Vamos a hacer una excursión que nos adentra en una de las leyendas más interesantes que se puedan escuchar en tierras vallisoletanas.
Subiremos hasta la cueva del hermano Diego y luego visitaremos el monasterio de San Bernardo, cuyo verdadero nombre es Santa María del Valbuena. Me estoy refiriendo al municipio de San Bernardo (un caserío de colonización), junto a Valbuena de Duero.
No es corta la leyenda, que resumiré señalando que en la cueva habitó un curioso personaje (Juan de Vivar) que, sin embargo, era conocido como hermano Diego. Recaló en esta cueva tras un duelo en el que hirió de muerte a un caballero. Aquel episodio tuvo lugar al pie del crucero que hay, junto al río, a las afueras de Quintanilla de Arriba (al otro lado del Duero).Crucero que ahora se conoce, precisamente, como del hermano Diego (por cierto, muy interesante).
Tras aquel suceso, acaecido en el siglo XVI, Juan de Vivar pidió amparo a los monjes de San Bernardo, que le ofrecieron la cueva en la que tendría inmunidad por estar dentro de su jurisdicción.
Aquel hombre se convirtió en ermitaño, y gracias a sus estudios de medicina fue consuelo de males y de enfermedades tanto de las ovejas como de los pastores de la comarca. Su cultura y sabiduría le llevó también a ser mediador en los litigios que se sustanciaban entre los habitantes del entorno.
Solo los monjes conocían la verdadera identidad y las causas del retiro del hermano Diego, al que algunas gentes atribuían comportamientos de santidad, mientras que para otras, se trataba de un personaje de oscuros antecedentes. Es el caso que todo el mundo consideraba que allí estaba cumpliendo alguna penitencia o llorando amargos desengaños.
Sobre esta leyenda hay un interesantísimo artículo de José Luis Velasco (que fue párroco de San Bernardo) publicado en la Revista de Folklore (Fundación Joaquín Díaz) perfectamente accesible a través de internet.
Y subamos a la cueva. Es recomendable llevar algún bastón pues acabaremos atacando una empinada cuesta de piedra muy suelta y resbaladizo yeso.
Podemos empezar desde el mismo monasterio (unas dos horas ida y vuelta) o acercarnos más a la cueva partiendo desde el otro lado de la carretera.
No hay un camino cierto y marcado, por lo que deberemos ir sorteando los linderos de las tierras, siempre en dirección a la cueva que se vislumbra claramente bajo una pequeña antena que resalta en lo alto del páramo: un poco a la derecha situándonos en el monasterio. Si hay alguna duda, basta con preguntar a cualquier vecino del poblado de San Bernardo, que enseguida señalará con facilidad la ubicación de la cueva.
Esta es de grandes proporciones, y lugar de algunas celebraciones festivas entre la juventud de los pueblos cercanos. La vista, desde arriba, impresionante, y más en primavera en que verdea todo el valle.