas, mezcladas con el licor seminal de las murenas, los sesos de pavo real y las lenguas de los fenicópteros, componían ese plato divino que tanto gustaba al emperador Vitelio. Otro habitante de esos mares atrajo mi atención y me hizo rememorar la Antigüedad. Era la rémora, que viaja adherida al vientre de los tiburones. Al decir de los antiguos, este pequeño pez, adosado por su ventosa a la quilla de un navío, podía detener su marcha, y uno de ellos, al retener así la nave de Antonio durante la batalla de Actium, facilitó la victoria de Augusto. ¡De lo que depende el destino de las naciones! Vi también admirables antias, pertenecientes a la familia de los pércidos, peces sagrados para los griegos, que les atribuyen el poder de expulsar a los monstruos marinos de las aguas que frecuentaban; su nombre significa ‘flor’, y lo justificaban por sus colores bellísimos, que recorrían toda la gama del rojo, desde el rosa pálido hasta el brillo del rubí, y los fugitivos reflejos que tornasolaban su aleta dorsal. Mis ojos no podían apartarse de esas maravillas del mar, cuando súbitamente vieron una insólita aparición. La de un hombre en medio de las aguas, un hombre con una bolsa de cuero en su cintura. No era un cuerpo abandonado al mar, era un hombre vivo que nadaba vigorosamente. El hombre apareció y desapareció varias veces. Ascendía para respirar en la superficie y buceaba nuevamente. Me volví hacia el capitán Nemo, emocionado: -¡Un hombre! ¡Un náufrago! ¡Hay que salvarle a toda costa! El capitán no me respondió y se acercó al cristal. El hombre se había aproximado también y, con la cara pegada al cristal, nos miraba. Profundamente estupefacto, vi cómo el capitán Nemo le hacía una señal. El buceador le respondió con un gesto de la mano, ascendió inmediatamente a la superficie y ya no volvió más. -No se inquiete -me dijo el capitán-. Es Nicolás, del cabo Matapán, apodado «El Pez». Es muy conocido en todas las Cícladas. Un audaz buceador. El agua es su elemento. Vive más en el agua que en tierra, yendo sin cesar de una isla a otra y hasta a Creta. -¿Le conoce usted, capitán? -¿Por qué no, señor Aronnax? Dicho eso, el capitán Nemo se dirigió hacia un mueble situado a la izquierda del salón. Al lado del mueble había un cofre de hierro cuya tapa tenía una placa de cobre con la inicial del Nautilus grabada, así como su divisa Mobilis in mobile. Sin preocuparse de mi presencia, el capitán abrió el mueble, une especie de caja fuerte, que contenía un gran número de lingotes. Eran lingotes de oro. ¿De dónde procedían esos lingotes que representaban una fortuna enorme? ¿Dónde había obtenido ese oro el capitán y qué iba a hacer con él? Sin pronunciar una palabra, le miraba. El capitán Nemo cogió uno a uno los lingotes y los colocó metódicamente en el cofre de hierro hasta llenarlo por completo. Yo evalué su peso en más de mil kilogramos de oro, es decir, en unos cinco millones de francos.


Geocachingspain

Additional Hints (Decrypt)

Ire sbgb Fcbvyre

Decryption Key

A|B|C|D|E|F|G|H|I|J|K|L|M
-------------------------
N|O|P|Q|R|S|T|U|V|W|X|Y|Z

(letter above equals below, and vice versa)