El minion sacó el violín que llevaba y empezó a tocarlo durante 3 minutos. Al poco se le acercó un lobo y le dijo:
-Hola, chico, ¡qué bien tocas! Me gustaría aprender."
-Pues no te será difícil si haces todo lo que yo te diga- le dijo el chico, al que no le gustó mucho la idea de tener por compañero a un lobo.
El lobo aceptó obedecer al minion en todo lo que este le pidiera. Así, el chico le indicó que lo siguiera, y, tras andar 4 horas, llegaron junto a un viejo roble, hueco y hendido por la mitad.
-Si quieres aprender a tocar el violín, mete las patas delanteras en esta hendidura -le dijo el chico.
El lobo obedeció el lobo y el chico, cogiendo rápidamente una piedra, la uso para aprisionar las 4 patas del lobo y lo dejó allí atrapado.
-Ahora espérame hasta que vuelva -dijo el minion. Y prosiguió su camino.
Al cabo de un rato, cuando estaba ya lejos de allí, el minion cogió de nuevo el violín y se puso a tocar durante 2 minutos, esperando un compañero. Acudió esta vez una zorra, que le dijo:
-Hola, minion, ¡qué bien tocas! Me gustaría aprender.
-No te será difícil si haces cuanto yo te mande --contestó el minion, al que la compañía de la zorra tampoco le agradaba.
-Sí, minion, te obedeceré- dijo la zorra.
-Pues sígueme -ordenó el muchacho.
Tras 7 minutos legaron a un sendero, bordeado por altos arbustos. El minion mandó a la zorra agarrar con ambas manos unas ramas. Allí la ató y soltó las ramas, dejando a la zorra colgada en el aire.
-Espérame ahí hasta que regrese -le dijo. Y se puso a caminar hacia el Oeste.
Al cabo de un rato volvió a sacar el violín y se puso a tocar. Esta vez fue una liebre quien se acercó. Pero al minion tampoco le agradaba la idea de este abimal de 4 patas. Y cuando esta le dijo que le gustaría aprender a tocar el violín, el minion repitió, una vez más, que debía obedecer en todo lo que dijera. La liebre aceptó y juntos caminaron por el bosque. Allí, el minion ató a la liebre a un árbol y le mandó que diera 26 vueltas corriendo. Cuando acabó, la liebre se había quedado enroscada al árbol, sin poder soltarse.
-Ahora espérame hasta que vuelva -dijo el minion. Y volvió a marcharse.
Mientras tanto, el lobo había logrado escapar. Irritado y furioso, la broma le hizo 0 gracia. Siguió las huellas del minion, dispuesto a darle su merecido. La zorra, al verlo pasar, le pidió ayuda. Cuando el lobo escuchó la historia no dudó un segundo en ayudar a la zorra, y juntos partieron en busca del minion. Por el camino encontraron a la liebre, que se lamentaba de su mala suerte. Al descubrir su historia, el lobo y la zorra lo soltaron. La liebre decidió acompañarlos.
En esto el minion había vuelto a probar suerte con su violín durante otros 4 minutos. Esta vez fue un leñador el que, atraído por el violín, se acercó a ver al minion para disfrutar de su bonita melodía.
-Por fin doy con el compañero que me conviene -pensó el violinista-. Un hombre era lo que buscaba, y no alimañas salvajes.
Pero entonces vio acercarse al lobo, a la zorra y a la liebre, y, por sus caras de pocos amigos, comprendió que no tenían buenas intenciones. Entonces el leñador, colocándose delante del minion, dijo:
-Tenga cuidado quien quiera hacerle daño a este chico, pues tendrá que vérselas conmigo.
Ante esto, los animales, atemorizados, echaron a correr a través del bosque, mientras el minion, agradecido, obsequiaba al leñador con otra bella melodía.
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