Se trata de un pino que ha desarrollado una extraña malformación llamada "injerto de brujas" o "escoba de brujas".
La escoba de brujas es una estructura que a veces se puede observar en las ramas de los pinos carrascos (Pinus halepensis) en forma de bola o acumulaciones muy densas en forma esférica de hojas, muy apretadas y que se distinguen por presentar un color verde más oscuro que el resto del árbol, y con la característica de que en cada ejemplar de pino que veamos con una escoba de bruja, la forma, aspecto, color y dimensiones serán diferentes, no existiendo dos iguales en la naturaleza.
Mucho más raro de ver son las llamadas “pina” o “pínada”, tratándose de pinos compactos o esféricos donde todas las hojas están muy apretadas, tratándose de pinos que el proceso de formación de la “escoba de bruja” le afectó a la rama que contenía la piña que produjo la semilla de donde nació el pino, por que afectó al pino siendo un ejemplar muy joven o por que afectaron a las ramas situadas en la parte más alta del vegetal. Se producirían así dos posibles efectos, o el enanismo del pino, produciéndose lo que se denomina un bonsái natural, o el crecimiento del ejemplar en tamaño normal a su edad, pero con todas sus ramas en forma de escobas de brujas y un aspecto redondeado.
Hasta principios del siglo XXI se consideraba que las escobas de brujas eran producidas por un hongo microscópico del género taphrina. Según esta teoría, el hongo introducía sus hifas en las células del árbol provocando que se reprodujeran a mayor velocidad y menor tamaño, lo que provocaría las formaciones en bola. Investigaciones posteriores descubrieron que la causa no era un hongo sino unos organismos patógenos de microscópicos denominados fitoplasmas.
Los fitoplasmas son microorganismos antiguamente llamados micoplasmas, similares a bacterias pero desprovistos de pared celular. Son organismos muy pequeños (de 0.1 – 1 micra) y sus genomas son también muy pequeños (1/6 de el de E. coli), lo que les proporciona gran plasticidad. Según los autores que leamos sobre estos microorganismos, nos dirán que se trata de bacterias propiamente dichas o formas intermedias entre los virus y las bacterias, sin ser ni uno ni otro. Pero esta discusión no es lo importante. Lo importante es los fitoplasmas son parásitos obligados del floema (el floema es el tejido conductor encargado del transporte de nutrientes en las plantas) y se trasmiten a partir de insectos (para saber más sobre los fitoplasmas se puede leer este artículo o este).
Los fitoplasmas se asocian con enfermedades de plantas para varios cientos de especies. Viven dentro de las células y en los individuos infectados producen síntomas como el color amarillento o enrojecimiento de las hojas, crecimiento atrofiado, presencia de hojas anormalmente pequeñas, gran proliferación de brotes, flores estériles, necrosis en los vasos conductores de savia, etcétera.
Los fitoplasmas son microorganismos antiguamente llamados micoplasmas, similares a bacterias pero desprovistos de pared celular. Son organismos muy pequeños (de 0.1 – 1 micra) y sus genomas son también muy pequeños (1/6 de el de E. coli), lo que les proporciona gran plasticidad. Según los autores que leamos sobre estos microorganismos, nos dirán que se trata de bacterias propiamente dichas o formas intermedias entre los virus y las bacterias, sin ser ni uno ni otro. Pero esta discusión no es lo importante. Lo importante es los fitoplasmas son parásitos obligados del floema (el floema es el tejido conductor encargado del transporte de nutrientes en las plantas) y se trasmiten a partir de insectos (para saber más sobre los fitoplasmas se puede leer este artículo o este).
Los fitoplasmas se asocian con enfermedades de plantas para varios cientos de especies. Viven dentro de las células y en los individuos infectados producen síntomas como el color amarillento o enrojecimiento de las hojas, crecimiento atrofiado, presencia de hojas anormalmente pequeñas, gran proliferación de brotes, flores estériles, necrosis en los vasos conductores de savia, etcétera.
El daño a la planta es mínimo, si bien, debe derivar energías a ese crecimiento deforme, pero poco más. La longitud de la hifa del hongo marca el alcance de la afección, pudiendo eliminarse si se corta la rama por detrás de ellas, de esa manera el hongo desaparece del árbol y la escoba también. Duran un máximo de unos 10 años. La escoba acaba rompiéndose, cae al suelo y el pino se libra de este parásito.
Ismael.
Colabora Excmo Ayto de Sardón de Duero.