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CAMINO DE SANTIAGO EN MADRID – COLADA DE LOS GALLEGOS
8. BÚSQUEDA DE LA FORTUNA

Probablemente los goliardos presentaron dos rasgos comunes: la pobreza, no como un voto religioso, sino como una molesta y terca realidad, y la marginación. Acaso tendremos que ver en ellos un grupo maldito, una "actitud" maldita, una casta de intelectuales nefastos o terribles, que escarnecieron todo, que cuestionaron todo, y que gustaban de entregarse, en su miseria errabunda, a la sensualidad y a la embriaguez, al canto de taberna.
Se autonombraron goliardos porque afirmaban descender del gigante Golias, emparentado con el Goliat bíblico. Tratadistas modernos quisieron atribuir a algún poeta ese nombre: después, ver en él a un autor colectivo y anónimo. Sólo podemos asegurar que el carácter errante de los goliardos facilitó la difusión de esa poesía, cuyo mejor ejemplo es el Carmina Burana, y cuyos autores fueron clérigos de ninguna manera anónimos, como el espléndido Hugo de Orleans y Pedro de Blois.
Tras el espíritu goliardo se escondía el fermento no sólo de la alegría mundana del siglo XII, sino el del pensamiento averroísta de la Universidad de París y el de algunos movimientos heréticos. Esta carga intelectual: su alegría por el doble sentido del lenguaje; su devoción por la rima; la pobreza; la libertad y la alegría, fueron también, a su vez, el fermento de los elementos memorables que el ingenio popular mantendría vivo hasta el Renacimiento, en cierta zona del humanismo que continuara el espíritu goliardo. Se trataba de escarnecer todo lo establecido, cuestionar, mediante la sorna y la risa, todo lo sagrado, puro o decoroso de la sociedad y de las letras.
Afirman, primero, lo efímero de la naturaleza humana:
factus de materia
similis sum folio
levis elementi
de quo ludunt venti
hecho de una materia
semejante soy a una hoja
de voluble elemento.
con que el viento juega
No remite quizás a la vieja imagen homérica de que los hombres somos como las hojas, sino a la materia inconstante de la Fortuna, a la que en tantos sitios le llaman Fortuna levis, es decir, Fortuna voluble. En estos elementos inconstantes ve el autor sobre todo un carácter de libertad y de plenitud, como aquí:
. . .yo me comparo
al río que se desliza
y que jamás bajo un mismo
cielo permanece
O también aquí:
Feror ego veluti
sine nauta navis
ut per vias aeris
vaga fertur avis
Llevado soy, también, como
barco sin tripulante,
o como, errabunda, las rutas de los vientos
llevan al ave
Por ello esta cuarteta explica, concluyendo:
non me tenent vincula,
non me tenent clavis:
no me retienen cadenas,
no me retienen llaves
Para estos monjes errantes, pues, su vagabundeo era sin límites. Celebran una materia de elementos inconstantes porque ven a la Fortuna como lo más cercano a su propia inconstante vida. Pero, además, nos advierten que el mundo sólo se rinde a los pies de esa leve materia universal que es la Fortuna.
La poesía de los Goliardos. Carmina Burana.
Prólogo, selección, traducción y notas de Carlos Montemayor, ed. SEP col. Cien del Mundo, México, 1987.
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