ERMITA DE SAN ROQUE
Está situada en una dominante colina, encima de la calle Bajera, a su izquierda, a la entrada del Barrio Grande viniendo de Burgos. Modestísimo rincón santo en honor del conocido taumaturgo de ese nombre, abogado de pestes y gripes, que con harta frecuencia entristecían y diezmaban a nuestros antiguos pueblos. Su construcción es muy modesta, de simple mampostería.La sencillez de esta ermita es patente tanto en su exterior como en su interior. Un pequeño altar con la imagen del santo, el del perrito, guía y bondadoso, que lamía las úlceras de su amo. Su fiesta es el día dieciséis de agosto, celebrada piadosamente con el concurso de todo el pueblo, a veces con novena y procesión a su alrededor. Hubo un tiempo en el que la veneración a este santo, en su día o en otro más favorable, se celebraba una verbena popular con merienda, cantares y baile.La devoción, de las más populares en toda Europa, arraigó también profundamente en España. Fué terciario franciscano y vivió haciendo el bien de forma extraordinaria entre los siglos XIII y XIV. Hermosísima y fuerte era la olma que crecía cerca de su puerta. Murió de vieja, sacudida siempre por fuertes vendavales que por cientos de años aumentaron su vigor.