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#92 Steampunk Wherigo Cache

Hidden : 8/27/2017
Difficulty:
1.5 out of 5
Terrain:
1.5 out of 5

Size: Size:   micro (micro)

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Geocache Description:

Glifo para los que les gusta disfrutar de los Power Trail. Está formado por 118 cachés. La ruta discurre por una pista forestal alrededor de Las Majadas. Toda la ruta se puede hacer en coche. En los cachés situados después del mirador (tramo Sur Este) es necesario llevar un vehiculo todo camino.



En aquella desolada naturaleza reinaba un silencio ominoso, feroz, apenas rasgado por los aleteos de los petreles. Todo, hasta el ruido, estaba allí congelado. El Nautilus debió detenerse, pues, en su aventurera marcha por los campos de hielo. -Señor -me dijo aquel día Ned Land-, si su capitán llega más lejos... -¿Qué? -Será un superhombre. -¿Por qué, Ned? -Porque nadie puede atravesar la gran banca de hielo. Es muy poderoso su capitán, pero, ¡mil diantres!, no es más poderoso que la Naturaleza, y allí donde ésta pone sus límites hay que detenerse, quiérase o no. -Así es, Ned Land, y, sin embargo, yo hubiera querido saber lo que hay detrás de esta gran banca. Un muro, eso es lo que más me irrita. -Tiene razón el señor -dijo Conseil-. No se han inventado los muros más que para exasperar a los sabios. No debería haber muros en ninguna parte. -¡Bah! -exclamó el canadiense-. Lo que hay detrás es bien sabido. -¿Qué es? -pregunté. -Hielo y más hielo. -Usted está seguro de eso, Ned -repliqué-, pero yo no lo estoy. Por eso es por lo que querría ir a verlo. -Pues ya puede usted ir renunciando a esa idea, señor profesor. Ha llegado usted ante la gran banca, lo que ya está bien, y no irá usted más lejos, como tampoco su capitán Nemo ni su Nautilus. Quiéralo él o no, tendremos que regresar hacia el Norte, es decir, a donde vive la gente normal. Debo convenir que Ned Land tenía razón, que mientras los barcos no estén hechos para navegar sobre los campos de hielo tendrán que detenerse ante la gran banca. En efecto, pese a sus esfuerzos, pese a los potentes medios empleados para romper los hielos, el Nautilus se vio reducido a la inmovilidad. Por lo común, a quien no puede ir más lejos le queda la solución de retroceder. Pero allí retroceder era tan imposible como avanzar, pues los pasos se habían cerrado tras nosotros, y por poco tiempo que permaneciera nuestro aparato estacionario no tardaría en quedar totalmente bloqueado. Eso es lo que ocurrió hacia las dos de la tarde, cuando el hielo comprimió sus flancos con una asombrosa rapidez. La conducta del capitán Nemo me pareció sobrepasar los límites de la imprudencia. Me hallaba yo en la plataforma cuando el capitán, que observaba la situación desde hacía algunos instantes, me dijo: -¿Qué piensa usted de esto, señor profesor? -Creo que estamos atrapados, capitán. -¡Atrapados! ¿Por qué lo cree así? -Sencillamente, porque no podemos ir ni hacia adelante ni hacia atrás ni hacia ningún lado. Y esto es, creo yo, lo que se llama estar «atrapados», al menos en los continentes habitados. -¿Piensa usted, pues, señor Aronnax, que el Nautilus no podrá liberarse? -Muy difícil lo veo, capitán, pues la estación está ya demasiado avanzada para poder esperar que se produzca el deshielo. -Siempre será usted el mismo, señor profesor -respondió el capitán Nemo en un tono irónico-. No ve usted más que impedimentos y obstáculos. Pues yo le aseguro que el Nautilus no sólo se liberará, sino que incluso irá aún más lejos. -¿Más lejos? ¿Hacia el Sur? -le pregunté, mirándole fijamente. -Sí, señor. Irá al Polo. -¡Al Polo! -exclamé, sin poder ocultar mi incredulidad. -Sí -respondió fríamente el capitán-, al Polo Antártico, a ese punto desconocido en que se cruzan todos los meridianos del globo. Usted sabe que yo hago con el Nautilus lo que quiero. Sí, lo sabía. Sabía también de su audacia, una audacia hasta la temeridad. Pero vencer esos obstáculos que se levantan ante el Polo Sur, más inaccesible aún que el Polo Norte todavía no alcanzado por los más audaces navegantes, ¿no era una empresa absolutamente insensata, que sólo el espíritu de un loco podía concebir? Se me ocurrió entonces preguntarle si ya había descubierto ese Polo jamás hollado por el pie de una criatura humana. -No, señor -me respondió-, y lo descubriremos juntos. Allí donde otros han fracasado no fracasaré yo. Nunca he llevado a mi Nautilus tan lejos por los mares australes, pero, se lo repito, ira aún más lejos. -Quiero creerle, capitán -le dije, en un tono un tanto irónico-, y le creo. ¡Vayamos hacia adelante! ¡No hay obstáculos para nosotros! ¡Rompamos esta masa de hielo! ¡Hagámosla saltar! Y si resiste, démosle alas al Nautilus para que pueda pasar por encima. -¿Por encima? -dijo tranquilamente el capitán Nemo-. No, señor profesor, no por encima, sino por debajo. -¡Por debajo! -exclamé. Acababa de iluminar mi mente la súbita revelación de los proyectos del capitán. Comprendí que las maravillosas posibilidades del Nautilus iban a servirle una vez más en tan sobrehumana empresa. -Veo que empezamos a entendernos, señor profesor -me dijo el capitán, esbozando una sonrisa-. Ya empieza usted a entrever la posibilidad (el éxito, diré yo) de esta tentativa. Lo que es impracticable para un navío ordinario es fácil para el Nautilus. Si el Polo se halla en un continente, se detendrá ante ese continente, pero si, por el contrario, está bañado por el mar libre irá hasta el mismo Polo. Arrastrado, excitado por el razonamiento del capitán, dije: -Claro, si la superficie del mar está solidificada por los hielos, sus capas inferiores están libres, por esa razón providencial que ha colocado en un grado superior al de la congelación el máximo de densidad del agua marina. Si no me equivoco, la relación entre las masas de hielo sumergidas y las emergentes es la de cuatro a uno, ¿no es así? -Poco más o menos, señor profesor. Por cada pie por encima del mar, los icebergs tienen tres debajo. Y puesto que estas montañas de hielo no sobrepasan los cien metros de altura, la parte sumergida debe ser de unos trescientos metros. ¿Y qué son trescientos metros para el Nautilus? -Nada. -El Nautilus podrá incluso ir a buscar a una profundidad aún mayor la temperatura uniforme de las aguas marinas, y allí podremos desafiar impunemente los treinta o cuarenta grados de frío de la superficie. -En efecto, así es -dije, animándome cada vez más. -La única dificultad -prosiguió el capitán Nemo- será la de permanecer varios días sumergidos sin poder renovar nuestra provisión de aire. -¡Si no es más que eso ... !. El Nautilus tiene vastos depósitos. Los llenaremos y nos proveerán de todo el oxígeno que podamos necesitar. -Bien dicho, señor Aronnax -respondió, sonriendo, el capitán-. Pero no quiero que pueda acudas mis objeciones. -¿Le queda alguna más? -Una sola. Si el Polo Sur se halla en el mar, es posible que el mar esté enteramente congelado y que no podamos salir a su superficie. -Capitán, olvida usted que el Nautilus está armado de un temible espolón. ¿Es que no podremos lanzarlo diagonalmente contra esos campos de hielo y abrirlos con la fuerza del choque? -¡Vaya, señor profesor! Veo que hoy tiene usted ideas. -Además, capitán -añadí, cada vez más ganado por el entusiasmo-, ¿por qué no habría de hallarse el mar libre en el Polo Sur como en el Polo Norte? Los polos del frío y los polos terrestres no se confunden ni en el hemisferio austral ni en el boreal y, mientras no se pruebe lo contrario, puede suponerse que ambos puntos se hallen en un continente o en un océano libres de hielos.


Geocachingspain

Additional Hints (Decrypt)

Ire sbgb Fcbvyre

Decryption Key

A|B|C|D|E|F|G|H|I|J|K|L|M
-------------------------
N|O|P|Q|R|S|T|U|V|W|X|Y|Z

(letter above equals below, and vice versa)