En este desafío os queremos dar dos opciones para registrar el cache.
OPCIÓN DE REGISTRO 1
El principal atractivo de este cache y el cual no os podéis perder, esta en entrar dentro de los depósitos de la"BRITANICA", y buscar un contenedor oculto allí.
Para entrar debéis acceder por una puerta enrejada que por ahora esta rota y es accesible, (búscala en los Waypoints). Muy probablemente en el futuro sea reparada por lo cual a no ser que el ayuntamiento realice otra de sus jornadas de puertas abiertas, sera imposible acceder. Deberás en ese caso registrar con la opción 2
ATENCION.
!!!!!La puerta mas accesible a sido cerrada¡¡¡¡ Por lo tanto ya no puedes acceder de una manera convencional o fácil al interior. Aun así si te empeñas sigue habiendo otra entrada de muy difícil acceso pues esta en alto y aunque se podría subir fácilmente, el problema seria como bajar después, pero si eres un todo terreno, esa es tu opción para entrar. Te dejo un Waypoint "ENTRADA 2 no recomendada"
Puesto que no hay cobertura, ni de móvil ni GPS, es imprescindible que descargues o imprimas el plano adjunto en la galería. También debes llevar descargada la foto spoiler del escondite del cache.
Imprescindible que para entrar lleves linterna con batería revisada, un casco y una mascarilla para no respirar la gran cantidad de polvo que se genera en el interior al andar.
No vengas con niños
Avisa a alguien de tu intención de acceder a este lugar, o vente acompañado. Hay riesgo de lesionarte, y se pasara algo tardarían semanas en encontrarte.
OPCIÓN DE REGISTRO 2
En el caso que consideréis que no es apropiado entrar allí os dejamos la opción de subir la montaña y registrar el cache en otro contenedor alternativo puesto en la cumbre de esta montaña. Justo encima de estas galerías. Puedes consultar otra foto spoiler adjunta. Aquí podrás disfrutar de unas vista inmejorables y de paso repasar algo de historia observando las trincheras, refugios y baterías antiaéreas de la guerra civil, que defendían la ciudad y los propios depósitos subterráneos de la Britanica.
Alicante y su puerto fueron un enclave estratégico tal, que cuando en España apenas superaban la decena, aquí hubo dos refinerías de petróleo (la otra fue la de "Industrias Fourcade y Provot" en Benalúa). Una de ellas, se ubicó, junto a un pequeño embarcadero donde se recibía el crudo (el llamado de Santa Ana, ubicado donde hoy está el conocido como Tiro de Pichón) en el inicio de la Serra Grossa. El complejo industrial se asentó sobre las naves de una antigua metalurgia llamada "La Británica" (heredando su nombre popular), y lo inició la compañía Deutsch y Cía en 1875, siendo, si no la primera, una de las pioneras del país en su actividad, pasando posteriormente a pertenecer a la marca "El león".
La refinería fue creciendo de modo continuo, ampliando las instalaciones conforme aumentaba la demanda. Entre 1900 y 1914, llegó a abastecer el 55% del mercado de petróleo español, cuyo destino era tanto el alumbrado urbano como el combustible para motores de vehículos civiles y militares.
Años después, en 1929, la industria pasó a manos del monopolio nacional: CAMPSA. La factoría tenía entonces 71.246 m2. Al tiempo que la industria se modernizaba, el ambiente se agitaba en el país, y el consumo de combustible crecía. La necesidad de nuevos depósitos y la escasa disponibilidad de suelo en la estrecha franja litoral de la montaña, se unieron a la premisa de proteger los depósitos de un posible bombardeo, pues estaban en una zona tan propicia para ser atacados por aire o por tierra, que las reservas de combustible podrían arder en una trágica explosión.
Se optó por ampliar la factoría existente, y en plena contienda de la Guerra Civil, en 1937 se presentó el proyecto de la Factoría subterránea para CAMPSA, que fue ejecutándose durante la década siguiente excavando el terreno rocoso-arcilloso-calizo, y que se finalizó a principios de los 50 con el proceso de revestimiento interior con la proyección de hormigón gunitado en las bóvedas.
El período de las guerras modernas (Guerra Civil, Primera y Segunda Guerra Mundial) exigía que se tratara al petróleo como producto de primera necesidad para poder asegurar la efectividad bélica. Por ello, esta nueva factoría debería "cubrir las necesidades del país durante al menos cuatro meses y las de la defensa nacional (Guerra, Marina y Aviación) durante un año".
Los depósitos se llenaban y vaciaban a través de grandes tubos que entraban desde la factoría y distribuían el combustible a los diferentes tanques.
En el exterior era donde se llevaban a cabo todas las labores de destilación y manipulación del petróleo, en naves repartidas en varias plantas repartidas sobre la ladera cortada de la montaña.
En el nivel inferior, estaban los talleres, la portería, las oficinas, las cocheras, salas de máquinas, laboratorios, salas de grupos electrógenos, talleres de envases, almacenes de maderas, cobertizos para autocamiones, comedores y vestuarios para obreros, una cuadra excavada con aljibe, almacenes, un cobertizo para el generador de vapor (para la recepción a granel de ácidos y alquitranes), balsas para el agua de refrigerantes, letrinas, un pozo, cisternas, casetas para las bombas Wortington y para el grupo motor bomba de incendios, dos edificios de viviendas para empleados, la vivienda del director, la del subdirector y los depósitos de mampostería desaparecidos en 2006 (utilizados décadas después como perrera).
Además, había jardines y un huerto, con 16 palmeras, una higuera y 144 pinos.
En el interior de estas instalaciones, los operarios trabajaban con el complejo proceso de transformación del petróleo en gas-oil y fuel-oil, así como otros derivados, utilizando gasómetros, campanas, calderas de destilación, rectificadores, filtros...
Las instalaciones se abandonaron en 1966 cuando CAMPSA decidió modernizarlas, y optó por trasladar sus depósitos al muelle de poniente del Puerto de Alicante, donde estuvieron ubicados hasta que se decidió trasladarlos de nuevo al exterior de la ciudad, y ubicar en esta privilegiada zona el centro comercial Panoramis. En 1979 se firmó el acta de desafección.
Cuando los almacenes subterráneos dejaron de funcionar, misteriosamente poco más se supo de éstos. La ciudad los olvidó, y poco a poco, los restos industriales se fueron retirando para ser vendidos como chatarra. Como bien nos apuntó Elías, posiblemente el hecho de cortar las chapas y las tuberías para sacarlas por los túneles, pudo ser el detonador de un incendio que dejó todas las paredes de las galerías tiznadas de negro y con un olor a humo que todavía hoy puede ser percibido.
Uno de los conductos más asombrosos es un túnel vertical que funciona como respiradero de toda la galería, de unos 2 metros de diámetro, y que llega hasta la superficie de la montaña, junto al centro comercial Plaza Mar 2, en un orificio enrejado por unos perfiles metálicos, desde el que se descuelga una vieja cuerda.
Pasado un tiempo, las entradas se tapiaron, lo que permitió que el interior se conservara sin variaciones en el tiempo, hasta que se rompieron los muros de bloque de hormigón y la gente comenzó a explorar las galerías
A pesar de esto, el desconocimiento popular de este lugar ha favorecido que no se haya destruido aún más.
Hoy, miles de personas pasan a diario frente a las instalaciones sin preguntarse qué serán aquellos agujeros que entran en la roca, o qué será aquella enorme construcción circular de piedra que se levanta en medio de la sierra.
Esta apasionante muestra de arqueología industrial podría restaurarse para hacerse accesible al público, y otorgarle algún uso cultural de interés que hiciera de la experiencia de estar dentro de la roca un nuevo atractivo para la ciudad.
El esfuerzo de aquellos que picaron la roca durante años, y que trazaron galerías inimaginables que atraviesan nuestra montaña, debería ser homenajeado y no olvidado entre suciedad y basura. Las obras del tram ya destruyeron injustificadamente los dos primeros depósitos de mampostería ubicados en el acceso de la factoría, y debemos impedir que suceda lo mismo con el depósito exterior circular y con las propias galerías.
Las galerías son un lugar sobrecogedor y realmente sorprendente para quien las descubre por primera vez, e incluso, para el que repite. Su escala y su presencia no pueden dejar a nadie que las visite sin causarle alguna sensación especial.