Quintanalara es una aldea fantasma; uno de esos pueblos minúsculos de la Castilla olvidada que no salen en todos los mapas. Gasta casitas de piedra, un ayuntamiento con tres ventanas y una iglesia -reconstruida con las manos- que es el orgullo del vecindario. Pilla a 36 kilómetros de Burgos y a mitad de camino hacia ninguna parte, pero está vivo porque tiene memoria. La parroquia hecha a guijarros recuerda a los héroes del pueblo: una placa para el párroco Antonio Ruiz -que era desde fontanero a médico-, otra para Bonifacio Zamora -profesor, poeta y buen contador de historias-. Quintanalara es una madriguera silenciosa del mundo, uno de los pocos páramos que aún mantiene la tradición de hacer carbón vegetal, una familia breve salpicada de ganaderos, agricultores y jubilados. 30 personas censadas y sólo nueve que hacen trinchera en invierno.
Pero lo que ahora rescata al pueblo es El Potro.
El caché está situado en este lugar pero para llegar a él debes preguntar por la biblioteca. Puede ser interesante que lleves un libro
El contenido inicial es de una chapa para el FTF, pulsera geocaching, dado grande, silbato-brújula, cuelgamóvil y pequeño muñeco.