Esta nevera es una de las muchas que en otros tiempos abundaron en nuestros montes, que servían para conservar en su interior la nieve caída durante el invierno. De esta manera, las poblaciones circundantes podían abastecerse de hielo durante un período de tiempo más largo.
Muchas de estas neveras eran propiedad de los distintos Ayuntamientos y su explotación salía a subasta una vez al año, contratando el arrendatario a los peones que debían llenar los pozos de nieve, cuidarla y cortar el hielo para los y las compradores y compradoras.
En la actualidad el profundo foso de esta nevera ha sido sellado, y su cúpula superior, construida en sillería, acondicionada a modo de refugio, albergando en su interior una chimenea central rodeada por varios bancos, todo ello protegido por una puerta giratoria que impide el paso del ganado al interior.