Era una fría mañana de enero cuando Vega apareció corriendo. Venía desde el Este. Jadeaba y su expresión era de angustia. Por una vez no buscaba comida, sino ayuda.
“Medor, estoy en un apuro”. Medor, un pointer de apenas 6 meses estaba enamorado de Vega, una Jack Parson. “Me he alejado un poco y cuando he vuelto, mi dueña ya no estaba. Llevo una hora buscándola por todo el parque. La última vez la vi aquí, junto a la pasarela, me estaba enseñando a pasar los obstáculos del campo de entrenamiento.”
“Yo ahora tengo que volver a casa con mi dueño, pero en una media hora se irá a trabajar. No sabe que conozco la manera de salir de casa. Vendré a ayudarte. Busca alguna pista por aquí y no la abandones. Nos encontraremos en el lago.”
Vega buscó en la pasarela y observó un insólito objeto negro. Lo olfateó y siguió el rastro que le marcaba. Poco a poco encontró otros objetos similares. Parecía que María Luisa, su dueña, le había dejado alguna pista. En un momento de la búsqueda, también halló un objeto cuadrado. Le extrañó, lo miró con detenimiento por si pudiera ayudarla más adelante, lo dejó en el lugar donde lo había hallado y continuó el rastro.