Debido a la importancia de Cartagena tras su conversión en base naval para todo el Mediterráneo, el rey Carlos III ordenó en 1766 amurallar la ciudad para protegerla. Las murallas disponían de tres puertas, las de San José situadas en la plaza del mismo nombre (anteriormente de Bastarreche), las del Muelle en el puerto junto al edificio del Gobierno Militar, y las de Madrid en la Plaza de España y desembocando en el Barrio de San Antonio Abad, más conocido por San Antón. Este trecho formaba parte del camino Real que comunicaba Cartagena con Murcia y Madrid.
Las puertas de Madrid tenían dos accesos, uno de entrada y otro de salida, y disponían de su correspondiente cuerpo de guardia para labores de vigilancia. Se cerraban de sol a sol pese a que una Real Orden del Ministerio de Guerra de 1863 especificaba que en tiempos de paz se mantendrían siempre abiertas.
Fuera de ellas, existía desde tiempo inmemorial, un mercado de compra y venta de cereales, y, desde 1881 hasta 1926, otro de ganado que tenía lugar todos los miércoles. Inseparable de su historia es la del conocido como ´Pilón de los burros´, abrevadero y fuente para el ganado que a finales del siglo XIX se trasladó desde un edificio que había frente a las puertas hacia el exterior de las mismas, donde actualmente se encuentra.
Pero los tiempos cambiaron y las murallas y su derribo comenzaron a ser un objetivo a conseguir por parte del Consistorio cartagenero que veía en ellas un corsé antihigiénico del que debía liberarse. Y esa liberación empezó e17 de mayo de 1902, día en el que comenzó la demolición y el derribo de las murallas empezándose precisamente por las de Madrid. Pero de ese derribo se salvó, gracias a un miembro de la familia Dorda, el impresionante escudo de Carlos III realizado en mármol que coronaba las puertas y que hoy se conserva en el Museo Arqueológico Municipal de nuestra ciudad.
Caché de intercambio de premios.