Tras encontrarse con Vega, Azor decidió ir hacia el Sur. Sabía que por allí había unos peligrosos pozos y quería estar seguro de que la dueña de su amiga no había caído allí por accidente o por cualquier otra causa. Justo, su dueño, solía pasear por allí y siempre le decía que tuviese cuidado. Si alguno de los pozos estuviese abierto, podría tener un fatal desenlace.
Observó bien los pozos, incluso llegó a abrirlos con sus patitas para asegurarse de que no había nadie. Y, de repente, encontró ese pequeño objeto.
Entonces, recordó a su dueño. Y se dio cuenta de que no lo había visto en toda la mañana. ¡Qué raro! Él, Azor, siempre llevaba una bolsita al cuello con las medicinas que Justo necesitaba. Empezó a preocuparse por su dueño y corrió hacia un puente donde solía jugar con él. Tenía que encontrarlo.