La fuente de la Villa de Valdemoro fue construida en 1605 a raíz de la concesión del privilegio de feria concedido en 1603 por Felipe III a esa Villa. Está construida en piedra de Colmenar de Oreja, consta de tres caños y está coronada por el primer escudo conocido de la Villa. Su finalidad era servir como abrevadero a los animales traídos por los comerciantes, de ahí que en su origen contara, además del pilón con tres caños, con un espacio para este fin.
La fuente ha sido sometida a continuas restauraciones, lo que ha permitido que llegue a nuestros días en buen estado. La primera se realizó en 1778, siguiendo las tendencias constructivas, ornamentales e higiénicas que por entonces promovía el movimiento ilustrado; y la última en 2004, cuando se saneó y limpió la piedra. En 1997 fue objeto de un trabajo de limpieza y restauración de la piedra y de la canalización de sus aguas.
Goza de protección integral dentro del Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos del Plan General de Valdemoro. En 2002 fue incoada su inclusión en el Registro General de Bienes de Interés Cultural del Ministerio de Cultura de España como Monumento Histórico Artístico, y en octubre de 2007 el consistorio ha propuesto formalmente incluir la fuente de la Villa en dicho inventario.
El conjunto de la fuente y antiguo lavadero de la Villa (hoy rehabilitado como Aula de Danza Municipal) se encuentra localizado al sur del casco urbano en un punto más bajo de éste, tras un fuerte desnivel conectado con la plaza de las Monjas mediante el paseo del Párroco Don Lorenzo - antiguo camino a lllescas, Seseña y Toledo-, y con el entorno de la Iglesia parroquial a través de la Cuesta de la Villa. Proviene de un manantial situado al sudoeste del pueblo entre unos cerros y se conduce por cañerías hasta dicha fuente; el agua sobrante del uso doméstico, pecuario y lavadero se dirigía a la Irrigación de huertos del valle.
A pesar de encontrarse en un entorno suburbano de baja densidad, históricamente se encontraba en las afueras de la villa, en una zona yerma en contacto con la cañada pecuaria que el desarrollo de los últimos decenios del siglo XIX ha englobado en la ciudad.
Tradicionalmente la fuente tuvo en su parte posterior tres pilones de piedra, uno para el ganado y dos de lavadero descubierto, que fueron estos dos últimos techados a finales del siglo XIX. Posteriormente, dicho pilón intermedio para ganados se destruyó y en la actualidad aparecen dos piezas exentas, aunque en el mismo ámbito urbano.
La fuente de la Villa se compone de dos elementos básicos: el machón con los caños y el pilón; el segundo, de forma alargada como un abrevadero, lleva adosado en su lado longitudinal meridional un gran machón compuesto de tres pilastras: una central de mayor tamaño con un caño que soporta un magnífico escudo de la villa, y otras dos menores laterales también con sendos caños, todo ello en piedra de Colmenar. Se unen los tres elementos mediante dos grandes volutas barrocas que forman un elemento de gran magnificencia, favorecido por las características de su entorno original - como se puede comprobar en los documentos gráficos antiguos, situación perdida en la actualidad. El pilón central lleva una inscripción donde se señala la fecha de creación de la fuente, 1605
(momento de esplendor de la villa, cuyo Concejo celebraba una floreciente feria comercial y requería un ámbito urbano capaz para abrevar los ganados de los tratantes), el año de su reconstrucción, 1778, y el de su última restauración hasta ese momento - en 1940.
El tratamiento plástico de la parte trasera, tan interesante como la principal, indica la configuración original de la fuente, en donde el machón central constituía un elemento de separación de dos grandes pilones: el anterior con caños, para agua potable, y el trasero, para el ganado - como indica la inscripción-, de mayor tamaño, que se acompañaba de otros dos más grandes para el lavado de ropa, y de ahí su conexión con el lavadero posterior descubierto. La destrucción del abrevadero desvirtúa la composición general de la fuente, que se apoya excesivamente en su alzado septentrional. Se construyó a expensas de los bienes de propios de Valdemoro siendo corregidor el Dr. Vázquez y constituye uno de los elementos barrocos principales de la villa, junto a la Iglesia parroquial y el convento de Clarisas, ambas en su entorno; en la huerta de este establecimiento religioso el duque de Lerma construyó en 1616
una fuente con el agua encañada de dicha fuente.
En Valdemoro existían tradicionalmente tres fuentes: la de la Piña o el Carmen, más antigua, la de la Villa o Nueva y la del Pozobueno o Pozo Bueno, ya del siglo XIX. La relativa lejanía de la fuente de la Villa y el desnivel existente con el caserío hacían más concurrida la fuente de la Piña, de menor tamaño y caudal. Los pilones del lavadero, a una cota inferior que la fuente de la Villa, se cubrieron entre 1896 y 1898 permitiendo el paso del agua desde el abrevadero de ganados. Es un interesante edificio de ladrillo visto con cajas de mampostería al modo del aparejo toledano reforzado con esquinales de machones de ladrillo y recercado de huecos del mismo material dispuesto a sardinel en los arcos. Tiene grandes ventanales, dada su función original, y cuatro puertas de madera con arcos de medio punto acristalados; una banda perimetral horizontal recorre todo el edificio con las cerchas metálicas vistas y celosías de madera que permitían la ventilación del Interior. La cubierta es a dos aguas con estructura de madera y teja plana, con canecillos vistos al exterior y elemento decorativo de madera con festones como remate de coronación. Por el tratamiento de sus fachadas y elementos ornamentales de estilo ecléctico de finales del siglo XIX se encuentra conectado estilísticamente
con El Juncarejo, el convento de San Nicolás y la estación de ferrocarril. Las continuas quejas del vecindario por el estado del único lavadero de Valdemoro a finales de! siglo XIX, formalizado con un simple cerramiento de una pequeña pared sin puertas y con un estado perentorio de los propios pilones, apremió al Ayuntamiento a proceder a su cubrición. En 1897, con escaso dinero en las arcas municipales, comenzaron a levantarse las paredes y llevarse a efecto la techumbre con tabla machihembrada y teja plana; un año después se ponía piso de piedra y se cerraban dos huecos de puertas que miran a poniente y las ventanas, entre otras obras, para finalizar los lavaderos. El antiguo lavadero fue utilizado como parque de bomberos y almacén del Ayuntamiento y hoy se usa como Aula de Danza. Se rehabilitó como Gimnasio Municipal a partir de un proyecto del año 1989 redactado por Cristina de Roda Carvajal para la Dirección General de Arquitectura de la Consejería de Política Territorial. Ese mismo año se realizó el Proyecto de Remodelación de Espacio Público de la Fuente de la Villa de Valdemoro por el Servicio de Ordenación de Espacios Públicos de la misma dirección y consejería. Según su función se requería un espacio de vestuarios y aseos que no podía incluirse en su volumen edificado dada su protección, por lo que se decide hacer un sótano semienterrado aprovechando el desnivel del terreno. Este nivel se comunica con el original mediante el elemento más característico de la reforma: el volumen de la escalera adosado en la fachada sur del edificio original, diseñado con cuidado y discreción. Se recuperan las cuatro puertas primitivas, se demuelen los cobertizos de la zona oriental y se cierran los huecos de ventilación superior con carpinterías fijas. El entorno se remodeló a continuación bajo proyecto del mismo técnico, que eliminó la calle que dividía la isleta e incorporó ésta al diseño, compuesto de un pequeño espacio ajardinado, una plaza de acceso al edificio y otro ámbito diferenciado para la fuente.
Tras mas de una decada fuera de servicio el agua vuelve a correr desde el 7 de septiembre de 2016 por los tres caños, la fuente estaba seca al agotarse el manantial que la abastecía. Ahora sus tres caños recuperan el flujo gracias a una bomba de recirculación que eleva el agua desde un aljibe situado en el subsuelo, devolviéndole así su carácter ornamental, aunque no su uso para el consumo humano.
Piedra de Colmenar (Colmear de Oreja)
A pocos kilometros de Valdemoro, aproximadamente 40 kilometros se encuentra la localidad de Colmenar de Oreja, famosa por sus explotaciones de piedra caliza, donde abundan las capas calizas de mediana calidad y bastantes sensibles a las bajas temperaturas. Pero por un capricho de la naturaleza, en un reducido perímetro de unas 30 Hectareas. En el páramo de Navarredonda quedó formado un singular filón de caliza más blanca y de calidad y belleza extraordinaria. La explotación de este fabuloso yacimiento, no se hizo como en la actualidad, de forma mecanizada y a cielo abierto, si no adentrándose en las entrañas de la tierra de donde arrancaba y sacaba a la superficie con inauditos esfuerzos, llenos de peligro, bloque tras bloque, que luego transformaban en columnas, pilares, estatuas, fuentes y edificios. La piedra caliza de Colmenar, se trata de una caliza casi pura, poco fisurada, muy compacta, con una porosidad total, inferior al cuatro con cuarenta y cinco por ciento, lo que permite calificarla como de "buena calidad" es altamente resistente a la intemperie y a la polución, poco heladiza e impermeable, se modela bien y conserva intactas sus cualidades, como se ha comprobado en piedras que han estado siglos a la intemperie.
Esta caliza blanca de origen lacustre, edad miocena, y conocida con el nombre escueto de “Piedra de Colmenar” se formó en un mosaico de lagos y lagunas de agua dulce, parecido a las actuales Tablas de Daimiel. Estas rocas se originaron por acumulación de restos calcáreos de algas caráceas, moluscos gasterópodos y ostrácodos, así como por carbonato cálcico procedente de la actividad de cianobacterias. Todos estos organismos son frecuentes en los lagos desde hace millones de años.
La piedra de Colmenar también fue usada en las iglesias de Colmenar y Chinchón, y en variedad de construcciones de Aranjuez y Madrid como la Palacio Real de Aranjuez, la Puertas de Alcalá y Toledo, la Catedral de la Almudena, la Casa de Velázquez, el Museo del Prado, el Observatorio Astronómico, Teatro Real, Banco de España, Palacio de Correos y Comunicaciones, o la Catedral y el Alcázar de Toledo, siendo elemento preferido por los escultores, muestra de ello son: Alonso de Covarrubias, Francisco Sabatini, Pedro Ribera, Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera o Victor D'Ors.
Hoy tenemos la desgracia de que estas canteras están casi muertas, a pesar de la superior calidad de su piedra, por faltarle un ramal del ferrocarril, y la explotación de las pocas canteras que se siguen funcionando están mecanizadas y se hace a cielo abierto según muestra la fotografía. Ya no hay peligro de derrumbamiento, ni de accidentes. Media docena de hombres realiza el trabajo que hacían antaño mil. La piedra cada vez esta más profunda y los costes de extracción aumentan.